Alonso-Rabi-Do-Carmo

Lima en sus calles

"El libro se inicia con una acertada síntesis histórica de la ciudad, poniendo de relieve que el topónimo Limaq es legado prehispánico y que la fundación de la ciudad tuvo el buen tino de respetar el vocablo."

Lima despierta pasiones críticas, como le ocurrió a Sebastián Salazar Bondy con su célebre ensayo Lima la horrible, en el que fustiga, con prosa impecable, todos los mitos de la arcadia colonial limeña, incluido su centralismo, aupado por una élite ombliguista. No es, sin embargo, la única manera de mirar Lima. La capital es también un archivo viviente en el que respiran tradiciones, leyendas y cientos de historias que dan a la ciudad, mas propiamente a su Centro Histórico, un perfil entre lo mágico y lo legendario.

Desde Manuel Atanasio Fuentes (a) “El Murciélago” acometiera en 1860 el primer libro integral dedicado a Lima ha pasado mucha agua bajo los puentes. A lo largo del siglo XX se han sumado muchos textos que tienen al paisaje limeño como protagonista central. Sin ánimo de agotar el recuento, se pueden recordar aquí los artículos de Aurelio Collantes o de Jorge Donayre, que exploraron aspectos diversos de la vida de Lima; o libros como Una Lima que se va, del poeta José Gálvez o Quince plazuelas, una alameda y un callejón, de Pedro Benvenutto Murrieta.

Lima viene a cuento porque el destacado abogado y catedrático Juan Guillermo Lohmann Luca de Tena ofrece a los lectores un libro que no es de tema nuevo, pero sí renovado: Lima. Las calles de la Ciudad de los Reyes. El libro se inicia con una acertada síntesis histórica de la ciudad, poniendo de relieve que el topónimo Limaq es legado prehispánico y que la fundación de la ciudad tuvo el buen tino de respetar el vocablo. 

Las calles de Lima no siempre llevaron los nombres que conocemos hoy. La nomenclatura se remonta a la década del 60 del siglo XIX, cuando Manuel Atanasio Fuentes y Mariano Bolognesi reorganizan el bautizo de estas. “Tomando como eje el jirón de la Unión y precisamente con ese nombre adoptado adrede, cual lugar de encuentro, núcleo geográfico y fusión del Perú, las calles transversales que nacen de él recibieron nombres de algunos departamentos y las paralelas fueron bautizadas con los de algunas provincias” (p.37). 

Lo fascinante es que cada cuadra de cada una de esas calles recibió un bautizo “arbitrario”, pero de genuina raigambre popular, siguiendo la idea de Gálvez que reseña Lohmann. La introducción al volumen es un ejercicio de erudición de gran utilidad: se citan documentos y viajeros, se aportan datos de interés histórico e incluso lingüístico (el término “jirón” es peruanismo indiscutible por ejemplo) y se resumen los aportes de otros muchos libros sobre la historia y la configuración de la capital. Lo relavante es haber logrado esta valiosa síntesis en unas cuántas páginas (27-52).

En la página 55 se inicia la máquina de historias. Una tras otra, las calles del Centro Histórica revelan íntimos secretos de su existencia. Esas placas que recuerdan el nombre singular de cada calle no aportan más que una estela de extrañeza, acaso de curiosidad. Otra cosa es tomar la ruta de Lohmann y pesquisar el relato que da orden y sentido, que explica con suficiencia el porqué de cada nombre, que mantiene viva, finalmente, la mitología de una ciudad. Esto, hay que decirlo, no se cumple en todos los casos.

Pero hay una mitología que, más de una vez, se asocia a la literatura. Veamos por ejemplo el caso de la calle Trapitos, tercera cuadra de la avenida Abancay, denominación cuyo origen se desconoce, pero da lugar a deliciosas anécdotas. Refiere Lohmann que Palma, en su tradición “Un pronóstico cumplido”, que en esta calle fue asesinado el cuarto virrey, Diego López de Zúñiga, luego de una nocturna visita licenciosa a su prima Catalina López de Zúñiga. 

O la primera cuadra del jirón Callao, calle Mantas. Lohmann documenta el cambio de denominación: originalmente se llamaba calle Valenzuela, “por su vecino Alonso Pérez de Valenzuela, mayordomo del hospital de San Andrés” (p.175). El nombre sería desplazado pro Mantas, debido a que un documento de Salinas y Córdova que data de 1630 informa que en esa calle había “más de treinta tiendas donde se tragina (…) paños, vayetas, y mantas de la tierra de que se viste la gente pobre y los indios” (p.175).

El volumen viene compañado de magníficas ilustraciones y un buen número de fotografías de Vladimir Velásquez, un archivo considerable y no conocido como debiera serlo. Un libro en suma, para amantes de Lima y curiosos dispuestos a conocer las historias que laten en cada calle de la ciudad. 


Lima. Las calles de la Ciudad de los Reyes. Juan Guillermo Lohmann Luca de Tena. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2022.

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