Juan Carlos Tafur

Castillo no tiene remedio

“La mediocridad es el hábitat natural de Castillo, su garbanzal, su modus vivendi, al que se halla condenado, además, porque necesita de los votos de Cerrón en el Congreso y por eso se ha convertido en su marioneta palaciega”

Luego de la convulsión social que jaqueó al gobierno y que lo llevó a precipitarse, asustado, a decretar un inconstitucional toque de queda, se esperaba que el gobierno recapacitase y enmendase de alguna manera el rumbo en el tema más grave de su gestión: la designación de gente poco idónea para cargos públicos.

Vemos, sin embargo, que no hay tal propósito de enmienda, que Castillo sigue, impertérrito, en la tarea de copamiento partidario del Estado, y en la pauperización del aparato público. Designa como Director General de Minería a quien fuera presidente de la Asociación de Comerciantes del Mercado Modelo de Huancayo, en clara cuota cerronista, y no le tiembla la mano. Con el mismo talante, designa como viceministro de Orden Interno -nada menos- que al recientemente defenestrado Martín “Conejo” Gonzáles Sánchez, ex Digimin, sin tener en cuenta los serios cuestionamientos que pesan en su contra.

La posibilidad mayor, que algunos han puesto sobre la mesa de discusión, de que este gobierno pueda salvar su permanencia por los cinco años completos de su mandato constitucional, nombrando un gabinete serio, profesional, con credenciales técnicas y solvencia moral, y, sobre todo, autonomía política, es una quimera. Escapa de las posibilidades mentales de Castillo. La mediocridad es su hábitat natural, su garbanzal, su modus vivendi, al que se halla condenado, además, porque necesita de los votos de Cerrón en el Congreso y por eso se ha convertido en su marioneta palaciega.

Un 63% de ciudadanos -dos de cada tres peruanos- considera que Castillo debe renunciar, según la última encuesta de Ipsos, publicada anoche en Cuarto Poder, diez puntos más que el mes pasado. Y solo aprueba su gestión el 19% de peruanos (el mes pasado era el 26%).

La salida de Castillo de Palacio es cuestión de tiempo. El malestar popular va a presionar al Congreso a tomar cartas en el asunto (ya el Comité Ejecutivo Nacional de Acción Popular, por ejemplo, cuya bancada es propicia a los devaneos de Castillo, ha solicitado la renuncia presidencial).

 

Solo hay dos salidas: o se vaca a Castillo y se espera que Dina Boluarte entienda la necesidad de conformar un gabinete de salvación nacional que enrumbe el Estado y transite el periodo de gobierno hasta el 2026 con mejor timonel, o se saca a todo el gobierno y el Congreso adelanta las elecciones generales.

Y ojalá ello ocurra previa reforma política, a la que el Legislativo debería abocarse con sentido de urgencia. Ya hay algunos proyectos al respecto (la congresista Tudela ha preparado una propuesta a considerar, los morados tienen lo propio, están los insumos de la comisión Tuesta a la mano, etc.). Si no, el “que se vayan todos” podría devenir en “que regresen los mismos o peores”.

Tags:

Crísis, Encuestas, Pedro Castillo

Mas artículos del autor:

"El portero quiere zafar su responsabilidad"
"Castillo-Cerrón: una bronca para celebrar"
"Encuesta IEP: datos significativos"