Juan Carlos Tafur - Pie Derecho

El descrédito de Ollanta

Llama la atención que el candidato con mayor antivoto sea Ollanta Humala. Según la última encuesta de Ipsos, un 73% “definitivamente no votaría por él”, superior al 71% de Keiko Fujimori, supuestamente la bestia negra de la política peruana.

A diferencia del 2006 o el 2011, en esta ocasión Humala no podrá argüir que ello se debe a su postura antisistema y divergente del statu quo ideológico. En su primera elección fue hábilmente colocado por Alan García como el monstruo chavista y no pudo librarse de esa etiqueta perdiendo la elección. En su segunda participación, ya contra Keiko Fujimori, competía con otra candidata con enorme antivoto, pero no obstante ello tuvo que quitarse el polo rojo y colocarse el polo blanco, cambiar la “gran transformación” por la “hoja de ruta” para poder hacerse del triunfo en la segunda vuelta.

Esta vez la cosa es muy distinta. Ollanta Humala ya no es el candidato radical, cuyas ideas despiertan temores en los sectores altos de la sociedad peruana. El etnocacerismo dejó de ser hace tiempo su leit motiv y hoy no pasa de ser un candidato centrista más, del montón. La propia Verónika Mendoza, ella sí claramente de izquierda, tiene menos rechazo (48% de antivoto, de gente que jamás votaría por ella).

Lo que se aprecia en las encuestas es el duro castigo que las urnas le están dando a quien tiró por la borda la enorme esperanza popular que lo llevó a la Presidencia. Enhorabuena que haya migrado al centro y haya dejado el chavismo que lo inoculaba antaño, pero moderarse no quiere decir que uno ejerza un gobierno mediocre, sin ningún ánimo reformista.

Salvo la reforma educativa emprendida por su ministro Jaime Saavedra y la creación de la Sunedu, lo suyo no pasó de lentificar la inversión privada y emprender algunos programas sociales, dejando al Perú peor de lo que estaba cuando lo recibió, cinco años previos.

Y a ello se suma el justo castigo a quien hizo del nacionalismo una farsa, al hipotecarse financieramente al chavismo primero (en la campaña del 2006), y a las empresas brasileñas después (en la campaña del 2011), dándoles luego enormes beneficios que hoy se investiga si tienen connotación delictiva (el equipo de fiscales Lava Jato está convencido de ello).

En un país desmemoriado, nadie está descartado. Ollanta Humala tiene 4% de intención de voto. Está en el pelotón de los presidenciables. Pero de antemano parte con un merecido descrédito que difícilmente podrá revertir.

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