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Necio hasta la muerte

No conozco hombre más necio que Francisco Sagasti. Pero el problema no es que lo sea. El problema es que, siéndolo, ejerce la Presidencia de la República. Su necedad está costando vidas a montones día a día. Que el presidente insista en el error y que se aferre a él es peligroso, y sospechoso.

 

Cuando destituyó —yendo en contra de la ley— a 18 generales de la Policía para abrirle camino a su amigo y ponerlo en el puesto de comandante general, demostró su rostro necio. Muchos constitucionalistas advirtieron la ilegalidad, pero el hombre necio se tapó los oídos, cerró los ojos e insistió en su falta. Su amigo sí o sí tenía que ser el jefe de la Policía. Comenzó, entonces, una etapa oscura en la Policía que hasta hoy no ha terminado. Tuvimos tres ministros del Interior en menos de una semana por esa necedad, agentes agraviados con insultos en redes sociales por artistas que hoy son premiados con 20 millones de soles como «bono de rescate y urgencia» y con piedras lanzadas por turbas violentas en las carreteras sin que el gobierno defienda. Por esa necedad, a la Policía se le arranchó la autoridad que la ley le reconoce. Hoy tenemos agentes desmoralizados.

 

Cuando conservó en el puesto de ministra de Salud a Pilar Mazzetti, pese a que su desempeño era cada vez más incompetente, también se reveló el rostro del hombre necio que solo piensa en dar la contra a los consejos de los que saben. Y es que es así; lo que no soporta un necio es que otro le haga ver la realidad o que existan hombres más preparados que él. Y como este necio alcanzó ser presidente, pues lo que él diga se hace o se deja de hacer y punto.

 

Así conservó el poder de Mazzetti, a punte de necedades, pero con un trasfondo que hoy estamos descubriendo: no solo vacunaciones a escondidas; sino un contrato turbio con la china Sinopharm. ¿Será, acaso, esto último, la razón por la que le horroriza tanto al presidente Sagasti que las empresas privadas puedan comprar vacunas?, ¿qué tiene de malo que el sector privado contribuya en la inmunización anhelada? Ojo, que las empresas privadas accedan a la vacuna, no de China; sino de otros países, puede desnudar completamente los contratos secretos que se firman con las farmacéuticas.

 

¿Qué se oculta realmente detrás de la frase sagastiana «Lo que no queremos es que el que tiene plata se vacune y el que no la tiene no se vacune»? ¿Equidad? No lo creo. No convence el discurso de equidad. Ya le han recordado al presidente su papel durante el secuestro de la casa del embajador del Japón en los años 90. Fue uno de los rehenes favorecidos del MRTA. Quedó en libertad primero que todos, así como cuando se vacunó primero que todos, algo así. ¿Ya vemos que la equidad no es una práctica del congresista Sagasti?

 

Probablemente esa necedad, entonces, se traduzca en intereses ocultos que poco a poco van a ser revelados, no durante este gobierno morado, por supuesto, sino durante el siguiente —si no se consuma un fraude— por supuesto.

 

Uno puede morir en su ley, como se dice criollamente, ser necio, incluso hasta la muerte si quiere. Pero lo que no se puede permitir es que esa necedad sea hasta la muerte del otro.

 

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