Por un 2023 donde empecemos a escucharnos

Muchas veces tendemos a ver las demandas de las regiones desde una mirada lejana. Las tildamos de radicales, incluso “terroristas”, o hasta de forma paternalista (“no están bien informados” / “no saben lo quieren”). Esto nos lleva a cancelar las opiniones de quienes piensan y ven el mundo distinto a nosotros, imposibilitando que podamos escucharnos, y mucho menos entendernos.

Las protestas previas a fiestas en todo el país tuvieron de todo: desde grupos extremistas, financiamiento de actividades ilegales, y grupos oportunistas que nunca faltan, hasta organizaciones sociales, movimientos ciudadanos, universitarios, entre otros, que lograron manifestarse de forma pacífica. Un buen ejemplo fue e de Cajamarca, donde miles se movilizaron en las principales plazas, sin generar mayores disturbios, y donde no ha habido ni un muerto.

Cada día se hace más evidente que existe en muchas regiones del país un descontento con el estatus quo, el centralismo, la clase política, y sobre todo una inmensa sensación de que las voces fuera de Lima no son escuchadas. Las encuestas nos demuestran que las personas de Lima, el norte, el sur y el oriente, simplemente nos vemos las cosas de la misma manera.

No le damos el mismo peso a las relaciones comunitarias, no tenemos la misma idea de cuánto nos gustaría que participe en Estado en la economía y en nuestras vidas, no vemos los temas que afectan al ambiente de la misma manera, y solemos votar muy distinto entre nosotros. En política buscamos soluciones distintas: mientras en el sur las organizaciones sociales apuestan por una Asamblea Constituyente como solución contra en continuismo, en Lima solemos elegir candidatos que nos aseguran que la economía estará bien y que “se dejará trabajar”.

Muchas veces tendemos a ver las demandas de las regiones desde una mirada lejana. Las tildamos de radicales, incluso “terroristas”, o hasta de forma paternalista (“no están bien informados” / “no saben lo quieren”). Esto nos lleva a invalidar las opiniones de quienes piensan y ven el mundo distinto a nosotros, imposibilitando que podamos escucharnos, y mucho menos entendernos.

Necesitamos dejar de cancelarnos- por más que vengamos de lugares y formas de pensar totalmente distintas- y acercarnos más. Vendrán elecciones en el 2024, y habrá dos caminos: terminar de dividirnos como país, o hacer un esfuerzo por encontrar propuestas de consenso que ataquen algunas de las cosas que todos los peruanos queremos, como la corrupción y la construcción mejores servicios básicos que lleguen a todos, además de atender las demandas pendientes de muchas regiones históricamente sumidas en la pobreza, y dispuestas a apostar por lo antisistema.

Se va a necesitar bastante desprendimiento de parte de los partidos y lideres políticos, pues la única forma de generar propuestas de alcance nacional que logren ser de interés en más de una región será generar alianzas y consensos entre partidos y personas de diferentes regiones, que logren representar la mayor cantidad de demandas posibles. Si algo de aprendizaje nos deja el corto y nefasto gobierno de Castillo, es que la representación importa.

En las últimas protestas, han nacido hasta voces separatistas, planteando la creación de una “República peruana del sur”, que aglomere a regiones de centro y sur, que como mencionamos en este artículo, ven el mundo distinto a Lima y quieren algo distinto, y consideran que la posibilidad se llegar a un consenso ya no existe. Esto es exactamente el extremo al cual nunca debemos llegar: aún tenemos la posibilidad de unirnos y buscar lugares comunes como país, aunque hoy nos sintamos más divididos que nunca. El primer paso es escucharnos.

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