Alonso-Rabi-Do-Carmo

Elogio del ensayo

“La crítica actual se ha vuelto tan especializada y hermética --y con frecuencia tan pretenciosa y pedante-- que su inteligencia requiere una laboriosa iniciación. Mi intención ha sido decir con claridad cosas sencillas que puedan ser entendidas por todo el mundo”

En “El ensayo como forma”, el pensador alemán Theodor Adorno enumera exhaustivamente los atributos del ensayo. Menciona, por citar cinco rasgos: a) la libertad del ensayista para desplegar sus ideas sobre el papel, b) la ausencia de límites temáticos (nada hay que no pueda ser sometido al dominio de este género), c) su vinculación con el placer del pensamiento y la actitud lúdica, d) el hecho de constituir un espacio crítico a todo cientificismo, incluyendo la idea misma de sistema.

Leer La caza sutil de Julio Ramón Ribeyro en la reciente y diríamos ya definitiva edición de Alfaguara, nos devuelve sin duda a las reflexiones de Adorno sobre el ensayo, en la medida en que la cacería que emprende Ribeyro parece guardar fidelidad a dichos postulados. No se trata de un conjunto de textos escritos por un académico, sino mas bien un muestrario de las honduras que puede alcanzar un lector sensible e inteligente como Ribeyro.

Alejado de marcos teóricos oscuros o abstrusos, de ideas que empantanan el entendimiento y el goce de los textos, Ribeyro despliega sus dotes de cazador entre líneas, traza minuciosas y a veces ejemplares observaciones sobre sus lecturas y no esconde nunca la intención de deleitar doblemente: deleitarse primero él mismo, deleitar luego a quienes nos acercamos a las páginas de su precioso coto de caza: la literatura.

Ribeyro hace gala de una modestia que ya parece mito, al referirse a La caza sutil no “como un safari por los dominios de la crítica literaria, sino un desaprensivo paseo entre libros y autores, recogiendo aquí y allá una que otra pequeña presa”, para luego declarar la legibilidad como principio: “La crítica actual se ha vuelto tan especializada y hermética –y con frecuencia tan pretenciosa y pedante– que su inteligencia requiere una laboriosa iniciación. Mi intención ha sido decir con claridad cosas sencillas que puedan ser entendidas por todo el mundo” (p.11).

Empieza el recorrido y uno va recibiendo en cada página lecciones de prosa nítida y hermosa en su sencillez. Los dos artículos que dedica a Arguedas, por ejemplo, sorprenden por su capacidad de comprender la relación de Arguedas con el paisaje y los elementos de la naturaleza no como un gesto “arcaico”, sino como un rasgo cultural fundamental, como algo profundamente vital en la cosmovisión andina.

Más adelante, un brillante análisis de El otoño del patriarca, la bella novela de Gabriel García Márquez: “Lo que más me seduce de esta novela es la determinación del autor de llevar su proyecto estético hasta los últimos límites. Más que novela es una especie de cantata literaria, de composición musical en la cual el instrumento es el verbo. Rara vez la prosa artística en español ha alcanzado tal grado de sonoridad y plasticidad” (p.82).

Buen conocedor de la literatura francesa, Ribeyro dedica varios textos a Flaubert, a Maupassant y a Proust, entre otros autores por los que sintió siempre una inocultable predilección. De “Maupassant y el cuento” cito este fragmento, que podría parecer parte de la propia poética del cuento ribeyriano, refiriéndose al arte de Maupassant como de “inspiración por lo general realista, el predominio de la observación sobre la imaginación, de los hechos sobre las ideas, de los comportamientos sobe el análisis de los comportamientos, utilizando un estilo directo y sin artificios, capaz de transmitir con el máximo de intensidad y con el mínimo de materia, situaciones concretas que por su carácter dramático, cómico o trivial constituyen como emblemas o fulguraciones de la condición humana” (p.121).

Alonso RabíNo faltan reflexiones sobre los diarios, género que Ribeyro cultivó con rigor y constancia para construir quizá el proyecto más ambicioso de esta especie en nuestra lengua: La tentación del fracaso. En un momento se lee: “Aparte de la cotidianidad y de la veracidad de los diarios íntimos, hay un tercer elemento que los caracteriza y al cual debe asignársele una importancia capital: la libertad de la composición o, en otras palabras, la casi inexistencia de una técnica específica del diario íntimo” (p.253). La anotación nos hace volver a las páginas de La tentación del fracaso para comprobar allí mismo la validez de su afirmación. Fragmentos, carnets, microrrelatos, anécdotas cotidianas, comentarios de lectura o de escritura, incluso micro ensayos –además de algunos notorios intercambios con Prosas apátridas– confirman una postura reflexiva ante la escritura.

Solo me queda saludar la aparición de esta edición que recoge 76 textos publicados entre 1953 y 1994, que amplían la primera edición de 1976 y otras posteriores, que incluye las fuentes de procedencia de los textos y algunas sorpresas como Proverbiales, un libro de no ficción que el autor no pudo terminar. Así las cosas, podemos sopesar un magnífico libro que, junto a Paisajes peruanos, de Riva Agüero, El sol de Lima, de Luis Loayza o La verdad de las mentiras, de Mario Vargas Llosa, constituye una de las cumbres del ensayo en el Perú. Que empiece la caza.

Julio Ramón Ribeyro. La caza sutil. Lima: Alfaguara, 2022.

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Julio Ramón Ribeyro, Literatura

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