Carla Sagastegui

Basta de crueldad

"La democracia se basa en la libertad para decidir, pero también en asumir la responsabilidad de nuestras decisiones. Por eso la democracia requiere como eje principal la buena educación de su población."

Sin duda vivimos en un país extraño, que se declara República democrática, pero que década tras década nos demuestra que no lo es. La democracia, se supone, debiera ser el sistema de ordenamiento y gobierno más justo de todos, porque la voluntad de cada persona es tomada en cuenta a través del voto y de la consulta. Pero en el Perú, la voluntad de cada persona o es comprada o es ignorada y siempre se ha vivido bajo la sombra del golpe de Estado. Estrategia que cada cierto tiempo ha servido para “llamar al orden” e imponer la represión y modelos económicos que los golpistas consideraban necesarios: Leguía, Benavides, Odría, Velasco, Fujimori…  

El modelo que Fujimori logró imponer mediante la Constitución de 1993 ha conseguido algo que nunca antes se había logrado: no sólo permanecer en el tiempo, sino que esta pueda ser modificada al antojo de un modelo de “sociedad democrática” en el cual una universidad puede titular a estudiantes que ni siquiera conocen al menos un concepto de los que han plagiado, donde se ignoran los derechos laborales, donde un ser concebido es más importante que la vida de una niña. Se trata, por tanto, de una falsa democracia.

La democracia se basa en la libertad para decidir, pero también en asumir la responsabilidad de nuestras decisiones. Por eso la democracia requiere como eje principal la buena educación de su población. Y eso es lo que nunca hemos tenido y que, como sospechamos, quizá sea la causa fundamental del entrampamiento constitucional al que hemos llegado. 

Hoy vemos, con mucha tristeza, cómo un grupo de congresistas de mayoría fujimorista, quiere borrar todos los derechos de la mujer (¡y de las niñas!) acordados nacional e internacionalmente,  mediante el Proyecto de ley 1520 que promueve la protección del embarazo, de la madre gestante, del niño por nacer y de su entorno familiar.

Aprovechados justamente del desconocimiento de peruanas y peruanos respecto de nuestros derechos y de cómo y por qué debemos protegerlos, el Proyecto 1520 retira la toma de decisiones sobre la mujer y las niñas respecto de la interrupción del embarazo, así corra riesgo su vida. Sí, así como lo están leyendo, de ser aprobado, una niña de 12 años, violada por algún familiar, no podrá tomar una pastilla del día siguiente, tendrá que llevar el embarazo si su familia así lo decide. Si la vida de una mujer adulta corre riesgo por el embarazo, tampoco podrá interrumpirlo. Serán sus familiares, su esposo, su madre o padre, quien tome la decisión por ella.

La posibilidad de poder decidir adecuadamente sobre nuestra vida y sobre nuestro cuerpo es un derecho elemental. Quizá en el Perú existan personas que prefieran que sean otros que tomen decisiones, pero para el resto del mundo eso se llama sometimiento y sólo ocurre cuando hablamos de gobiernos religiosos fundamentalistas. No de una república democrática como supuestamente somos, que debiera estar comprometida con el derecho a nuestra libertad.

Pero no es sólo eso, se puede entender que un conjunto de congresistas (dentro del cual las mujeres coautoras han recibido una mala o ninguna formación de educación superior a diferencia de los coautores hombres)  presente un proyecto de Ley de este tipo, pero que la Comisión de Mujer “y Familia” apruebe un dictamen de estas características, sin mayor base legal que proyectos de Ley anteriores basados en sus creencias religiosas, nos lleva a pensar que hay algo detrás más profundo que una mera agenda, que hay unas ganas de mostrarle al país que son capaces de fomentar que nuestras niñas crezcan sometidas, con el control de su cuerpecito sometido al placer y al poder de sus familiares. 

Es el horror. Y para colmo, lo celebran sus seguidores fundamentalistas mediante una marcha por las calles. ¿En qué clase de sociedad nos estamos convirtiendo? ¿Realmente queremos eso? ¿Qué daño nos han hecho nuestras niñas para que les demos la espalda con tamaña crueldad? ¿Por qué las mujeres no podremos decidir sobre si queremos morir o seguir viviendo? ¡Qué clase de vida dicen que debemos celebrar! 

Que se enteren todas las mujeres del Perú del daño que nos quieren infligir, porque nosotras no vamos a dejar que nos dañen a nuestras niñas ni que dejemos de decidir sobre nuestros cuerpos. Ni un paso más a ninguna crueldad.

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Democracia, Perú

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