Camila Vidal

El cine hay que desaprenderlo para reivindicarlo

A propósito del día internacional del orgullo LGTB celebrado el pasado 28 de junio, me involucré con una frase dolorosa que leí en las redes sociales: “El mundo no habla de mí”. Automáticamente se me presentó un concepto que se viene repitiendo hasta el cansancio, quizás sin comprender su implicancia en la creación de un mundo más inclusivo, y decidí escribir sobre su importancia en el proceso de hacer cine desobedeciendo al régimen patriarcal. Me refiero a la “empatía”, aquella que se hace notar cuando nos enfrentamos a contextos de lucha y dolor, a experiencias límite que nos animan a luchar por el cambio. Las corrientes feministas, más aún la cuarta ola, han incentivado a hacer cine desde otro lugar, desde la lucha por poner en escena los discursos que son socialmente rechazados hasta eliminar pensamientos como “usted todavía no tiene permiso para hablar”. Se puede notar una clara transformación en la deconstrucción del lenguaje del cine latinoamericano, desde su des aprendizaje hasta su redescubrimiento, así como también una ruptura de los límites de los géneros cinematográficos. En este sentido, el análisis de los estereotipos que proviene de la teoría feminista ha influenciado a que se inauguren festivales como “Asterisco”, el festival internacional de cine LGBTIQ fundado en Argentina que convocó a Albertina Carri como su directora.

Somos un continente que a lo largo de su historia ha vivido sometido y nuestro cine es un espejo de esta realidad. Un cine basado en un régimen de representación patriarcal influido por los discursos hegemónicos que hoy quiere hacerse cargo e ir en contra de las formas tradicionalmente aceptadas. El descubrir los tiempos propios es una de las principales características del nuevo cine de resistencia que está disconforme y quiere hablar. Pero este cine no solo se caracteriza por su evolución en los estereotipos de género, sino que, cabe mencionar, opera distinto a cualquier otro formato de producción. Es usual compararlo al formato de cine europeo, pero en realidad este último se asemeja mucho más al sistema de producción de estudios por contar con presupuestos mucho más elevados. En este sentido, nuestro proyecto de descubrimiento es único y con narrativas distintas, por lo que debería de ser tratado como tal, con una ampliación del lenguaje que reivindica al cine como experiencia libre y colectiva y como un espacio que prohíbe la invisibilidad.

Mubi, plataforma de streaming de cine independiente, cuenta con un podcast gratuito en Spotify llamado “Encuentros”. Esta semana se inauguró una conversación muy interesante y enriquecedora entre la ya mencionada Albertina Carri y Camila José Donoso, directora chilena, donde discuten sobre la urgencia de eliminar las jerarquías piramidales entre los que están detrás y delante de la escena. La lucha feminista ha despertado en ellas un cuestionamiento transgresor que ha influenciado profundamente en sus procesos de producción y en las narrativas de sus películas.

Por un lado, Camila Donoso es directora del proyecto “Transfrontera”, el cual busca liberar el proceso creativo del cine de los modos de producción industriales tradicionales. Ella cuenta que su forma de hacer cine va en contra de todo lo que le enseñaron en la universidad. Camila nos habla del concepto de “transficción”, el cual borra los límites entre el documental y la ficción. Su película “Casa Roshell” estrenada en Berlinale en el 2017, fue rodada como una experiencia comunitaria en la que existe el juego de hacer una película, pero también la retroalimentación de escribir la historia en conjunto con sus personajes, de habitarla colectivamente eliminando cualquier jerarquía y conservadurismo y estableciendo una relación horizontal. Un dato curioso es que fue grabada en tan solo 6 días, caso muy poco probable en las producciones occidentales.

Albertina Carri, por su parte, directora del festival Asterisco, se mantiene fiel al compromiso por la diversidad sexual y sostiene que las películas deben de explorar más con la cámara para descubrir narrativas y reflexiones propias. Una de mis películas favoritas de Carri es “Los rubios”, una obra maestra que habla sobre la mutabilidad de la memoria, sobre la cuestión de eliminar su dimensión monumental. Por muchos años hemos creído en el papel “poderoso” del monumento, en este caso hablamos del cine como tal, y como puede recordar por nosotros. En “Los Rubios” ocurre lo contrario, la memoria actúa contra-monumento, se resiste a su propia razón de ser y a su obligación de contar la historia. De esta manera, la película le devuelve al espectador esta carga y es así como amplía un lenguaje que antes no podía revelarse.

Pero esta nueva ola feminista, la corriente de cine LGTB, y otros movimientos que buscan eliminar las fronteras conservadoras, también llegaron al “Mainstream”, donde ya no solo se hace una denuncia a la violencia sexual, sino que se habla, por ejemplo, de identidades más fluidas, como en el caso de la serie “Euphoria”, una representación sin censuras de la generación Z, que así como en “Los Rubios” no explota la nostalgia por el pasado, sino que mira directamente al presente. Por otro lado, se encuentra una serie magnífica “Big Little Lies”, protagonizada por Reese Witherspoon y Nicole Kidman. Se trata de un pacto de solidaridad entre mujeres de 50 años aparentemente perfectas que tienen un papel muy definido en la ficción. Sus roles están muy asociados a los arquetipos clásicos de mujer, pero, con el transcurso de los episodios se observa cómo se alejan del rol tradicional establecido y nos muestran matices más complejos de sus personajes. Este hecho me lleva a la conclusión de que no se trata solo de discursos de sufrimiento, sino que es mucho más complicado y complejo.

El mensaje feminista se propuso llegar a todo sitio y lo está logrando. El feminismo Mainstream se ha llenado de protagonistas empoderadas hasta tal punto que puede ser problemático por los contextos donde se hace esta enunciación. Todas estas producciones se realizan desde los modelos capitalistas. Entonces me pregunto, hasta qué punto estas historias siguen siendo parte de la cuarta ola feminista si se siguen ejecutando dentro del paradigma de producciones que están bajo el modelo mercantilista. El rol de la mujer en el cine debe de venir desde detrás de la escena, desde la intención de la mujer creadora en la industria audiovisual. Series como “Gambito de dama”, “Poco Ortodoxa” o “El cuento de la criada” forman parte de esta corriente feminista del Mainstream en donde la protagonista es una mujer heroína y no es indicativo que el mensaje tenga que ser subversivo. En estos casos la intención si bien es reivindicar el rol de la mujer frente al régimen de representación patriarcal, también es divertir y entretener, por lo que dentro de la agenda Mainstream a pesar de que se usen los códigos cinematográficos de toda la vida, se reformula la tradicional figura del héroe, que hoy por hoy es inclusiva y colectiva.

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Camila José Donoso, feminismo

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