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Golpe sin Golpe

“Lo que la mayoría de peruanos quiere son elecciones con partidos y candidatos, o buenos, o mínimamente decentes y aceptables, y esto es algo que hoy prácticamente no existe en el país”

Estoy enterado de las razones técnico-legales que esgrime la fiscalía para acusar constitucionalmente al presidente Pedro Castillo. Estás se dirigen al artículo 117 de la Constitución Política del Perú, pero, más importante, al artículo 30 de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción. 

En realidad, está lejos de mi interés entrarle a la cosa jurídica, no es mi fuerte y de seguro habrá especialistas de uno y otro lado pronunciándose al respecto en diferentes medios. Por eso quería referirme a las intenciones. Creo que a estas alturas a todos nos queda claro que nuestro Presidente nos decepcionó. Alguna vez señalé que Pedro Castillo, pudiendo ser un Nelson Mandela peruano, es decir, alguien que tienda puentes entre los peruanos, que unifique una nación que tiende a separarse casi por inercia, prefirió el pequeño negociado bellaco a la gran obra civilizatoria. Pero cómo reprocharla a alguien su propia naturaleza. 

Pensemos ahora en sus opositores, es posible que haya causas para acusar constitucionalmente a Pedro Castillo, desde luego, y que estas causas inicien un camino que finalmente lo despoje de la más alta Magistratura de la Nación. Pero la derecha conservadora, que persigue dicha destitución desde antes que Castillo se siente en el sillón de Pizarro, no parece inspirada en los altos valores de reivindicación de la República, basados en el interés público y el bien común. Al contrario, le resulta casi imposible disimular, desde las tres derrotas consecutivas de Keiko Fujimori, su avidez por copar el Estado para beneficiarse con todas sus prebendas.

Si a todo ello le sumamos lo que ya ocurre; esto es que, sin la derecha lobista en el poder, igual hay lobbies, negociados y coimas de todo tipo que nos roban el desarrollo a todos los peruanos, el panorama es y será sombrío con Castillo, o con quien fuera que lo reemplace, ya sea Dina Boluarte, la Vicepresidenta, o José Williams Zapata, el ex GEIN y actual Presidente del Congreso. 

Como muchos, soy de los que piensa que la gran mayoría de peruanos, quiere elecciones. Pero el tema no concluye allí, lo que la mayoría de peruanos quiere son elecciones con partidos y candidatos buenos o mínimamente decentes y aceptables, y eso es algo que hoy prácticamente no existe en el país, a no ser por algunos esfuerzos en el centro como los de Francisco Sagasti, solitario Quijote del republicanismo, el abogado Carlomagno Salcedo, Secretario General del recién fundado Confluencia Perú y el aún vigente Partido Morado, que, bajo la conducción del también abogado Luis Durán, busca recuperar popularidad ya que su organización es de las más organizadas del país.

Hablo del centro también, porque, visto el panorama mundial, y el ambiente de polarización que vive Italia, con la elección de la ultraderechista Georgia Meloni, o la próxima segunda vuelta en Brasil cuya difícil disyuntiva es la de decantarse entre el también conservador extremo Jair Bolsonaro y el populista, y vinculado con la corrupción, Luis Ignacio Lula da Silva, parece importante voltear a ver lo que hubo, lo que aún existe y lo que podría o debería haber en el centro político. 

Los vientos que comenzamos a respirar son los de la moderación, y si no lo son, deberían serlo, por eso dejo estas pautas, para pensar desde otras premisas la política peruana y mundial. 

  

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Lula Da Silva, Pedro Castillo

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