Juan Carlos Tafur - Pie Derecho

Fujimorismo puro y duro

Es una buena noticia para la democracia electoral peruana que el Poder Judicial haya desoído el pedido fiscal de suspender a Fuerza Popular. Estas elecciones, en particular, no pueden adolecer de los mismos vicios que generaron gran parte de la disfuncionalidad del último quinquenio, obra y gracia de la exclusión de Julio Guzmán y de César Acuña.
Sería saludable que el fujimorismo pierda esta contienda y se termine de cancelar un proyecto político autoritario, cada vez más conservador e increíblemente cada vez más mercantilista, pero sería prematuro pronosticar ello.

Keiko Fujimori está jugando bien sus cartas. Ha decidido acudir al núcleo duro del fujimorismo, reconciliándose con su padre y convocando viejos cuadros. Algunos recuerdan que ni con el giro de Harvard Keiko pudo ganar las elecciones del 2016 y advierten que en consecuencia es muy torpe refugiarse en el sector más recalcitrante del fujimorismo. Pero pueden no estar en lo cierto.

Esta elección es impredecible. Si, como todo parece indicar, Forsyth termina por caer, la elección y el pase a la segunda vuelta se va a definir por estrecho margen. Fácilmente podrían pasar un candidato con 10% y otro con 9%. Así de miniaturizada está la contienda.

Según la última encuesta de Ipsos, Keiko Fujimori está en 7% y de acuerdo a la del IEP está en 7.7%, muy cerca del porcentaje requerido para disputar la definición del 6 de junio. Keiko no necesita convencer a caviares, liberales, mucho menos izquierdistas o centristas. Solo necesita reagrupar fuerzas, aquellas que han acompañado al fujimorismo a lo largo de décadas, en los peores momentos.

Y si logra pasar a la segunda vuelta, el final es aún más impredecible. Las segundas vueltas en el Perú son como un clásico del fútbol, donde no importa el puntaje previo, el resultado se puede dar para cualquiera.

En la última elección presidencial, Keiko Fujimori sacó 39.86% de los votos y PPK apenas 21.05%. Parecía imposible de remontar, pero los groseros errores cometidos por la lideresa naranja permitieron el ajustado triunfo de Kuczynski. Keiko sigue teniendo el mayor antivoto del resto de candidatos, pero una segunda vuelta es un albur donde el resultado le puede sonreir. La estrategia que está siguiendo no es tonta y mal se haría en subestimarla.

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