Jorge-Luis-Tineo

Wacken: La Meca del Metal (con acento en la “é”)

"En la última edición, realizada del 1 al 6 de agosto pasado, estuvieron leyendas del metal extremo como Venom, Judas Priest, Michael Monroe, ex vocalista del recordado grupo finés Hanoi Rocks; los infernales alaridos de King Diamond al frente de Mercyful Fate, orgullo danés del heavy metal..."

Al norte de Alemania se ubica un pequeño pueblo llamado Wacken, cuya población no llega siquiera a los dos mil habitantes. Pero cada año, durante agosto, esta apacible villa, una de las que conforman el estado de Schleswig-Holstein, se transforma en una sucursal del infierno, por la presencia de decenas de miles de fanáticos del heavy metal que irrumpen en sus caminos boscosos y tranquilas estancias para llegar a un amplio terreno en el que acampan durante tres días para participar de un festival al aire libre, considerado desde hace tiempo como uno de los más grandes de esta música catártica y liberadora.

Wacken Open Air (también conocido como W:O:A) comenzó como algo muy pequeño, como casi todo lo que ocurre en ese lejano y desconocido pueblo germano. Un grupo de jóvenes, encabezados por Thomas Jensen y Holger Hübner -quienes tenían una banda de covers llamada Skyline-, reunieron un magro presupuesto y, con el apoyo de sus padres, amigos y las autoridades municipales, armaron un modesto escenario donde tocaban ellos y otras cuantas bandas locales, con entradas que costaban no más de 10 euros. En 1990, su año inaugural, el público ascendió a 800 espectadores. Cinco años después, esa cantidad creció a 8,000 y el número de grupos invitados pasó de 6 a 32.

Poco a poco, gracias al empuje de sus organizadores y de la presencia cada vez más frecuente de grupos alemanes reconocidos internacionalmente, Wacken, el festival, creció hasta convertirse, literalmente, en un monstruo con escenarios múltiples, una asombrosa parafernalia de actividades alternas, vestuarios, fuegos artificiales, iluminaciones y merchandising, decenas de artistas del mundo entero y públicos multitudinarios. Luego de dos años de cancelaciones, debido a las restricciones impuestas por la crisis del COVID-19, el Wacken Open Air Festival retornó en agosto de este año y batió sus propios récords: casi doscientas bandas y 80,000 metaleros que llegaron de todas partes del planeta para desconectarse de su vida normal y unirse a este frenético topsy-turvy de pogos intensos, miles de litros de cerveza y altos decibeles.

La escena del hard-rock y heavy metal en Alemania ha aportado importantes nombres en todas las vertientes que existen, desde la aparición de Scorpions, a inicios de los setenta, primero como la respuesta teutona a Black Sabbath y Led Zeppelin para luego convertirse en una institución del heavy metal, hasta agrupaciones como Accept, Warlock, Grave Digger (heavy metal), Böhse Onkelz, Die Toten Hosen  (punk), Helloween (speed metal), Blind Guardian (progressive metal), Kreator, Destruction (thrash metal), Sodom (death metal), Rammstein (metal industrial) -todas arrancando en los ochenta con excepción de la última, que editó su primer álbum en 1995- y nombres más contemporáneos como Powerwolf o Avantasia, abanderados del death metal melódico y el metal sinfónico, solo por mencionar unas cuantas. Muchas de ellas, por no decir todas, han tocado en Wacken, algunas más de una vez. En el 2009, la cantante Doro Pesch (ex-Warlock), conocida como “Reina del Metal”, grabó el himno oficial de W:O:A, We are the Metalheads.

De forma similar a otros eventos como Download Festival (Inglaterra) o Hellfest (Francia), en Wacken Open Air están representados todos los subgéneros metálicos. Asimismo, como ocurre en festivales de opciones más amplias como Bonnaroo (EE.UU.) o Glastonbury (Inglaterra), Wacken Open Air cuenta con varios escenarios. Actualmente son nueve, siendo los tres más grandes los denominados Faster (Más Rápido), Harder (Más Duro) y Louder (Más Ruidoso) que, en conjunto, son denominados la Tierra Sagrada, todos coronados por la imagen de un cráneo de vaca en llamas, emblema del festival. Con más de 250 hectáreas de extensión, el terreno es usado por los asistentes como zonas de campamento para estar lo más cerca posible de los espectáculos, que comienzan al mediodía. Estas áreas cuentan con todas las facilidades como servicios higiénicos, médicos, tiendas, zonas de comida, esparcimiento y más.

Una de las cosas que hacen del Wacken Open Air un festival único es la relación entre la población local y los visitantes, quienes llegan desde toda Europa, Asia, Estados Unidos e Hispanoamérica. Como lo refleja la cineasta surcoreana Cho Sung-Hyung en el excelente documental Full Metal Village (2006), la simbiosis entre las tranquilas familias de Wacken, que pasan sus días en labores agrícolas y ganaderas -la región es conocida por la raza de ganado vacuno Holstein- y las hordas de metaleros y metaleras que llegan vestidos de negro, con cadenas y piercings, melenas multicolores, tatuajes y actitudes desenfrenadas es tal que hasta se conocen mutuamente y colaboran para que todo en el pueblo esté en orden durante su estadía. En la película, que ha recibido múltiples premios, se puede ver cómo el comercio se dinamiza cada agosto y los mismos pobladores, jóvenes y viejos, hombres, mujeres y niños, salen a la carretera de acceso a Wacken para recibir a los fanáticos, tomarse fotos con ellos y ayudarlos a llegar a las instalaciones del festival. Después de la ganadería y la agricultura, el Wacken Open Air es la segunda principal fuente de ingresos de esta región alemana.

Como parte de esa amistad entre el pueblo de Wacken y sus enfervorizados huéspedes, el festival se abre siempre con una presentación especial de bienvenida, a cargo de la banda del cuerpo de bomberos de Wacken –The Wacken Firefighters que ofrece himnos regionales, marchas militares, música tradicional y arreglos de clásicos del rock y del metal, repertorio que es recibido por el público con gran entusiasmo, sacudiendo las cabezas y haciendo la clásica señal de los cuernos con las manos, como si se tratara de un concierto de Dio o Iron Maiden. Dentro de esta diversidad, también destaca el escenario dedicado a música folk y medieval, denominado The Wackinger, donde agrupaciones como Corvus Corax -percusiones tribales, flautistas y gaiteros- conectan la actualidad con el pasado. Aunque estas expresiones tienen muy poco de metal, son presentadas como componentes de esta subcultura que enlaza a fans del mundo entero.

En sus tres décadas casi no se han registrado actos de vandalismo, por lo que se le considera entre los eventos masivos más seguros. A pesar de que prácticas como el pogo (“mosh pit”), lanzarse desde el escenario para que la masa te sostenga (stage diving”), ser transportado por el público (“crowd surfing”) y la temible “wall of death” son potencialmente peligrosas, se han reportado pocos heridos y cuatro asistentes han fallecido durante el W:O:A. En comparación con los indicadores del Lollapalooza o las desastrosas ediciones de Woodstock en 1994 y 1999, eso es realmente un éxito. Asimismo, el festival promueve, durante sus tres o cuatro días, campañas de donación de sangre, análisis de médula espinal para colaborar con pacientes de leucemia y un permanente apoyo a la organización Stark Gegen Krebs (Fuerza contra el Cáncer).

La experiencia del W:O:A se parece más a la de un parque temático de diversiones que a un simple listado de artistas que tocan uno detrás de otro. Hay desfiles de personajes que van de lo medieval y gótico a lo fantasmagórico, un cruce entre El Señor de los Anillos, Comic-Con y Game Of Thrones que podría ser hasta caricaturesco. Pero lo central aquí es el sentido de comunidad y la multitudinaria camaradería. El público amante del hard-rock/heavy metal y sus ramificaciones posee, más que en cualquier otro género derivado del rock, ese espíritu de cuerpo sólido y leal, cerrado y a la vez amplio, donde lo único que se requiere es compartir el gusto por esta música que, en el común de las personas, suele producir gestos de desagrado, desaprobación y hasta asco. Si no te gusta el metal, Wacken Open Air no es para ti. Pero si eres un headbanger de corazón, no tiene pierde.

Por sus escenarios han pasado todos los más grandes exponentes de la multiforme familia de subgéneros que hoy existen, con una excepción casi impensable. Metallica, considerada por muchos expertos como la banda más importante de thrash metal -entre 1983 y 1988- y, posteriormente, la responsable de extender la aceptación de esta música entre públicos más convencionales, nunca ha tocado en el festival. Pero a juzgar por los carteles, no se les extraña mucho que digamos. Otros nombres como Manowar o Death tampoco han sido parte del Wacken en sus treinta años de historia.

En la última edición, realizada del 1 al 6 de agosto pasado, estuvieron leyendas del metal extremo como Venom -aquí los podemos ver tocando su clásico himno Black metal, de 1982-; Judas Priest, una de las principales bandas de la New Wave Of British Heavy Metal (NWOBHM); Michael Monroe, ex vocalista del recordado grupo finés Hanoi Rocks; los infernales alaridos de King Diamond al frente de Mercyful Fate, orgullo danés del heavy metal; y hasta Cirith Ungol, olvidada agrupación norteamericana pionera del hard-rock con temas fantasiosos (de hecho, el nombre del grupo es únicamente reconocible para los lectores de J. R. R. Tolkien). También estuvieron conjuntos históricos de distintos países, etapas y estilos del metal como Gwar y sus estrafalarios disfraces (EE.UU.), Rotting Christ (Grecia), Overkill (EE.UU.), Loudness (Japón), Pestilence (Holanda), Behemoth (Polonia), Amon Amarth y su imaginería vikinga (Suecia). En el canal Wacken TV, de YouTube, pueden verse resúmenes, conciertos y otros aspectos de la última edición del festival.

Los metaleros más jóvenes disfrutaron de bandas como los norteamericanos Slipknot, esos de los overoles y las máscaras; los holandeses Epica, con la operática voz de Simone Simons; los alemanes Powerwolf y sus atuendos de basados en licántropos, diablos, vampiros y demás monstruos; o el cuarteto femenino Crypta de Brasil, uno de los debutantes en el festival, con un sonido agresivo, heredero de Slayer o Death. También debutó este 2022 el trío alemán Kadavar, que hace un interesante revival de rock psicodélico combinado con la oscuridad de Black Sabbath.

Como vemos, ya sea que prefieras el hard-rock clásico -Deep Purple, Saxon-; el heavy metal -Iron Maiden, Accept-; o incluso propuestas más extremas como la de los noruegos Mayhem, pioneros de la escena nórdica de black metal, envueltos en más de un escándalo por sus letras satanistas y, en especial, por el trágico asesinato de su fundador y guitarrista Øystein “Euronymous” Aarseth, en 1993, perpetrado por su entonces compañero de grupo, Varg Vikernes; el Wacken Open Air Festival tiene metal para todos. Para la edición 2023 -cuyas entradas se agotaron en solo seis horas, un nuevo récord- ya se ha anunciado la presencia de Iron Maiden, Megadeth, Pentagram y Deicide. Todo parece indicar que la llamada Meca del Metal está más vigente que nunca.

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