Giarcarla Di Laura

La vox populi de un «peligrosísimo sobón»….

Como dicen los entendidos, la vaca nunca se acuerda de que fue ternera.

Contar desde una sola perspectiva una historia, más aún siendo juez y parte, deja mucho que desear. ¿O de repente a orillas del río Cooper el personaje al que me refiero, un escritor que ha decidido difamarme, no ha escuchado que en el mundo actual siempre hay que sopesar los conflictos de intereses y tratar de ser imparcial cuando se trata de informar al público? Está bien que los autores quieran expresar sus ideas, pero imponerlas como una sola y absoluta verdad ya es otra cosa… La vida no es así, no es unilateral… La vida, cual texto polifónico, recoge las voces desde distintos ángulos, y si alguno de los sobones (o fundadores, perdón) del Movimiento Kloaka quiere reconocer una parte de la historia, ¡fenomenal!, pero que no se tergiversen los acontecimientos, se oculten documentos y menos aun que se incurra en la vergüenza de excretar un pensamiento misógino y machista de la peor especie como lo ha hecho contra mí este «peligrosísimo sobón y agilito para llegar al parnaso”, según lo llaman los poetas de Hora Zero-2 en un manifiesto de 1978 que recordé en esta misma columna el 19 de diciembre último: https://sudaca.pe/noticia/opinion/la-historieta-de-hora-zero-ii/ . Mi columna era la segunda parte de una reseña del libro Hora Zero, una historia, en la cual el tal sobón resulta sospechosamente favorecido. Al no gustarle mi reseña, incurrió, como todo un machito, a hacer de su disgusto un desagradable espectáculo. ¿Su nombre? Lo dejo para más adelante. 

Tanto le habrá dolido al susodicho mi recuerdo que ha arremetido contra mí de la manera más rastrera. En un post que escribió en su cuenta de Facebook el 16 de marzo último, titulado melodramáticamente «El fin de una amistad», me acusa de ser una incapacitada mental, pues en su odio por la opinión general que ha causado mi reseña le atribuye al poeta y académico de fama internacional José Antonio Mazzotti la autoría de todos mis artículos. ¿En qué se basa? En una supuesta «vox populi», o sea en un chisme que él y sus «amigues» han inventado y circulan miserablemente, negando mi habilidad intelectual como persona, como mujer, como escritora y como investigadora. Y no solo se conforma este agilito con difamarme, sino que él y su pequeña corte de ayayeros permiten que se maltrate a una mujer públicamente y de paso al objeto de sus odios, el poeta Mazzotti, que no cumple papel alguno en la reseña que yo escribo y publico CON MI NOMBRE. Parece que les resulta increíble que una mujer pueda ser aguda y escribir bien.

Ojalá que algún día nos demos cuenta realmente de lo que significa ser solidario y de lo que debería ser la sororidad, algo que todavía en el Perú no se ve. Las argollas, los círculos venenosos y el dedo que trata de rebajar a quien se ganó un premio o es parte de algún evento académico importante, todavía existe, y bastante, en esa fauna que pulula en los ambientes literarios peruanos.

A este agilito le digo: yo estuve en la movida mucho antes de conocerte a ti. Yo estudiaba en Estados Unidos y el que me presentó a los poetas de Lima fue el músico Ricardo Silva cuando yo organizaba y producía los conciertos de «Del Pueblo y del Barrio» en la casa de los Yuyachkani, y luego con mi esposo Meno Ballumbrosio, también músico talentoso, fui a más de un recital y él se ponía a tocar en las presentaciones. Yo conocí desde los años 80 y 90 la historia de Kloaka y otros grupos de poetas y artistas. Leía y recogía material que luego me ha servido en mis trabajos académicos. Después terminé un doctorado y desde entonces he publicado numerosos artículos arbitrados y varios libros propios y editados producto de mis investigaciones. Así que a mí no me vas a bajar la línea y mucho menos hablar de mi honestidad como intelectual. 

El libro Hora Zero, una historia, de los periodistas José Carlos Yrigoyen y Carlos Torres Rotondo, como ya he señalado varias veces, está lleno de defectos de metodología de la investigación y manejo de las fuentes. Por ejemplo, entre otras perlitas, ocultan algunos manifiestos de Hora Zero-2, como aquel de 1978 en que el agilito es denunciado por sus prácticas de arribismo maloliente. Por eso, entre otras razones, el libro de Yrigoyen y Torres Rotondo es, como irónicamente digo, más bien una «historieta» cortada a la medida del clan Pimentel, que aminora el papel del gran poeta Juan Ramírez Ruiz en la fundación del Hora Zero inicial (1970-1973) y su oposición a la segunda etapa, creada a partir de 1977, por Jorge Pimentel.

Volviendo a Kloaka, grupo posterior (1982-1984), el agilito y difamador en cuestión pasa por agua tibia la oposición inicial entre HZ-2 y Kloaka y queda como una especie de oráculo con tarjeta verde al Parnaso por apoyar ahora, cuarenta años después, esa versión de la historia manipulada que ofrecen ambos periodistas.

En fin, no vale la pena entrar en demasiados detalles. Lo escrito, escrito está, y a los documentos y a mis reseñas me remito. Así que dejen a los críticos profesionales hacer su parte o al menos aprendan a reconocer sus defectos cuando alguien (sobre todo una mujer), se los señala. Todo parece indicar que las únicas mujeres que aceptan son las sumisas, como otra fundadora de Kloaka que invita al agilito a sus eventos literarios en Nueva York cada vez que puede. Coincidencia total.

¿Ya se olvidaron ambos de los acosos del agilito en las reuniones literarias de los años 90? Ahí la sororidad brilla por su ausencia. 

Ah, me olvidaba mencionar su nombre: 

nahhhhh….. sería hacerlo más famoso, que es lo que en el fondo quiere. Que siga el agilito paseando a su perro “Mantequilla” por las bien mantenidas orillas de su pueblo en Nueva Jersey, que es adonde van a parar algunas almas como la suya desquiciadas por la verdad.

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Opinión, sociedad

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