Barrantes, Manuel

Pelotudeces Académicas

"La versión triste de la hipótesis de la ignorancia es que Castillo pertenece al gran grupo de gente que simplemente no tiene idea de qué cosa es copiarse, o lo sospecha, pero no le da mucha importancia"

El presidente Pedro Castillo —el ladrón de la propiedad intelectual ajena, que se copió gran parte de su tesis de maestría— se quedó calladito cuando fueron saliendo los plagios de sus ministros, y no los botó. Tengo dos hipótesis, no necesariamente excluyentes, que explicarían esta conducta. (Esto es pura especulación, la verdad no tengo idea de por qué se quedó callado).

Mi primera hipótesis es que el presidente estaba con rabo de paja. Él sabía que también se había robado las ideas de otros en su tesis de maestría, y no quería hacer mucha bulla mostrando lo reprensible de esa conducta. Porque claro, si hubiera botado a los ministros tramposos, estaría suscribiendo públicamente una afirmación condicional del tipo “si cometes plagio, mereces que te boten”. Con esto, siguiendo un principio básico de neutralidad, habría justificado que, si le encontraban el plagio, también merecería que lo boten. Es cierto que el rol del presidente no es el mismo que el de un ministro (y por lo tanto él no necesariamente caería bajo el alcance del condicional), pero políticamente sí quedaría destruido. Al haberse quedado callado, Castillo se habría salvado de ser tachado como un tremendo hipócrita. 

Esto explicaría también por qué los congresistas no han censurado a dichos ministros, y por qué los otros miembros del gabinete no dijeron nada: es posible que muchos también hayan cometido plagio en sus trabajos académicos (los que los tienen), y en ese caso habrían querido evitar exponerse a quedar como hipócritas. Cada vez que sale una acusación de plagio se quedan calladitos, mirando para otro lado, sudando frío, tratando de pasar caleta. 

Esa es entonces la hipótesis del rabo de paja. Básicamente el presidente no podía decir: “boten a esas miserables alimañas carroñeras, ladronas del trabajo intelectual ajeno”, porque sabía que él mismo, y su esposa, eran unas miserables alimañas carroñeras, ladrones del trabajo intelectual ajeno.

Mi segunda hipótesis es que el presidente no sabía que había plagiado. Esto a su vez tiene una versión indignante y una versión triste. La versión indignante de la hipótesis de la ignorancia es que, como muchos, le pagó a alguien para que le escriba la tesis, y esta persona (o ‘empresa’), como sabía que su prestigio intelectual no estaba en juego, decidió hacer el menor trabajo posible y simplemente se copió. Castillo no habría ni siquiera leído su propia tesis, o habría preferido mirar para el costado. Esto es indignante porque revela una falta de apreciación por el trabajo académico en general: la maestría no es para aprender los últimos avances sobre un tema, sino simplemente para obtener un cartón que me dará ciertos beneficios laborales en el futuro, y, crucialmente, todo vale para obtener dicho cartón.

La versión triste de la hipótesis de la ignorancia es que Castillo pertenece al gran grupo de gente que simplemente no tiene idea de qué cosa es copiarse, o lo sospecha, pero no le da mucha importancia. Esto se debería a que ha sido educado en un medio en el que eso es más o menos el pan de cada día.

Ojo, esta última versión no excusa al presidente Castillo, al contrario: en el caso descrito en la hipótesis del rabo de paja, al menos el presidente habría tenido la inteligencia para saber que lo que hizo estaba mal. En la versión triste de la hipótesis de la ignorancia, por el contrario, estamos hablando de una persona tan mediocre y limitada que ni siquiera alcanza a entender qué es plagiar; de un profesor que no comprende la naturaleza del trabajo intelectual, o incluso  lo desprecia.

Es posible que la explicación requiera una combinación de todo lo anterior, en el sentido de que tal vez el presidente sabía que había “algo rarito” con su tesis, y por eso prefirió quedarse callado. Si ese fuera el caso, igual sospecho que el factor más importante sería el último mencionado. En su infinito sancochado intelectual, es posible que Castillo haya pensado que eso de no copiarse son pelotudeces de académicos que viven en sus torres de marfil, alejados del pueblo.  

* Manuel Barrantes es profesor de filosofía en California State University Sacramento. Su área de especialización es la filosofía de la ciencia, y sus áreas de competencia incluyen la ética de la tecnología y la filosofía de las matemáticas. 

 

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Gobierno, Pedro Castillo

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