Mauricio-Saravia

La República Caviar

"Hoy el “caviarismo” es una suerte de condición personal que se caracteriza por un compromiso de clase con un discurso que en teoría es progre pero que defiende tanto ese compromiso como un estatus quo que no se quiere perder."

Con mucha pena y resignación no he logrado comprender el significado exacto, preciso, inequívoco de la palabra caviar. Un poco para contrastarlo con sus detractores, pero también para conocer si es que es una categoría válida para incluir dentro del perfilamiento ideopolítico de la República del Perú.

La respuesta a esta última interrogante es parcial. No y sí. No, por que al no tener una semántica precisa, es muy complicado poder utilizarlo con fines académicos. Sí porque sirve como una etiqueta a la que recurrimos para referirnos de manera peyorativa, siempre así, con respecto a alguien. Por lo tanto alguna base tiene, algún referente evoca, alguna connotación implica.

El periodista Jonathan Diez, en un artículo publicado en el ¡2014! (siglo pasado según los tiempos en el Perú actual) hace algunas precisiones sobre el término y específicamente cita a Gonzalo Portocarrero define al caviar como:

«referirse, crítica y peyorativamente, a los miembros de una izquierda que no está realmente comprometida con lo que predican. Es decir, un grupo humano que pretende identificarse con valores democráticos y progresistas, pero atrapado por la frivolidad de una vida glamorosa y refinada»[1]

Además, como señala el mismo periodista, citando al mismo Portocarrero, el uso del término caviar:

“revela un tono autoritario, que pretende silenciar toda oposición al conservadurismo neoliberal. Se acusa de hipocresía a quien pretende hablar a favor de las víctimas sin ser una de ellas, al defensor de causas que no son propias, pues se presume que es solo un manipulador de la compasión y la culpa, alguien que se esconde para perseguir sus intereses»

Pero más allá de definiciones y términos, que los encontraremos en varios textos, con solo hacer una búsqueda simple en Internet (lo que debe ser una costumbre bien caviar), los cierto es que ser percibido como “caviar” hoy ha trascendido varios supuestos iniciales y se usa en los discursos -incluso oficiales- con ese afán peyorativo y denigrante.

Hoy el “caviarismo” es una suerte de condición personal que se caracteriza por un compromiso de clase con un discurso que en teoría es progre pero que defiende tanto ese compromiso como un estatus quo que no se quiere perder. Aparentemente, para los interesados en el ataque a los caviares, uno no renuncia a serlo. Se es o no se es caviar y punto. Pero además, si habla de compromiso de clase, hace explícita la referencia a que caviar adscribe a clases altas o medias-altas de la sociedad peruana.

Hoy el caviar es el “punto”. No el centro sino el medio, el punto de conciliación del espectro radical de la política nacional. El caviar es denostado por ese conservadurismo extremo de la derecha nacional; por los ´pseudoliberales convertidos al conservadurismo; pero también por esa izquierda que se reclama popular, de raíces profundas, que dice que el caviarismo jamás será la forma de transformar nada.

Cuando aparece una categoría social como esta, que tiene su propio proceso de desarrollo y definición en el país, vale la pena preguntarse qué es lo que se le imputa, qué bases tiene y cuál es el peligro que se le ve que hace que se les tema tanto. Es tan fuerte el término que los máximos representantes de este, los que podrían tatuarse un símbolo tipo de Yo – Corazón – caviar, salen a desmarcar del mismo y decir ¿yo señor? No señor, caviares otros.

Es importante porque lo de ser caviar ya no es un chiste ni un juego de palabras. Está conduciendo el símbolo (la palabra) hacia un significado que de por sí es descalificador y generador de gestos negativos. Ya “caviar” dejó de tener cualquier expresión positiva o incluso propositiva y pasa a ser, directamente un insulto. O como quieren verlo desde las fuerzas políticas, un delito.

Lo más interesante del término es que por lo que se nota en su evolución, ha pasado de ser una descripción personal a una corriente ideológica. Lo que antes era sinónimo simple de “pituco progre” hoy día es claramente una adjudicación de ideario, programa y objetivo central, que no es otro sino conservar el poder, pues de tomarlo, ya lo tendrían hace décadas y no lo hemos notado los humildes peruanos de a pie.

El caviarismo tiene el poder y lo controla. Por lo tanto impulsa una agenda específica y dirige todo el Estado hacia ella. Desde luego que son lo que tienen el control y manejo de las instituciones públicas y los que tratan de evitar su dominio son expelidos rápidamente. Pero como aprendemos en cualquier lógica histórica, no hay poder sin dinero. Ergo, el caviarismo controla las fuentes de dinero de este país y las reparte a conveniencia. Los caviares son los putos amos del mundo mundial. Por eso es menester exterminarlos: porque si no, nos hundiremos en el foco de la agenda pro-LGBT mundial; o porque jamás dejarán que las clases populares se gobiernen a sí mismas. De uno u otro lado los caviares son el enemigo mayor.

Por eso estar al medio los hace tan vulnerables y ala vez tan necesarios. Porque genera que los extremos puedan conciliarse. Al encontrar un enemigo común es más fácil reconocer coincidencias y establecer una agenda consensuada. La vergonzosa justificación de la votación de Cerrón y Bellido así lo confirma. Fue por el enemigo caviar.

En el fondo, es un mecanismo de justificación que conocemos perfectamente en la historia. Buscar un grupo que permita canalizar todo lo “malo” que se genera a nivel social. Recientemente la campaña xenófoba contra los ciudadanos venezolanos. Antes contra los migrantes en las ciudades. Antes contra ciudadanos de alguna religión, raza, origen. Siempre se buscan chivos expiatorios que permitan reacomodar las componendas que por debajo de la mesa se suelen hacer. No es casual que tantos opositores hoy aplaudan la acción política de Perú Libre o de cerronistas, contra la República Caviar.

El problema es que, al tener un problema de semántica o de asociación, nadie sabe quién es caviar o no en el fondo, la posibilidad de adscribirlo a cualquiera es inmensa. Y de sacarlo de allí, también. Mario Vargas Llosa o Beto Ortiz pueden ser los mejores ejemplos de ello. Caviarones conspicuos hasta que se pasaron a “la luz”. Solo por cambiar su orientación política. Pero sus características intrínsecas no las cambiaron en nada. Su estilo de vida, el mismo. Hoy Ortiz mismo se da el placer de caviarizar a quien le viene en gana desde un exilio autoimpuesto pero viviendo cómodamente, muy caviar todo.

El problema con eso es que lo caviar es un conjunto vacío. Al ser todo lo que no me gusta es nada. Es retórica. Pero es el sustantivo que es adjetivo a la vez. Ser señalado como caviar hoy es una suerte de estigma. Lo único que representará es el nivel de acuerdo en la incomodidad que se genera tanto en la extrema de allá como en la de acá. “Él es caviar” basta para designar a alguien que nos es molesto. Sin entender por qué.

[1] https://redaccion.lamula.pe/2014/09/17/ser-caviar-en-el-peru/jonathandiez/

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caviar, Gobierno, política peruana

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