Sistemas que no funcionan

Noviembre 2020. Llega por emergencia una paciente mujer joven, de hecho, más joven que yo, quien había convulsionado hace poco. El esposo, desesperado, no entendía qué pasaba con ella. En casa quedaron sus dos hijos a cargo de la abuela, que tenía el alma pendiendo de un hilo… Hay varias razones por las cuales una persona que nunca ha convulsionado lo hace por primera vez y, tras escuchar la historia narrada por su pareja, la causa se me hizo obvia, así como el pronóstico fatal si no actuábamos rápido y que, lamentablemente, no podríamos hacer mucho por ella en nuestro hospital.

Recuerdo también el caso de un paciente que estuvo varios meses en UCI y en el cual existía la sospecha de que se había formado una fístula, es decir, un conducto por el cual los alimentos podrían pasar del esófago a la vía aérea y poner su vida en riesgo. Por motivos poco usuales, el estudio con el que contábamos no nos permitía hacer el diagnóstico, por lo que era necesario hacer estudios más especializados. No, no contábamos con ellos en la ciudad ni en las ciudades más cercanas y al no poder descartar la presencia de la fístula, teníamos que continuar protegiendo su vía aérea, es decir, debía continuar alimentándose por una sonda y portando la traqueostomía (un dispositivo en la tráquea a través del cual respira). Estas dos cosas repercutían enormemente en su calidad de vida: ¿se imaginan pasar más de 3 meses de su vida sin poder saborear alimento alguno ni hablar? Él estaba frustrado y deprimido y, pese a que le dábamos fármacos y recibía terapia psicológica, no podíamos ayudarlo más: habíamos entrado en un círculo vicioso.

¿Qué tienen en común estos casos? Ambos requerían ser referidos a un establecimiento de mayor complejidad, donde podrían salvarle la vida (en el caso de ella) o mejorar su calidad (en el caso de él); pero pese a que la referencia se tramitó día tras día por más de un mes, en ninguno de los dos casos se efectivizó.

Para mí, el sistema de referencias en nuestro país es un mito. Funciona cuando se trata de referir un paciente de la posta al hospital, eso no lo niego; pero cuando se trata de casos que no son emergencia, requieren hospitalización y además de una atención especializada que solo se encuentra en Lima, el sistema es solo una pantalla, ya que solo se logra conseguir la aceptación del traslado de la forma en la que, lamentablemente, se consiguen muchas cosas en nuestro país: por contactos (solo que en este caso, son usados por algo a favor de la vida de una persona).

Pero no es desidia ni desinterés de los hospitales de Lima. Todos conocemos bien la realidad: Me atrevería a decir que todas las emergencias están llenas de pacientes en sillas de ruedas esperando por una camilla. Entonces, si a las justas tienen una para ofrecerle a los pacientes que ya están ahí, ¿no es avaricia solicitar que en la lista de espera de esa cama tenga prioridad alguien que se encuentra a 12 horas de ese hospital? Teniendo en cuenta eso, es muy lógico que la respuesta día tras día sea “no contamos con camas disponibles” y que por ende, ese paciente, nunca se refiera.

Por otro lado, hay un asunto que muchas veces pasa desapercibido. Cuando un paciente es trasladado a otra ciudad, lo acompaña como mínimo un familiar. Muchas veces esta persona debe dejar de lado su trabajo y otras personas bajo su cuidado para poder viajar con él y quedarse atento a lo que pueda necesitar estando ya en la capital. Ese familiar deja de percibir ingresos en el momento en el que probablemente con mayor razón los requiere, ya que a pesar de que su familiar esté asegurado al SIS, siempre hay algún medicamento o examen con el que no cuenta el hospital que el familiar debe costear de forma particular. Y lo peor, muchos de ellos no tienen dónde quedarse en Lima, aumentando los gastos no solo por una habitación (si es que llegan a tener dinero suficiente para alquilar una), si no también por pasajes y comida. Todo eso representa un estrés extra a la familia, que de por sí ya viene preocupada por “esa enfermedad que debe ser tan grave que necesitó que lleven a su familiar a la capital”.

¿Qué podríamos hacer al respecto? Es claro que nuestros hospitales no se dan abasto para atender la demanda de Lima y alrededores como para hacerlo con el resto de regiones, por lo que es necesario lo que siempre se ha solicitado al gobierno: descentralizar la salud. Pero esto no es tan sencillo y requiere años de trabajo. Construir la infraestructura quizás sea lo más sencillo, ya que conseguir recursos humanos que ejerzan en provincias siempre ha sido lo más complicado.

Se requieren incentivos y el más importante de ellos siempre será que el especialista pueda ejercer adecuadamente su especialidad a donde vaya. Díganme ustedes, ¿de qué serviría llevar a un neurocirujano a una ciudad donde no cuenta con las herramientas necesarias propias de su especialidad para operar? ¡Sería frustrante y no podría ayudar realmente al paciente! Y ojo, un neurocirujano podría salvar la vida de una persona si entra a operar de emergencia, pero sin las herramientas adecuadas, es como si prácticamente él no existiera en el momento que justamente más se le necesita.

  • Su hijo ha sufrido una lesión grave en el cerebro tras el accidente de tránsito, necesita ingresar a operarse de emergencia, pero lamentablemente no podremos ayudarle acá.
  • Pero hay un neurocirujano en la ciudad, ¿puedo hacer que venga de forma particular?
  • Él ya trabaja con nosotros, el problema es que no contamos con una herramienta que se necesita para la operación.
  • ¿Dónde puedo comprarlo?
  • Lamentablemente no es algo que pueda conseguirlo acá. Solo queda referirlo lo más pronto posible, antes de que el pronóstico empeore. Siento mucho no poder ayudarlo más.

En realidad, a pesar de que son pocos los que se animan a ejercer en provincia, ya se cuenta con algunos especialistas en regiones. No son muchos, pero la mayoría de ellos suelen estar atados de manos por diversas razones (exámenes de laboratorio, equipos, herramientas, etc), por lo que siempre estarán haciendo malabares con lo que cuentan. Varios de ellos trabajan en Lima, pero deciden ir a provincias quizás por familia o quizás por amor a esa tierra, pero principalmente por querer ayudar aunque sea en lo poco que se les permite.

He escuchado a algunos de ellos verse desanimados por no contar con lo necesario para ayudar y, basándose en ello, poner en consideración el seguir viniendo o no; por lo que creo que implementar bien los hospitales que están en regiones, teniendo en cuenta los especialistas con los que ya cuentan, es un buen punto desde el cual se podría empezar, para así poco a poco incentivar la llegada de más de ellos, poder descentralizar los servicios especializados y cumplir realmente con uno de los derechos principales de toda persona: acceso a salud de calidad.

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Covid-19, UCI

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