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1971 – El nihilismo creativo stoniano

UNO

Era gordo con pelo engominado y le encantaba fumar pipa. Había tenido una infancia miserable, en hospicios y la calle. Mientras crecía, se dio cuenta que tenía habilidad con los números. Esos años aciagos tuvieron su secuela lógica: falta de  escrúpulos. Rasgo intrínseco de un hombre de negocios exitoso. Eso sí, era pertinaz y dueño de una gran procacidad.

Ese era Allen Klein. un judío norteamericano. En 1965, a Mick Jagger le impresionó su cháchara y el conocimiento, que poseía, del mundo de la música. Se hizo su representante, y negoció, con la Decca, nuevos royalties para sus Majestades Satánicas. Mientras los negociaba, es que se hizo de los derechos de Let it Bleed y Beggers Banquet, entre otros.

Los RS lo despidieron en 1970 y montaron su propio sello discográfico: Rolling Stone Records. Ahí se vio la mano del mesócrata de los labios prominentes (estudiante aplicado de London School of Economics). Encargó el logo de la famosa lengua a John Pasche (estudiante de diseño). Le costó solo 50 libras.

Sin embargo, los Stones estaban inseguros. Debido, en gran parte, al trauma del concierto de Altamont. Y estaba la adicción de Keith.

DOS

Las arrugas disimiles surcan su rostro y cuello. Su pelo blanco, despeinado sujetado con una vincha. Que además luce, en su falange proximal derecho, un anillo con una calavera. Es su sello inconfundible. Es uno de los pocos rockeros que luce los años que realmente tiene: 77. No hay rastros de lifting.

Debe de ser un milagro que aún esté vivo, el más famoso rufián-rockero llamado Keith Richards. Capaz de liarse a golpes con la policía o cualquiera que se le pusiera en su camino. Hace 50 años estaba inmerso en la cocaína y heroína. Se drogaba religiosamente 3 veces al día. Junto a Anita Pallenberg, su mujer (antigua novia del extinto Brian Jones). Dícese que las Speedballs le ayudaban a componer.

Se enamoró de Nellcôte (mansión de 16 habitaciones y techos de 9 metros de altura), ubicada en la Costa Azul, y la alquiló sin titubear. Cuentan que los rufianes de la zona llegaron y los tantearon, previo pedido de autógrafos. Entonces, Keith y Anita decidieron emplearlos. Hasta el cocinero, el gordinflón Jacques, era dealer de la heroína. Recordar que cerca estaba Marsella (la capital europea de la droga).

TRES

Se casaron en mayo del 71 en Saint Tropez. Simbolizaron mejor que nadie los setenta. Bianca Pérez-Mora Macías representaba el glamour, el jet set europeo un mundo ajeno al Stone. Su belleza exótica munida a su inteligencia (estudio Ciencias Políticas en La Sorbona) eran sus armas de seducción. En su sentido más burgués, Jagger quería pertenecer a la Aristocracia Europea. Algo que Keith detestaba.

Por su parte, Anita odiaba a Bianca con pasión. Dícese que le mandó hacer brujería. No resultó.

El nuevo matrimonio alquiló un piso en París. Bianca sospechaba lo que ocurría en Nellcôte y se negó a ir, siquiera de visita.

CUATRO

Aunque parezca increíble, el productor Jimmy Miller no encontró un estudio adecuado en el Sur de Francia. Entonces optaron por lo más lógico: Usar los sótanos de la mansión de 16 habitaciones. Para soportar las exigencias eléctricas, el equipo se conectó a las líneas del ferrocarril que pasaba muy cerca. Todo precario.

Se grababa de acuerdo al humor del dueño de casa. Si se levantaban al mediodía, grababan hasta la noche. Si se levantaba a la medianoche, pues grababan toda la madrugada.

El verano de la Riviera Francesa llegaba a 40 grados. Por si no sabes, cuando el calor llega a 35 grados, el ventilador se va a la mierda.  En ese calor insoportable comenzaron a grabar. La canción Ventilador Blues era un homenaje al único ventilador de aquel sótano sombrío.

La humedad fue un problema. Las guitarras se desafinaban antes de llegar al final de la canción. Las mismas se grababan en la cocina, donde la acústica era mejor, por Las baldosas. Bill Wyman tenía un cuartito para su bajo, pero su amplificador debía dejarlo al otro lado de la puerta. Insólito.

Anita cuenta que la locura era tal que para almorzar eran veinticinco personas y, para la cena llegaban a 40.

“Creo que nadie durmió aquel verano” contó Pallenberg.  Se ocupaba de todo, prácticamente, al ser la única que hablaba perfectamente el francés.

Una noche a Keith, le salió lo hooligan y, echó a patadas de su casa a los rufianes.

Al finalizar el verano, Bill Wyman dijo basta. Idem Jagger.

Keith y Anita dejaron Nellcôte a tiempo. Les habían robado y la policía francesa estaba a punto de acusarlos de tenencia y tráfico de drogas.

En noviembre todos estaban en LA, en el Sunset Studio, terminando el disco.

Si bien “Sticky Fingers” se editó ese año, se formó de retazos o canciones desechadas del 69 y 70.

“Exile On Main St” se terminó de editar al año siguiente. Pero es hechura de 71. Era el álbum culmen de su carrera.

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Tags:

Keith Richards, Mick Jagger, Rolling Stones

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