Carla Sagastegui

Los supervillanos

"El 2 de octubre, las amargadas y enlutecidas televisión, radio y prensa de Ciudad Capital nos anunciarán cuál de los cuatro se hará cargo de las calles, los monumentos y los edificios, de la seguridad y el bienestar de las 10 millones de personas."

Haciendo honor al puesto 26⁰ que el Perú ocupa en la lista de países con mayor criminalidad organizada en el mundo (Global Iniatitive, 2021) y en claro homenaje a los expresidentes condenados, las ya inmediatas elecciones municipales, en dos semanas sacarán lustre a la Ciudad Capital de un país dedicado al tráfico de drogas, trata de personas y minería ilegal. Próximos a convertirla, como señala agudamente Benjamín Corzo de la editorial Contracultura, en nuestra Ciudad Gótica, y si bien carecemos de vocación superheroica entre nuestros millonarios (pues ninguno está dispuesto a invertir su fortuna en luchar contra la corrupción que, por el contrario, más y más los enriquece), pues sí contamos con un empate electoral de supervillanos que quizá con la imaginación de los guionistas de DC Comics podría oscuramente quedar así:

El Capo

Con aplomo y sangre fría, con una ceja levantada, se encuentra convencido de que su mano dura acabará con quien a él le dé la gana. El dispara al terrorista, no importa si el asesinado no lo es; él silencia a la mujer,  aunque para eso tenga que violarla. Tiene una imagen muy clara de cómo piensa diseñar su Ciudad Capital para luego, aclamado, llegar a ser presidente. Su carrera política empezó con los mineros ilegales, hoy, los dueños de universidades fantasma cuidan su espalda, la espalda del Capo di tutti capi.

Cremita

Un borracho millonario, echado a perder, chorreado desde la papada hasta la entrepierna. Se flagela. Muchos años atrás, ya no lo recuerda, olvidó cómo leer. Pero no importa, desde su trono, le rinden pleitesía los inquisidores, perseguidores de feministas y comunistas, cazadores de indios y homosexuales. En vano sus trabajadores y empresarios estafados intentan denunciarlo porque su inmensidad llega hasta las más humildes oficinas del poder judicial.

El inquieto

Sus músculos lo son todo. Ya fue alcalde en un mercado fronterizo entre la formalidad e informalidad de producción textil en un país también algodonero. De golpe, encerró a informales y ladrones en un enrejado de calles laberínticas, que un satélite confundió con una matriz QR bidimensional. Por golpes tridimensionales fue que su mujer lo abandonó. Sumergido en la soledad y dominado por sus impulsos abandonó al mercado para ser presidente del país. Ahora salta y fluye deportivamente de red social en red social. Hoy es un virus muscular que busca ser alcalde 2.0.

El maestro y su sombra

Jactoso de sus títulos académicos y su terca y breve presencia como profesor por en viejas universidades del mundo, lleva una doble vida. Hijo de un escritor defensor de los campesinos, decidió estudiar las ciencias, las artes y las letras hasta convencerse de ser un sabio rendentor, capaz de salvar sino al país, al menos a la Ciudad Capital. El mundo tiene que admirarlo. Pero sus energías parecen arrebatarlo y las miradas que se cruzan con la suya, las que ven congelada su sonrisa, siempre le temen. Hasta el momento se rumoran que abusa de sus hijos, que desprecia a sus hijas, que golpea a las sirvientas.

El 2 de octubre, las amargadas y enlutecidas televisión, radio y prensa de Ciudad Capital nos anunciarán cuál de los cuatro se hará cargo de las calles, los monumentos y los edificios, de la seguridad y el bienestar de las 10 millones de personas que aquí habitamos, así nomás, sin un hombre ni murciélago ni gallinazo que nos defienda y mejor así.

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