Jorge-Luis-Tineo

Zarzuela: Música para jóvenes enamorados… de otro mundo

"Domingo, actualmente de 81 años, se considera básicamente “un cantante de zarzuela” pues es el género que lo vio nacer. Sus padres, Plácido Domingo Ferrer y Josefa “Pepita” Embil, fueron destacados intérpretes del mismo. "No ha habido nunca cantantes que hayan cantado más zarzuelas que mis padres. La zarzuela me ha dado a mí la vida"..."

En julio del año pasado, una muy buena noticia circuló entre los medios de comunicación y webs culturales más leídas de España: el famoso tenor Plácido Domingo anunció su deseo de abrir una academia y teatro dedicados íntegramente a la enseñanza, conservación y difusión de la zarzuela entre las nuevas generaciones, en un evento organizado para promover su reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Domingo, actualmente de 81 años, se considera básicamente “un cantante de zarzuela” pues es el género que lo vio nacer. Sus padres, Plácido Domingo Ferrer y Josefa “Pepita” Embil, fueron destacados intérpretes del mismo. «No ha habido nunca cantantes que hayan cantado más zarzuelas que mis padres. La zarzuela me ha dado a mí la vida», dijo el también director de la orquesta de la Ópera de Viena, donde presentó en noviembre del 2021 el espectáculo zarzuelero Una noche española, recibiendo ovaciones de más de diez minutos por sus interpretaciones cargadas de poesía, romanticismo y buen humor.

Durante años, los expertos en música académica han considerado a la zarzuela como un “género menor” pero esta categorización resulta profundamente injusta. Al parecer, el predominio de los grandes compositores operísticos de países como Italia y Alemania, sumado al carácter relajado y picaresco de las zarzuelas más populares hicieron que cayera sobre ellas una estigmatización que subvalora sus aportes al mundo musical hispanohablante. Incluso Alfredo Kraus (1927-1999), uno de los máximos exponentes que ha dado España al bel canto, consideró que el público de la ópera era “más culto” que el de la zarzuela, haciendo una estratificación innecesaria, tratándose de artes escénicas que, salvo sus referencias geográficas y lingüísticas, comparten muchos elementos en común a nivel de estructuras y de exigencias para la ejecución vocal y orquestal.

Su auge definitivo se ubica entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX, periodo en que se compusieron y estrenaron todas las zarzuelas más conocidas, convirtiéndose de inmediato en un fenómeno masivo, en España principalmente, aunque no tardó en ampliarse al resto de países de habla hispana, incluyendo Filipinas. La expansión temporal de su popularidad y presencia en las carteleras musicales de Latinoamérica cubre casi cincuenta años más (hasta inicios del siglo XXI), para luego ir decayendo, en parte, por la degradación de los gustos populares y el desprecio por todo lo que sea cultural o académico, expresado en las tendencias juveniles de intensa y repetitiva exposición en medios convencionales e internet.

En España, en cambio, la zarzuela es un género vivo y vigente. Aun cuando el repertorio no se ha actualizado, siempre aparecen versiones nuevas, un fenómeno que también se da en la vieja Europa con el catálogo de óperas clásicas que reciben novedosos tratamientos escenográficos, de vestuario y hasta adaptaciones de libretos, como ocurrió el 2018 con Carmen (1845), la fantástica ópera del francés Georges Bizet (1838-1875), que fue presentada con un final distinto, levantando polémicas y airados rechazos.

Como ocurre con otros géneros de música clásica, hay una diversidad de grabaciones de zarzuelas, completas o por selecciones, siendo las más conocidas las de los sellos Montilla, Hispavox, EMI Classics y Philips. Entre los álbumes de tenores y sopranos mundialmente conocidos tenemos las antologías de José Carreras, Teresa Berganza, Montserrat Caballé, Alfredo Kraus, Luis Sagi-Vela y, especialmente, Plácido Domingo, quien tiene una veintena de producciones discográficas dedicadas a ella –una de las mejores es esta, de 1988-. En el ámbito instrumental, no podemos dejar de mencionar al arreglista y director de orquesta Luis Cobos, español por supuesto, quien lanzó los LP Zarzuela (1982) y Más Zarzuela (1985) con la prestigiosa Royal Philharmonic Orchestra de Londres.

La zarzuela se caracteriza por ser una música alegre, pomposa y romántica, con historias que, combinando drama y humor, giran siempre en torno a personajes idealistas y sus contrapartes, configurando una dinámica que las convierte en antecedentes de la novela de televisión. En Luisa Fernanda (1932), por ejemplo, la protagonista se debate entre un amor joven y apasionado pero traicionero y uno sincero y maduro pero apagado. Esta composición -música de Federico Moreno Torroba, textos de Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw- es, de lejos, la favorita de los conocedores y ha sido grabada por todos los grandes sopranos y tenores españoles. Aquí podemos ver a Plácido Domingo, en una renovada versión de esta popular historia de amor, filmada en el año 2007.

Uno de sus aspectos fundamentales es el costumbrismo, recreando pasajes y tradiciones españolas de la época decimonónica, expresadas en vestimentas, locaciones y, especialmente, en el idioma. Es fácil relacionar el lenguaje de los personajes de zarzuela con autores del Siglo de Oro español como Lope de Vega, Calderón de la Barca o Francisco de Quevedo, incluso con la obra de Miguel de Cervantes Saavedra o con el Don Juan Tenorio de José Zorrilla, con pleonasmos y juegos de palabras indescifrables para los fanáticos de Karol G, Daddy Yankee o Bad Bunny. El doble sentido, por supuesto, también es parte de los escarceos románticos de ciertas zarzuelas como, por ejemplo, La corte del Faraón (1910, música de Vicente Lleó, textos de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios), una hilarante historia ambientada en el Egipto antiguo, con inesperados personajes y desenlaces que escandalizaron a más de uno por sus insinuaciones (no tan) moderadas sobre temas prohibidos en su momento.

La profunda diversidad e intención de sus melodías y bailes, que intercalan elementos sinfónicos -violines, metales, percusiones- con sonidos folklóricos -guitarras, panderetas, castañuelas- y estilos populares de la España tradicionalista como el pasodoble, la jota, el chotis y otros de raigambre europea como el vals, la polka o la mazurca, es otra de sus características notables. Las escenas, denominadas romanzas -equivalente a las arias de las óperas- tienen un amplio registro de emociones que van desde el romance intenso –Flor roja, de Los Gavilanes (1923, música de Jacinto Guerrero, textos de José Ramos Martín); Cállate, corazón (de la mencionada Luisa Fernanda)-; al humor dislocado y vertiginoso –la entrada de Lamparilla, personaje principal de El barberillo de Lavapiés (1874, música de Francisco Asenjo Barbieri, textos de Luis Mariano de Larra); A la consulta se puede entrar de La del soto del parral (1927, música de Reveriano Soutullo y Juan Vert, textos de Luis Fernández de Sevilla)-; o el dramatismo puro –De este apacible rincón de Madrid (Luisa Fernanda), Mi aldea (Los Gavilanes); No puede ser de La tabernera del puerto (1936, música de Pablo Sorozábal, textos de Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw-; y revelan estados de ánimo exultantes y, a la vez, cortesanos, que emocionan por su creatividad, intensidad, zalamería e ingenio.

Chispazos de zarzuela se permearon también a la cultura pop, incorporándose a nuestras memorias musicales. Por ejemplo, cómo olvidar aquel capítulo de El Chavo del Ocho en que Doña Florinda y el Profesor Jirafales interpretan la romanza Caballero del alto plumero, de Luisa Fernanda. O el pasodoble El Gato Montés, asociado por siempre a la despreciable tauromaquia, parte de la obra del mismo nombre, compuesta en 1917 por Manuel Penella Moreno, en la que el protagonista es, precisamente, un torero. O la misteriosa balada Amor de hombre, éxito de 1982 del sexteto vocal Mocedades que, con arreglos de Juan Carlos Calderón y letra de Luis Gómez Escolar, usa el intermedio de La leyenda del beso (1924, música de Reveriano Soutullo y Juan Vert).

Otro aspecto del universo zarzuelero es que, casi siempre, las obras son escritas en equipo, como hemos visto en los ejemplos mencionados y otros como El cantar del arriero (1930), por Fernando Díaz Giles (música) y Serafín Adame/Adolfo Torrado (libreto); o La Gran Vía (1886), por Federico Chueca (música) y Joaquín Valverde/Felipe Pérez y González (libreto). Esta particularidad fue explotada de forma genial por Les Luthiers. Cuando presentaron su parodia Las Majas del Bergantín (Zarzuela Náutica) (1986), se la atribuyeron a los imaginarios Ramón Véliz García y Casal (música) y Ataúlfo Vega y Favret/Rafael Gómez y Sampayo (libreto). En realidad, los compositores fueron Ernesto Acher y Carlos Núñez Cortés, integrantes del célebre conjunto argentino de humorismo musical.

En el Perú, como en otros países de América Latina, la zarzuela tuvo enorme popularidad en los años sesenta y setenta, con la visita de compañías internacionales que se presentaban, con mucho éxito, en los principales teatros de la capital -Segura, Municipal-. Una de esas compañías trajo a un barítono español, llamado Juan Antonio Dompablo quien se quedó en nuestro país desde 1968 y se casó con una deportista local, Marita Saettone, campeona de natación. Su hijo Juan Antonio, conocido tenor peruano, también cantó zarzuelas desde muy joven, aunque ahora apunta a un público más abierto y comercial con espectáculos diseñados por la conductora Mabela Martínez.

Esa popularidad se mantuvo hasta los años ochenta y noventa, con la aparición de compañías de pequeño formato y gran corazón, como La Peña de Alfredo Matos de Barranco o los elencos del pianista Armando Mazzini, el cantante Genaro Chumpitazi o la gestora cultural Dora Alegre, que organizaban las llamadas “antologías”, selección de romanzas de diversas zarzuelas. En aquellos grupos alternaron, junto a jóvenes aficionados, profesionales como, por ejemplo, el tenor uruguayo Eugenio Trouiller, especialista en segmentos cómicos, afincado en Lima desde 1971; o el mencionado Juan Antonio Dompablo, entre otros. Lamentablemente, hoy las antologías de zarzuela han desaparecido de las carteleras grandes y son placer de minúsculas minorías que pueden verlas, esporádicamente, en las actuaciones que organiza el Grupo de Zarzuela del Club de Regatas Lima, activo desde el año 2002.

A pesar de la decadencia artística que padecemos, que convierte a un género teatral tan entretenido y musicalmente rico en casi un espejismo, aun se mantienen entre los amantes de la zarzuela, jóvenes eternos de corazones sensibles y enamoradizos esos vasos comunicantes con aquel mundo desaparecido y, de vez en cuando, podemos escuchar ecos de canciones grupales como La marcha de la amistad o La mazurca de las sombrillas que, antaño, solían ser coreadas por los públicos en teatros llenos, una comunión de intereses y aplausos en sana convivencia, por lo menos mientras duraba la función.

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Música, Música Clásica, Plácido Domingo, Zarzuela

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