Juan Carlos Tafur - Pie Derecho

La debacle moral y política de la izquierda

"Tendrán que surgir otras generaciones para que la izquierda peruana, democrática y liberal, recupere presencia y protagonismo. La actual conducción de esa izquierda ha demostrado una lenidad lamentable para la democracia peruana, a quien le hubiera hecho mucho bien, la polémica intensa de izquierdas y derechas, que recuperasen para el país, una ruptura del monopolio del discurso derechista (que, por ello, por cierto, anda adormilado y aburguesado)."

La votación en contra del adelanto de elecciones de la izquierda congresal no es, si no, el epílogo de una degradación moral y política de ese sector ideológico del espectro peruano.

Desoyendo el mandato ciudadano en favor de esa opción, soslayando que era una mejor fórmula para resolver y anticipar la solución a la crisis política por la que transitamos desde el 2016, la izquierda congresal decidió sabotear el proceso y apuntalar la generación de un estado de zozobra social conducente –según su afiebrado cálculo político- al grado de desestabilización y violencia suficientes para provocar el advenimiento de un momento constituyente.

La trayectoria última de la izquierda es de horror. Cómplice de las trapacerías del régimen castillista, nunca dejó de apoyarlo a cambio de prebendas estatales. Nunca condenó con la claridad suficiente el golpe de Estado, pareciendo lamentar, más bien, su fracaso. Y ahora, que claramente se nota que las huestes castillistas remanentes y mafias ilegales desestabilizadoras (minería ilegal y narcotráfico), están jugando un papel antidemocrático que ha llevado con justicia al gobierno de Dina Boluarte a dictar el estado de emergencia para recuperar la paz, juegan el papel de agentes de desestabilización en lugar de promotores de la estabilidad.

Ojalá las urnas castiguen con dureza a esta izquierda presuntamente moderada y moderna, cuyo mediano acercamiento al poder, sirvió para desnudar su real careta antidemocrática. Ya las encuestas muestran que serán desbordadas por el radicalismo fascistoide de Antauro Humala y que desaparecerán del espectro político peruano. Se lo merecen con creces.

Esta izquierda pudo haber jugado un papel protagónico en esta coyuntura crítica y erigirse en un baluarte político y moral, que, por fin, les permitiese recuperar la narrativa que durante décadas ha estado bajo predominio derechista. Lo han echado, sin embargo, por la borda. Por pusilanimidad moral en algunos casos, por intereses mercantilistas en otros, por miopía política en todos los casos, la izquierda moderna en el Perú ha dejado de existir y nadie lo debe lamentar.

Tendrán que surgir otras generaciones para que la izquierda peruana, democrática y liberal, recupere presencia y protagonismo. La actual conducción de esa izquierda ha demostrado una lenidad lamentable para la democracia peruana, a quien le hubiera hecho mucho bien, la polémica intensa de izquierdas y derechas, que recuperasen para el país, una ruptura del monopolio del discurso derechista (que, por ello, por cierto, anda adormilado y aburguesado).

La del estribo: imprescindible el libro de Pedro Salinas, Sin noticias de dios. Sodalicio: crónica de una impunidad, donde el autor relata toda su peripecia vital en búsqueda de la verdad y de la justicia en un caso que pone de relieve, ya sin lugar a dudas, la sistemática violación de los derechos humanos básicos que en esa congregación se ha perpetrado a lo largo de los años, investigación que, lamentablemente, hasta hoy no encuentra la justicia debida en los fueros pertinentes y, por el contrario, ha desatado una nauseabunda persecución judicial y mediática.

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