Juan Carlos Tafur

Uno más, con Petro

“La centroderecha tiene que cambiar de discurso y narrativa rápidamente si no quiere que el ciclo de las izquierdas en la región dure más tiempo del debido”

¿Qué está pagando América Latina para que sus pueblos se inclinen hacia gobiernos de izquierda, cuya ideología ha demostrado fehacientemente fracasar en su intento de distribución económica de la riqueza, y solo produce atraso y menoscabo de las libertades democráticas?

Colombia era, junto al Perú, uno de los dos países más derechistas de la región, como consecuencia de probados resultados económicos favorables en las últimas décadas y, sin embargo, acá gana Pedro Castillo las elecciones y allá acaba de hacerlo Gustavo Petro.

Hay, claramente, responsabilidades en los portavoces del modelo, que no supieron o no quisieron construir ciudadanía más allá de las cifras macroeconómicas boyantes. La salud pública -cuyo calamitoso estado fue puesto de manifiesto por la pandemia-, la pobrísima educación igualmente pública, la inseguridad ciudadana y la corrupción, golpearon en la línea de flotación del establishment y no hubo un solo gobernante de derecha o de centro que se animase siquiera a emprender reforma alguna en cualquiera de estos puntos críticos, en los últimos lustros.

La centroderecha aguachenta ha parido a las izquierdas en Colombia y Perú, así como en Chile. En Brasil o Argentina es otra la explicación: allá hay una enfermedad colectiva llamado izquierdismo que no parece tener remedio, siendo el caso más grave el de Argentina, que soporta una crisis económica espantosa e igual sigue votando por el peronismo.

Pero lo peor es que los líderes actuales de la derecha o del centro en la región, no parecen haber aprendido la lección. Siguen siendo voceros de un statu quo que ya era insoportable para las mayorías, y no diseñan ni proponen políticas públicas tendientes a ecualizar a los consumidores beneficiados con el modelo con los ciudadanos ansiosos de derechos.

La centroderecha tiene que cambiar de discurso y narrativa rápidamente si no quiere que el ciclo de las izquierdas en la región dure más tiempo del debido y convierta a Latinoamérica en un polo regional de atraso y retroceso, un ejemplo mundial de fracaso en la puerta del horno.

En el Perú por lo pronto no hay ni visos de renovación de la centroderecha. Siguen dispersos, el único disruptivo es López Aliaga, el resto solo repite las monsergas del establishment pre Castillo, inconscientes de que ese discurso ya no cala en los sectores populares decisorios.

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Colombia, Gustavo Petro, Pedro Castillo

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