La decisión está en nuestras manos, pero también en nuestra memoria

La decisión está en nuestras manos, pero también en nuestra memoria

“El voto es libre, pero también implica responsabilidad. Elegir no es únicamente optar por una candidatura, sino decidir qué principios, qué visión de sociedad y qué tipo de democracia queremos construir. La historia política reciente ofrece suficientes elementos para evaluar quiénes han defendido derechos y quiénes han contribuido a debilitarlos”.

[ENTRE BRUJAS] Durante los últimos años, las defensoras de los derechos de las mujeres y las feministas hemos dirigido nuestros esfuerzos y recursos a defender los avances alcanzados y a denunciar los retrocesos en materia de igualdad, derechos sexuales y reproductivos, y lucha contra la violencia.

La ofensiva ha sido tan intensa que la categoría “igualdad de género” se convirtió en un término perseguido, cuya eliminación de las políticas públicas ha sido promovida de manera sistemática. Con ello no solo se busca perpetuar prácticas y estructuras excluyentes, sino también anular el pensamiento crítico, indispensable para movilizar a la ciudadanía y transformar las desigualdades.

Hemos tenido un Congreso adverso no solo a la agenda de igualdad, sino también a libertades fundamentales como el derecho de asociación y la libertad de expresión.

El debilitamiento de la agenda de derechos humanos afecta los cimientos de una democracia ya en declive, pero también tiene consecuencias concretas en la vida cotidiana de las personas: contribuye al incremento del racismo, al deterioro de los servicios públicos y al debilitamiento de las políticas orientadas a atender a las poblaciones más vulnerables. No se trata de un debate abstracto.

¿Quiénes han estado detrás de estas medidas? En alianza, varias de las agrupaciones políticas que lamentablemente continuarán teniendo poder. Estas fuerzas políticas han promovido el debilitamiento de los derechos humanos, afectando de manera particular los derechos de las mujeres y de la población LGBTIQ.

Y esta no es una historia nueva. Por ejemplo, durante la campaña presidencial de 2016, la candidata Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, consolidó una alianza estratégica con sectores conservadores de las iglesias católica y evangélica para captar el voto religioso. El principal hito de esta coalición ocurrió en marzo de ese año, en el Coliseo Amauta, donde firmó un compromiso público con la Coordinadora Cívica Pro Valores y el Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP). Mediante este acuerdo, se opuso formalmente al enfoque de igualdad de género, al aborto por violación y a la unión civil entre personas del mismo sexo, alineando su agenda política con posiciones contrarias a la ampliación de derechos.

Desde el Congreso y otras instancias, la agenda antiderechos continuó avanzando. Se fue implementando progresivamente una estrategia destinada a bloquear el avance hacia una sociedad más inclusiva y justa. Han sido diez años marcados por amenazas constantes a la vigencia de los derechos humanos y por retrocesos que impidieron avanzar con mayor decisión en la protección efectiva de los derechos de niñas, adolescentes, mujeres y personas LGBTIQ+.

Las consecuencias de esta agenda no se limitan a los derechos de las mujeres o de la población LGBTIQ+. Cuando la igualdad deja de ser una prioridad, también se resienten la salud, la educación, la vivienda y, en general, la capacidad del Estado para garantizar derechos a toda la ciudadanía.

Durante los últimos años, estos sectores han dejado de lado las reformas necesarias para fortalecer el sistema de salud, pese a las persistentes brechas en infraestructura, personal y acceso a servicios. En lugar de priorizar soluciones estructurales, han impulsado o respaldado iniciativas que debilitan políticas de igualdad y reducen la capacidad del Estado para abordar factores que inciden directamente en la salud y el bienestar de la población, perpetuando desigualdades en el acceso a una atención de calidad.

Estos sectores políticos han alcanzado una importante representación en el Senado y en la Cámara de Diputados. En pocos días nos toca votar por la presidencia y será entonces que se definirá el liderazgo del ejecutivo.

El voto es libre, pero también implica responsabilidad. Elegir no es únicamente optar por una candidatura, sino decidir qué principios, qué visión de sociedad y qué tipo de democracia queremos construir. La historia política reciente ofrece suficientes elementos para evaluar quiénes han defendido derechos y quiénes han contribuido a debilitarlos.

La decisión está en nuestras manos, pero también en nuestra memoria.

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