Miedos electorales

Carla Sagástegui

Días estos muy interesantes los que estamos viviendo durante las campañas electorales, porque se vuelven un deleite de falacias y falsos argumentos con los que se intentan justificar muchos miedos. Los miedos más interesantes que comentaré solo son cuatro, pues seguro hay más si se presta atención al entorno:

 

El primero es el miedo de las clases medias y altas a un gobierno de izquierda. Estas lo expresan terruqueando a Verónika Mendoza, lo cual no significa que crean que cometerá las atrocidades de Abimael Guzmán; es sólo una forma grosera, violenta, un insulto para mostrar su miedo. Si prestamos atención, observaremos que este se trata de una reacción casi automática de correr a proteger propiedades e intereses financieros, pues se tiene el convencimiento de que apenas llegue Mendoza a Palacio de gobierno impondrá una estatización como la del general Juan Velasco Alvarado cuando tomó las empresas extractivas y los grandes latifundios y los puso en manos de un estado que rápidamente se corrompió y trajo abajo la producción nacional (cuando llegan aquí ya les falta el aire).  ¿Ya ven que está planteando estatizar la producción de oxígeno? Terminaremos como Venezuela, añaden. Como final, para asustar más y mejor, recurren a Nicolás Maduro, la gran sombra amenazante, como lo fue en tiempos de Nadine Heredia, el presidente Hugo Chávez.

 

Ahora bien, la izquierda sabe que Verónika Mendoza se encuentra lejos de esos modelos estatistas latinoamericanos y que su promesa está centrada en el modelo de Estado de bienestar contemporáneo. De ahí que su plan se haya estructurado en relación con los derechos humanos. Pero es justamente esta postura la que despierta el segundo miedo, en este caso, en los marxistas de la vieja escuela internacional, que, al ver esta posición en una candidata, ¡una mujer!, que ha mejorado su discurso hasta convertirse en la más coherente y cuerda de todos los candidatos, están convencidos que seguirá el modelo de Nadine, traicionará todos los principios revolucionarios y se amistará con la CONFIEP rápidamente. Lo cual conduciría a un gobierno muy parecido como con el que contamos actualmente, algo cercano al que en un inicio pareció prometer Yonhy Lescano de Acción Popular, pero que luego resultó ser solo una lista de declaraciones sin mayor sustento que han conseguido que nadie, pero nadie, ya le tema.

 

El tercer miedo es el que despierta Rafael López y bueno, aquí las razones son todas y una a la vez, porque desde su mirada, postura, hasta la forma de mentir e improvisar sin siquiera prestar atención a principios mínimos de ética, nos dan cuenta de un hombre que se debe lacerar para poder contenerse. Si no se gobierna a sí mismo, ¿cómo no temer el violento desborde al que nos llevaría su fascismo, su fanatismo religioso y su marcado desprecio por los demás cuando tenga el poder de dirigir nuestro país? Parece un anuncio apocalíptico pleno de angelitos celestes.

 

Pero el cuarto miedo es el que siento más y por eso lo dejo al final. Lo despierta en nosotras, en nosotros, el ver que una parte significativa de la población de Lima e Ica se siente entusiasmada por el don que tiene López de poder imponer lo que realmente le da la gana, sin sustento alguno. Por el goce que les da como sacerdote, como falso candidato o como la rica mujer sometida, como lo que sean, de no tener que pensar en los demás y poder pasar por encima sin culpa alguna. Y claro, después no quieren que el resto de peruanas y peruanos no miremos a Velasco y le sonriamos recordando viejos tiempos…

 

23 de marzo de 2021

 

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