To be or not to be… pero según el acta

To be or not to be… pero según el acta

[OPINIÓN] Rafael López Aliaga ha decidido regalarnos una pequeña pieza de teatro electoral. Shakespeare, la habría titulado To be or not to be… según cómo vaya el conteo. Porque de eso se trata: atacar o callar, incendiar o susurrar, denunciar el apocalipsis o hacerse el místico, siempre dependiendo de una sola variable: si él entra o no a la segunda vuelta.

Apenas aparecieron los problemas logísticos del domingo, López Aliaga no habló de fallas ni de desorden. Habló de fraude. No de dudas, no de observaciones, no de prudencia. Fraude. Vinieron los insultos a la ONPE, a sus funcionarios, pedidos de prisión…  cifras lanzadas al aire como confeti y las acusaciones sin prueba, todo con esa delicadeza perturbada que lo caracteriza cuando se siente perjudicado. El problema es que ni la OEA, en su informe preliminar, habló de fraude: habló de retrasos logísticos, simulacros incompletos y en 13 locales de votación afectados en Lima. Desorden, sí. Conspiración, no. Pero para un hombre cuya relación con la evidencia es, digamos, libre, ese detalle es secundario.

Luego llegó la fase heroico-barrial. Amenazó con “insurgencia ciudadana”, pidió anular las elecciones y puso ultimátums, plazos perentorios al JNE como si la democracia fuera un trámite notarial que se corrige levantando la voz. Lo pintoresco vino después: el mismo hombre que denunció el fraude sin mostrar ninguna prueba terminó ofreciendo S/ 20.000 a quien pudiera alcanzarle alguna. Notable epistemología: primero acusar, luego salir a comprar la evidencia. Eso, en cualquier diagnóstico serio, no es método. Es un síntoma.

Porque ahí está el asunto que nadie quiere nombrar con todas sus letras: un candidato que no controla sus impulsos cuando pierde no va a controlarlos cuando gane. Un político que confunde su frustración con prueba jurídica no va a distinguir entre su voluntad y el interés público. Y un líder que mueve entre los exabruptos  y el silencio según dónde apunta el marcador no tiene convicciones: tiene estados de ánimo.

Con la ONPE al 93% de actas procesadas, López Aliaga iba tercero por un margen estrecho. Y, curiosamente, el incendiario de anteayer empezó a administrar sus decibeles. Cuando parecía fuera, fraude. Cuando todavía podría colarse, prudencia. La geometría variable en estado puro. Finalmente se trata de un ingeniero a carta cabal.

En castellano simple: no estamos ante un defensor de la transparencia. Estamos ante un hombre que juega a demócrata con fósforos en una mano y calculadora en la otra. Lo segundo preocupa. Lo primero, en alguien que pretende dirigir un país, debería asustarnos.

 

Mas artículos del autor:

"To be or not to be… pero según el acta"
"El APRA nunca muere. Hasta que muere. (Segunda parte)"
"Rafael López Aliaga y la Ley de Murphy: nadar y nadar"
x