En los últimos diez años, el fujimorismo no ha dejado de acumular triunfos que lo acercan cada vez más al poder total, tomando poco a poco las instituciones más importantes del país. El fujimorismo se esparce por el Perú y corrompe todo lo que toca. La bancada fujimorista ha puesto a un Tribunal Constitucional a su medida, que ha sido instrumental en validar reformas constitucionales que los favorecen, incluyendo darle a los propios congresistas iniciativa de gasto, lo cual ha generado un desbalance que ya ha sido señalado por el Consejo Fiscal. Asimismo, tuvieron en Patricia Benavides a una Fiscal de la Nación completamente funcional a ellos, a cambio de favores políticos como destituir a Soraida Ávalos, y ahora tienen a otro funcional en la figura de Tomás Gálvez. Tienen también tomada la Contraloría, la Sunedu, y la Junta Nacional de Justicia. Además, el presidente del congreso, el fujimorista Fernando Rospigliosi, ha amenazado con “barrer” el Poder Judicial, eliminar a todos los jueces que quieran ponerles freno, y quedarse sólo con los que se le sometan.
Tal es el poder del fujimorismo que prácticamente han anulado la figura presidencial. Han vacado a todos los presidentes que se atrevieron a oponérseles. Después de que Keiko Fujimori amenazara con “gobernar desde el congreso”, se deshicieron de PPK, Vizcarra y Castillo. Hace unos días Miki Torres, actual candidato a la vicepresidencia por el fujimorismo, se vanagloriaba de haber coludido, junto con la prensa y otras instituciones, para sacar a Castillo del poder. Esta colusión comenzó mucho antes de que Castillo (sobre quien no niego que sea un pobre diablo) intentara dar un golpe de estado. Boluarte les fue útil por un tiempo, y la han protegido de todas las acusaciones en su contra, incluyendo la venta de favores, el abandono del cargo, y por supuesto las masacres en las protestas. Luego la vacaron cuando dejó de serles útil. A Jerí (acusado de violación y con muchísima evidencia de corrupción) también lo blindaron porque les servía. Ahora tenemos a Balcázar, una figura sin peso político. Intentó oponerse a la decisión de comprar los aviones a EE. UU., pero el fujimorista Rospigliosi no lo quiso así, y salió, rodeado de ministros, a desmentir al presidente. El fujimorista presidente del congreso… dirigiendo a ministros. Esto de por sí debería ser suficiente para saber quién gobierna realmente el Perú, y de quién es la culpa del caos actual.
Hay muchas cosas más que muestran su poder. Por ejemplo, el fujimorismo no ha tenido ningún reparo en gobernar de la mano del Perú Libre de Vladimir Cerrón. Para muestra, actualmente comparten la mesa directiva del congreso con el hermano de Cerrón Y, ¡oh sorpresa!, a Vladimir no lo han podido capturar hasta ahora. Vladimir, por su parte, no ha dejado de criticar a Sánchez, sin decir una sola palabra sobre Fujimori.
Lo que hemos visto estos últimos años es una pequeña muestra de lo que será el Perú si gana Fujimori. No habrá orden, ni seguridad, ni estabilidad económica o política. Y por supuesto no habrá oposición mediática, al menos no de parte de los medios más importantes del país. Será lo mismo que hemos tenido, pero peor. Yo en absoluto soy fan de Sánchez (¡cómo se le ocurre meter en su equipo al plagiario Rosendo Serna!). Sánchez es, sin lugar a duda, otro pobre diablo. Pero hoy tenemos que votar para resistir a la mafia más enraizada que ha habido jamás en el Perú. A partir del 7 de junio seamos oposición de quien sea que salga.
* Manuel Barrantes es profesor de filosofía en California State University Sacramento. Su área de especialización es la filosofía de la ciencia, y sus áreas de competencia incluyen la ética de la tecnología y la filosofía de las matemáticas.







