Manuel Barrantes

Turnitin y el Ladrón Flojo

Lo de Rosendo Serna, el Ministro de Educación que ha plagiado párrafos enteros en su tesis doctoral, es una vergüenza absoluta. En su investigación, los reporteros de Cuarto Poder acudieron a la Universidad Científica del Sur y a la PUCP, donde se valieron de la herramienta Turnitin para identificar los párrafos posiblemente problemáticos.  

En varios medios (por ejemplo, El Comercio, La República, el propio Cuarto Poder, entre otros) se ha reportado este hecho de una manera que, a mi entender, sugiere que el haber utilizado Turnitin en la detección del plagio le da una mayor legitimidad al argumento de que el plagio realmente ocurrió. Esto es un error. El diagnóstico de Turnitin es simplemente un insumo para investigar, pero en sí no determina nada. Una acusación de plagio no está ‘mejor justificada’ solo porque se detectó ayudándose de Turnitin. Sería como decir que una novela es mejor cuando la encuentras usando un buscador electrónico que cuando lo haces usando tarjetas de biblioteca.   

Cuando uno pasa un texto por Turnitin, el software lo compara con varias bases de datos que incluyen no solo textos publicados sino también borradores e incluso textos estudiantiles. La gran ventaja que brinda Turnitin a los docentes es que antes, cuando leíamos un párrafo sospechoso en un texto de un alumno (ya sea porque el estilo de escritura era diferente al resto, o porque ‘estaba demasiado bien escrito’), teníamos que googlear el texto en cuestión entre comillas y ver qué salía. Turnitin hace ese trabajo por nosotros, y no solo con los párrafos sospechosos sino con todo el texto. Turnitin identifica similitudes entre el texto en cuestión y otros textos, brinda los links a dichos otros textos, e incluye un ‘porcentaje de similitud’, lo cual da una idea de cuántos textos sospechosos se van a encontrar. 

Pero lo que quiero resaltar es que Turnitin en sí no emite ningún juicio sobre si hubo o no plagio. Si yo escribo un artículo en el que incluyo un párrafo ajeno citándolo correctamente (digamos, con comillas y con la referencia), Turnitin lo va a identificar como un texto sospechoso de plagio. Pero la única manera de saber si fue o no plagio es revisarlo manualmente. Turnitin es un asistente, pero no determina nada. 

El ‘porcentaje de similitud’ tampoco significa nada. Por ejemplo, un artículo puede tener un montón de citas, acompañadas de un análisis de las mismas, e igual daría un alto porcentaje de similitud. Pero este porcentaje de similitud no implica que el texto sea de mala calidad. La calidad de un texto la determinan los expertos en el tema, no un software. Yo podría citar cuatro párrafos de Aristóteles, y mostrar algo novedoso acerca de ellos en 3 párrafos. Si valió o no la pena poner tantas citas no se mide numéricamente. 

Por otro lado, un bajo porcentaje de similitud no necesariamente implica que no haya habido plagio, pues existen programas que modifican textos para que no puedan ser reconocidos por Turnitin. Así, uno podría no copiar nada textual y aún así cometer plagio, por ejemplo, si parafraseara ideas de otros y las pusiera en el texto como si fueran propias. 

En resumen, Turnitin no determina nada, y su porcentaje de similitud no significa en sí mismo nada tampoco. Mencionar que el plagio fue detectado usando Turnitin, y que éste es “un software antiplagio que goza de gran prestigio por su precisión” (Larepublica.pe; 04/2022) no fortalece en absoluto el argumento de que hubo plagio. En principio, uno podría usar herramientas de Microsoft Word (e.g. ‘compare’) y en términos del veredicto el resultado sería el mismo.

¿Por qué es importante aclarar esto? Porque si alimentamos estos malentendidos sobre el rol que juega Turnitin en la detección del plagio, los sinvergüenzas se van a aprovechar de la confusión. Una vez jalé a un alumno por haberse copiado, y me respondió que no era cierto porque ‘Turnitin a veces se equivoca’. Mi respuesta fue que el tema de qué herramienta utilicé para identificar los párrafos sospechosos en su texto es completamente irrelevante; lo relevante es que eran idénticos a los de otro artículo, y que él quiso hacerlos pasar como suyos, lo cual constituye plagio. (Y por supuesto no es solo una cuestión de ‘olvidarse de poner comillas’. Esa excusa es tan absurda como decir que me llevé tu Ferrari a mi garaje porque me olvidé de ponerlo en el tuyo; la cantidad de párrafos plagiados tampoco importa, pues sería como decir que el haberme robado tu Ferrari no es tan grave porque yo aparte tengo otros tres carros que sí son míos).

Regresemos a Rosendo Serna (quien al no haber mostrado ninguna vergüenza por su robo califica perfectamente bajo el rubro de sinvergüenza: regresemos entonces al sinvergüenza.) Ayer señaló que él solo copió los textos para analizarlos posteriormente. Eso es completamente falso. ¿Por qué? La respuesta no tiene nada que ver con Turnitin, y mencionar que el texto obtuvo un porcentaje de similitud de 70% (tal como hacen, por ejemplo, en La República) es un error que solo contribuye a crear confusión. La razón por la que lo que dice Rosendo Serna es falso es que, si él realmente hubiera querido analizar los textos, los habría puesto entre comillas y habría indicado al autor original. Pero lo que hizo este ladrón de ideas es hacerlos pasar como suyos (¡se robó hasta los agradecimientos!)

Aplicar un marco teórico general a una situación social específica es un trabajo digno de una tesis doctoral, sobre todo si dicha aplicación es creativa y novedosa. Eso no está en discusión. Lo penoso es que el ministro ladrón tranquilamente hubiera podido expresar todas esas ideas citando las fuentes correctamente, y explicándolas con sus propias palabras. Esta explicación sería un valor añadido, y el texto dejaría de ser una mera copia. Pero eso implicaría sentarse a leer, pensar, y escribir. Es decir, trabajar. Pero parece que a Rosendo Serna le dio flojera trabajar, y por eso decidió robar. 

* Manuel Barrantes es profesor de filosofía en California State University Sacramento. Su área de especialización es la filosofía de la ciencia, y sus áreas de competencia incluyen la ética de la tecnología y la filosofía de las matemáticas. 

 

 

 

 

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Gobierno, sociedad

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