[OPINIÓN] La diferencia entre sospechar que hay fraude y ser un fraudista propiamente tiene que ver con 1) la manera en que emerge la creencia en el fraude y 2) cómo se actualiza dicha creencia. Esta no es una definición estricta, sino más bien una serie de características a tomar en cuenta (basada en la teoría de Giulia Napolitano que discutí en esta columna). El fraudista cree, sin razón alguna, que se ha cometido un fraude. Además, rechaza de antemano toda evidencia que pueda corregir su creencia. En ese sentido, si una persona tiene más o menos buenas razones para creer en un fraude (es decir que su creencia se formó de manera racional), o está dispuesta a aceptar evidencia contraria, entonces no se le puede catalogar como fraudista.
¿Son fraudistas los votantes de Sánchez? En principio, no es irracional sostener la posibilidad de que el fujimorismo haya cometido fraude. Para comenzar, fueron ellos los últimos en hacer fraude en las elecciones peruanas el 2000. Peor aún, ¡hace solo 5 años Fujimori intentó cometer otro fraude! Los fujimoristas usaron el fraudismo para tratar de tergiversar los resultados de la elección, intentando anular actas que no los favorecían, inventando supuestos reemplazos de votantes, yendo hasta la OEA para reclamar, etc. Y lo peor, hicieron todo esto con el apoyo activo de toda la prensa tradicional. No solo eso, hace menos de dos meses el aliado del fujimorismo, el partido Renovación Popular de RLA, ha intentado también usar el fraudismo como herramienta para cometer fraude: han querido anular las actas de zonas rurales, han presentado una demanda de amparo para rehacer todo el proceso, etc. Incluso han llegado a forzar la destitución del jefe de la ONPE. Estos no solo fueron intentos políticos, sino que la gran mayoría de los simpatizantes de Fujimori y RLA apoyaron activamente estas iniciativas. En base a esto, no sorprende que varios votantes de Sánchez piensen que se está queriendo cometer un fraude en segunda vuelta.
Ahora bien, queda por verse si los votantes de Sánchez cumplen o no con la segunda característica (la de actualizar su creencia en base a la información correcta). Es claro que hasta ahora que no hay evidencia de que las autoridades electorales hayan manipulado esta segunda vuelta. Los organismos internacionales, si bien han llamado la atención por la cobertura sesgada de los medios tradicionales, han señalado también de que todo se ha conducido con tranquilidad y transparencia. Queda por ver, por lo tanto, cómo reaccionan los votantes de Sánchez frente a esto. Personalmente, sospecho que como esta vez no va a haber una maquinaria mediática que presione todos los días con la mentira del fraude, estas ideas van a ser abandonadas por la mayoría en los próximos días.
Esto no es un hecho menor o un mero tecnicismo filosófico. Por el contrario, sirve para combatir una tendencia penosa, a saber, la de querer igualar “los males” de la izquierda de Sánchez con los de la derecha de Fujimori y RLA. La prensa “neutral” debe tener esto en cuenta y usar las categorías con responsabilidad. El fraudismo de Fujimori fue el primer paso de un cargamontón que terminó en la vacancia de Castillo (bien vacado, por golpista, pero no olvidemos que dio el golpe para evitar que lo vaquen sin sustento). El fraudismo de RLA ha terminado de tirar al suelo la confianza de los peruanos en las instituciones. A ambos fraudismos se sumó bien contenta la prensa tradicional. Nada de esto se ha visto hasta ahora por parte de los votantes de Sánchez.
* Manuel Barrantes es profesor de filosofía en California State University Sacramento. Su área de especialización es la filosofía de la ciencia, y sus áreas de competencia incluyen la ética de la tecnología y la filosofía de las matemáticas.
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