Carla Sagastegui

El 28 de julio para una peruana

"Las mujeres sabemos que el futuro no resultó tan grande ni muy rica la nación, y que provoca muy poco identificarse con una tierra donde el machismo, la corrupción y la conveniencia son el pan de cada día."

Qué difícil para una peruana celebrar este año las fiestas patrias. Las fiestas patrias desde sus orígenes, allá por los tiempos de paz y corrupción del presidente José Balta (1871), nacieron para celebrar (y convencernos) de la orgullosa identificación que debíamos sentir con nuestro terruño, valiosísimo para una nación tan rica y de gran futuro. 150 años de fiestas patrias más tarde, las mujeres sabemos que el futuro no resultó tan grande ni muy rica la nación, y que provoca muy poco identificarse con una tierra donde el machismo, la corrupción y la conveniencia son el pan de cada día.

De qué se quejan las mujeres, comentarán algunos peruanos, si en lo que va del actual Congreso serán dos mesas directivas sucesivamente presididas por ellas (Maricarmen Alva y Lady Camones). Pero que sean mujeres, no borra o ignora que tal como ocurre en toda sociedad y a lo largo de la historia, tanto la discriminación y la corrupción como la lucha por conseguir la libertad de la mujer siempre han contado con líderes en ambos extremos. Es difícil, pues para una peruana, celebrar que las mujeres con mayor poder en el parlamento den prioridad a agendas de sesgada ideología de familia, que buscan reducir nuestros derechos sobre nuestros propios cuerpos, sobre nuestra capacidad para tomar decisiones, incluso cuando nuestras vidas dependen de ello.

Qué difícil celebrar fiestas patrias para una mujer peruana que ve que año a año, de las menores de 15 años, al menos más de mil quedan embarazadas y sin haberlo deseado. Difícil identificarse con un terruño en el que en tan sólo 12 meses se reportan 2007 mujeres adultas desparecidas (34 %) y 3897 niñas y adolescentes (66 %). Y más difícil aún cuando congresistas, hombres y mujeres, proponen no prevenir la violencia sexual contra esas niñas y adolescentes, sino dejarlas encerradas y dependientes de los familiares entre los que suele encontrarse el abusador de menores y el causante de la desaparición. Cuando prefieren enseñarles que la reproducción es el fin supremo de ser mujer y no el cuidado y afecto para su desarrollo. Cuando defienden al dictador que esterilizó contra su voluntad a miles de mujeres de zonas rurales del país.

Realmente, cómo celebrar que Pedro Castillo lleva un año en el gobierno, siendo absolutamente indiferente a estos temas. Cómo hacerlo cuando se descubre que su tesis de maestría con enfoque de género fue un engaño, cómo hacerlo cuando guarda silencio frente a cada ley contra la mujer decretada por un Congreso desbordado, cuando qué le importa la educación sexual integral, la tenencia compartida con abusadores, el cambio de nombre del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables.

Cómo celebrar cuando se descubre que muchas de estos congresistas estudiaron para ser profesoras de colegio, obstetras, abogadas. Cómo festejar a una patria en la que las profesoras –y por eso también el presidente Castillo– temen ser acusadas por las familias de incitar a las niñas al aborto, la pedofilia y la infertilidad. Una patria en la que el personal de salud utiliza sustento religioso para negarse a darle una píldora del día siguiente a una niña de tan sólo diez años.

Difícil celebrar la patria. Pero sí urgente y necesario celebrar a sus mujeres, a las que lograron la independencia, la del país y la suya; a las que luchan por los derechos para el país entero, para sus diversidades culturales, sociales, de género. A las niñas que se convirtieron en grandes y reconocidas científicas, a las campeonas deportivas, a las tejedoras, a las mujeres vulneradas que se organizaron y luchan por sus derechos, a las gestoras de las ollas comunes, a las profesoras que les enseñan a sus alumnas a ser libres y seguras, a las mujeres del centro de emergencia mujer que entendieron la empatía y se comprometieron, a la jueza que sí quiere acabar con la violencia de género, a la enfermera que defiende a las niñas, es a quienes sí debemos celebrar y que mejor que el 28 de julio para dedicárselo a tremenda independencia.

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