Carla-Sagastegui

Del Rincón quita calzón

"Castillo ha dejado en claro que ahora sí se siente dispuesto a responderle a la prensa tras meses de silencio que él justifica diciendo que se había visto muy afectado por cómo había sido maltratado por los periodistas durante la campaña electoral."

La Secretaría de comunicación estratégica de la Presidencia de la República siempre debe fortalecer el liderazgo político del presidente porque todo país democrático comprende que gobernar es saber hacia dónde lo dirigen. Un buen ejemplo peruano fue el de Martín Vizcarra, quien, desde el primer día del estado de emergencia, proyectó dar una conferencia de prensa diaria para informar sobre las medidas del gobierno para contener la expansión del coronavirus. Sus mensajes se realizaban en vivo alrededor del mediodía a través de la mayoría de canales de señal abierta y a través de una empresa de cable y Youtube. Acompañado del gabinete, el cual era presentado como el equipo que lideraba, Vizcarra se concentraba en explicar las medidas que se estaban tomando en función de las cifras y los últimos estudios. También explicaba las razones de los cambios de ministros y de las medidas que iban redimensionado la pandemia y las restricciones sociales. La estrategia era muy funcional: no tenía por qué responder él mismo a las preguntas de los periodistas, sino que las derivaba a los ministros especialistas, utilizaba un lenguaje muy claro y directo, e incluía la traducción simultánea en lengua de señas. En un contexto de muerte continua, crisis económica y sobre todo de incertidumbre, el traductor fue celebrado, pues transmitía directamente el mensaje de cuidado y solidaridad muy necesario en el momento. Apelar a la lucha y compromiso de todos, de pronto elevó la ciudadanía en el público que se acostumbró día a día a esperar las noticias que oscilaban entre el temor y la esperanza. Los periodistas entregaban previamente sus preguntas para responderlas de manera ordenada y se recogían algunas pocas del público por las redes. El poder ejecutivo alcanzó así, un claro dominio sobre la conducta de los periodistas que debían acatar las reglas establecidas para las conferencias. 

La iniciativa no era nueva en América Latina. En México, Andrés Manuel López Obrador la desarrolló durante el tiempo que fue jefe de gobierno de la Ciudad de México, entre los años 2000 y 2005, consiguiendo muchísima popularidad. Actualmente, mediante las conferencias llamadas las «mañaneras» (7 am), el gobierno anuncia los programas sociales, responde a los periodistas y da mensajes políticos a todo el país. Esta estrategia le ha permitido construir la popularidad que lo caracteriza, pero, sobre todo, dar instrucciones que con mucho ingenio le permiten construir la agenda política, de tal manera que la opinión pública y sus rivales políticos siempre deben responderle a él y no a la manera inversa, como, lamentablemente, parece estar ocurriendo con Pedro Castillo y sus malas relaciones con la prensa peruana e internacional. 

En las tres entrevistas, Castillo ha dejado en claro que ahora sí se siente dispuesto a responderle a la prensa tras meses de silencio que él justifica diciendo que se había visto muy afectado por cómo había sido maltratado por los periodistas durante la campaña electoral. Ahora, siguiendo a López Obrador, parece que ya no teme a las preguntas incómodas, no obstante, sigue manteniendo un victimismo que lo aleja simbólicamente de la postura del líder que se le reclama. Dice él estar aprendiendo a ser presidente, pero una de sus tareas debe ser discutir con su secretario de comunicación estratégica, su paisano Rodolfo Jaime Idrago, cómo encontrar una manera de contener a la prensa y marcar la agenda política del país. Que lo sigan vinculando con el terrorismo o matengan la presión sobre el caso de Karelim López, en lugar de que Castillo ponga sobre la mesa la corrupción universitaria, el narcotráfico, la salud del país o el bienestar de la población, es la razón por la que continúa bajando en las encuestas. 

Si el señor Idrogo quiere detener las entrevistas en las que los periodistas, por más famosos que sean, sólo se dedican a acorralar al presidente, debe investigar primero cuál es el sesgo mediático del medio del que provienen, y así evitar a personajes como Fernando del Rincón, cuya única fuente citada durante toda la entrevista no fue otra que el diario El Comercio, medio decidido a convencernos hasta hoy día que debe triunfar la vacancia. 

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Comunicación, Pedro Castillo, política peruana

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