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Todo en las manos del Congreso

"Luego de meses dormido, en las últimas semanas, el conflicto entre poder Ejecutivo y Legislativo ha escalado rápidamente."

Aníbal Torres puso sobre la mesa 2 cuestiones de confianza en las últimas semanas, con el objetivo de derogar 2 leyes aprobadas por este Congreso: la ley que regula justamente la cuestión de confianza, y la ley que aclara algo que ya está en nuestra Constitución: que toda iniciativa de referéndum debe pasar primero por el Congreso de la República. La primera cuestión de confianza no llegó a ser presentada, al parecer dado el consenso de que sería inconstitucional, y la segunda, también inconstitucional, no fue admitida a trámite por la Mesa Directiva. Al Ejecutivo no le importó, e igual interpretó este rechazo como una denegación, lo cual pone al Congreso en jaque ante la posibilidad de un cierre.

Está claro que la presentación de esta cuestión de confianza en las últimas semanas, no relacionada a una política específica de gobierno, es simplemente una herramienta de confrontación. ¿Por qué ahora? Hay distintas teorías: Torres ya se quería ir hace tiempo del premierato, pero no quería hacerlo sin debilitar al Congreso; la captura del jefe de la DINI es un punto de quiebre, pues van a aparecer pruebas concretas de los delitos de corrupción que acechan al presidente; o el avance de la posibilidad de suspensión en el Congreso hizo al ejecutivo reaccionar. 

Lo cierto es que- mientras el TC se demore en pronunciarse sobre la demanda competencial sobre la cuestión de confianza- el Congreso está contra la pared. El voto de confianza al gabinete Chávez, o una nueva CdC por la ley de presupuesto, son instancias en las cuales podría buscarse una “segunda denegatoria”, y cerrar el Congreso. El ejecutivo podría, adicionalmente, presentar otras cuestiones de confianza por temas diversos.

No nos engañemos: sea por quien sea que hayamos votado, o así consideremos que la oposición no sea mucho mejor, que Castillo cierre el Congreso es peligrosísimo. Sería un escenario en el cual el Ejecutivo quedaría sin contrapesos, gobernando por decreto, y dado su poco respeto por la Constitución, quién sabe qué más. Sin Congreso, el presidente no puede ser vacado así se prueben actos de corrupción o infracciones a la Constitución.

Está, entonces, todo en la cancha del Congreso, ¡y en no dejarse cerrar! El ejecutivo está jugando agresivamente sus cartas, y el Congreso debería hacerlo también, con mucho cuidado. Es verdad que el gabinete Chávez es uno de confrontación, pero denegarla la confianza sería jugar con fuego. Lo mismo con las cuestiones de confianza que se presenten próximamente: el Congreso puede aceptarlas, y luego debatir y modificar el contenido de estas, pero no rechazarlas, si no quiere ser cerrado.

Si bien esto parece obvio, el Congreso está lleno de incentivos individuales, y muchas veces, de reacciones más emocionales que racionales. Algunos Congresistas protegen su marca personal, o a su electorado base, que quiere ver mayor confrontación. Sin embargo, quienes valoran la democracia deben considerar que lo que nos separa hoy de un escenario posiblemente autoritario es justamente el Congreso, por lo cual más allá de los intereses personales, se debe pensar en lo que es mejor para el país.

El escenario de Castillo sin Congreso es un muy mal escenario para el país, solo los Congresistas pueden evitarlo. ¿Lo harán?

*Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con las de las organizaciones a las cuales pertenece.

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