Karen Bernedo - Sudaca.Pe

Medios y la urgencia del enfoque de género en la munda actual

Compraba algo para el desayuno y la bodega tenía la televisión encendida. El noticiero emitía un reportaje sobre Mayra Couto y sus recientes declaraciones acerca de la necesidad de educar con igualdad en las escuelas. Mientras pedía el pan, escuché que el presentador señaló: “Muy mal, Mayra”; y la vendedora, al tiempo que me entregaba la bolsa, me dijo buscando complicidad: “Esa Mayra está loca”.

 

Hace unas semanas, el Poder Ejecutivo presentó ante el Congreso el proyecto de ley sobre la organización y funciones del Ministerio de Educación. Dicho proyecto, que en teoría tenía como objetivo modernizar el sector educativo, omitió expresamente los enfoques de género y de derechos humanos. Frente a esta perniciosa modificación, se manifestaron diversos colectivos, grupos feministas, activistas y personas individuales de la sociedad civil (véase la “Carta por una educación con enfoque de género”).

 

La actriz Maya Couto también se pronunció al respecto y publicó en sus redes sociales un mensaje sobre el tema. En el video difundido, Couto señala lo siguiente:

 

“El colegio es el primer lugar donde somos seres sociales. Y es por eso que es vital que en estos espacios se aprenda con amor a respetar las diferencias, a respetar a los niños, las niñas y les niñes. Es por eso que es importante que la ley de organización y función del Ministerio de Educación aplique explícitamente el enfoque de género y los derechos humanos”.

 

Sus declaraciones desataron ataques, burlas y expresiones violentas de numerosos usuarios de redes sociales e incluso de periodistas locales. Fue llamada “retresede mentel” en un programa televisivo y tildada de “tarada” en reiteradas ocasiones en un artículo en el que también se sugirió que era bruta e histérica.

 

El Perú es un país en que los índices de abuso sexual infantil en hogares y aulas son elevados y en que a diario desaparecen niñas y se asesinan y golpean mujeres. Es un país en que los estereotipos que aprendemos en la escuela atraviesan las formas de relacionarnos en nuestra vida adulta. En este contexto, cabe preguntarse por qué Mayra Couto fue humillada por medios de comunicación y en las redes sociales de esa manera tan grosera y violenta. ¿Qué fue lo terrible de sus palabras?

 

A finales del siglo XIX dos distinguidas escritoras peruanas, con las que la historia y la literatura nacional tienen una enorme deuda, propusieron que la educación fuera laica. Ambas, además, expresaron ideas a favor de la emancipación de la mujer, asumieron públicamente posiciones políticas de avanzada y revalorizaron la cultura indígena.  Me refiero a Clorinda Matto de Turner y a Mercedes Cabello de Carbonera, conocidas como las ilustradas, mentes brillantes, pero incomprendidas y, muchas veces, marginadas, atacadas e insultadas por sus contemporáneos.

 

En El Chispazo, semanario de sátira limeño, el periodista y escritor Juan de Arona (seudónimo de Pedro Manuel Nicolás Paz Soldán y Unanue) usó sus columnas para castigar la insolencia y osadía de esas dos mujeres que se atrevieron a expresar sus ideas en la esfera pública. Después de la publicación de Aves sin nido, a Clorinda Matto, Juan de Arona la llamó “marimacho”, “opa”, “vieja jamona”, bruta y alcohólica. También hizo alusión a su origen andino y la calificó como “tea Clorenda”. A Mercedes Cabello, luego de que ella obtuviera el concurso internacional del Ateneo de Lima, con su novela Sacrificio y recompensa, la apodó como “Miercedes Caballo de Cabrón-era”.

 

La antropóloga Marcela Lagarde habla del “mandato de género” para referirse a los roles que cultural e históricamente se han asignado a mujeres y hombres en la sociedad. Mientras el liderazgo y el protagonismo público están asociados a lo masculino; la sumisión y lo doméstico, a lo femenino. La trasgresión de estas normas, dice Lagarde, es objeto de castigo.

 

En un extremo están los castigos al cuerpo como son los feminicidios, la violencia sexual y doméstica, así como las constantes justificaciones que culpan a las mujeres de esas violencias. En otro, los castigos a las mujeres que reclaman un espacio en el mundo; en las letras, la política, la educación y la esfera pública. Con estas mujeres trasgresoras, ya no se argumenta ni se debate, simplemente se las tilda de locas, histéricas y brutas.

 

De este castigo no se libraron las escritoras mencionadas. Los intentos por silenciarlas fueron extremadamente violentos. Clorinda Matto de Turner fue perseguida y obligada a exiliarse. Ejemplares de Aves sin nido y El Perú Ilustrado, en donde ejercía la jefatura de redacción, fueron quemados en actos públicos. Mercedes Cabello de Carbonera falleció encerrada en un manicomio en el silencio y el olvido.

 

Más de un siglo después, el mandato patriarcal sigue condenando y hostigando a las mujeres.  Los insultos a Mayra Couto son la estrategia para que no se atreva a levantar la voz nunca más. De lo dicho por ella, solo se ha recogido su uso del lenguaje inclusivo para denostarla. Sin embargo, con este lenguaje, Couto está reconociendo la identidad de los niños trans, cuya existencia es una realidad mundial. Medios de comunicación instalan masivamente la opinión de que está “loca” y, sin embargo, si analizamos sus palabras, lo señalado por ella es totalmente coherente, urgente y necesario.

 

Una educación con enfoque de igualdad de género es indispensable para combatir los estereotipos sobre la mujer, el machismo y para erradicar la violencia contra las mujeres. Instituirla en las escuelas es fundamental, porque promueve el respeto a las diferencias, contribuye a reflexionar sobre las prácticas sexistas y discriminadoras que ubican a las mujeres en una posición inferior frente a los hombres.

 

Queremos más Clorindas, Mercedes y Mayras, menos Juan de Aronas y machos abusivos en los medios de comunicación y las redes sociales.

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