Raul-Leon-Thorne

Necesitamos acabar con el embudo para comenzar a salir de la crisis política

La corrupción ha ido copando desde hace mucho tiempo los partidos políticos. Hoy el copamiento es casi total. Los partidos se han convertido en organizaciones de tráfico de intereses económicos, mas aún, muchos de ellos y sus directivos están siendo acusados por las fiscalías como organizaciones criminales. 

La corrupción está tan normalizada en nuestra sociedad, sobre todo en la política, que convivimos con ella sin sorprendernos de los escándalos diarios que los partidos realizan.

Se acabaron las ideologías, se acabó la defensa de los principios, se acabó el firme deseo de contribuir con el propósito de un país mejor para nosotros y nuestros hijos. Ahora sólo interesa la plata, la coima, la ley o reglamento que beneficia nuestras actividades económicas, en muchos casos actividades económicas delictivas.

Esto hablando en el terreno legal. En el terreno moral estamos mucho peor.

A los partidos no les interesa convocar a los mejores, no les interesa hacerse de gente correcta y capaz de contribuir con el país. A la gente honesta ni se le ocurre intentar participar, qué podrían hacer conviviendo con todos los Alí Babas y sus 40 (400) ladrones.

Lo más dramático es que nuestra legislación electoral le garantiza el éxito a alguno de estos Alí Baba. En las últimas elecciones nos vimos obligados a escoger entre el pésimo y el peor porque la ley electoral, como está hecha, le garantiza el éxito a uno aun así la mayoría no quiera a ninguno.

El voto en blanco, el voto viciado y el no voto que son la expresión de rechazo no valen nada. Peor aún, en la segunda vuelta donde estás prácticamente obligado a escoger la desgracia menor.

Es como la ley del embudo. Tenemos que liberarnos de esta ley del embudo o por lo menos voltear el embudo a favor de las grandes mayorías.

En la práctica sería muy fácil. ¿Cómo? Dándole valor al voto en blanco y viciado.

Que los candidatos puedan ganar sólo si, si todos juntos, reciben al menos un porcentaje importante de los votos totales emitidos. Si entre todos no llegan a un mínimo la elección se repite, salvo que uno supere un mínimo. En ese caso se hace una nueva elección para completar el Congreso.

De esta manera si te compras un partido, si te compras un vientre de alquiler, si te compras varios o todos los partidos, o porcentajes de ellos (los delincuentes saben unirse en bandas) ya no tendrás la garantía cobrar tu recompensa al final del proceso.

Si estás obligado a convencer a una verdadera mayoría de peruanos no te bastará con una pobre (ínfima) calidad de tus ofertas electorales ni con los pésimos personajes que nos ponen al frente. La oferta tendrá que mejorar cualitativamente, humanamente.

Ahora el embudo estaría en el sentido correcto. Para ganar tendrías que ofrecer algo bueno. Tendrás que incorporar pedidos y reclamos válidos de la sociedad, así como personas adecuadas para resolverlos.

La única manera de lograrlo será a través de un gran movimiento independiente que incluya millones de voluntades independientes que le pueda exigir al  actual Congreso que sancione una nueva ley electoral con estas condiciones.

 Charles De Gaulle, gran patriota y político francés, sostenía que es preferible una democracia sin partidos pues las autoridades deben someter su lealtad a la nación y no a sus partidos.

En el Perú de hoy podemos sostener que la democracia no es viable si las autoridadeles deben su lealtad a sus bolsillos.

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corrupción, Gobierno, sociedad

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