Mishima, y la literatura en los tiempos políticos

"Un repaso sobre nuestra realidad social y del legendario escritor que hiciera un golpe de estado, y que al fracasar diera fin a su vida con un harakiri."

Este columnista recurre a la literatura ante estos días tan aciagos y de mucho dolor. Encontrando en los libros un modo para poder calmar sus pesares por lo que sucede en nuestro país. Y qué mejor que adentrarse en los párrafos mágicos de la literatura, y de uno legendario y hoy pluma de culto, como Yukio Mishima. El escritor que hiciera un golpe de estado. Y que terminara su vida al fracasar a unos pocos minutos clavándose una daga, en un ritual de redención japonés, el seppuku (harakiri). Y del que justo cumpliera un onomástico hace unos días, y que fuera razón para dar unas vueltas por Quilca, a buscar algunas otras “joyitas” de este mítico autor. Que eclipsado por su vida despampanante, de ostendidades, arte y lujuria. Pues fue un dandi y un hombre que más allá de los lineamientos políticos fue fiel a su leyenda. ¿Qué mayor virtud que eso ante el “Pabellón de oro” de los artistas? El de ser leal a sus principios. Que bien o mal, enaltece un valor que trágicamente hoy por hoy es tan tristemente menospreciado, como es la lealtad. Pero también de esto, uno podría partir de una premisa hasta existencial: ¿Hasta dónde llega el sentido humano ante el arte y la política? Y que de alguna forma hace un eco en nuestra realidad. Pero primero, habrá que adentrarse en sus obras. Y en eso de la novela que lo inmortalizara: “Confesiones de una Máscara”. 

Como todo gran artista y desde luego, una obra maestra – y qué mejor que uno autobiográfico-, desmantelara la caja de pandora de la sociedad de sus tiempos, mostrando lo que muchos no querían ver o preferían negar. Y él lo haría, ante una conservadora Japón de mitad del siglo pasado (1949), donde aún quedaban fuertemente en sus vientos los rezagos desgarradores de la segunda guerra mundial. Y del fracaso de un Japón que él nunca pudo aceptar. Sobre todo al hecho de la occidentalización, que ciertamente comenzarán décadas atrás, en el Periodo de la era Meiji, pero que se consagrará después de este hecho histórico. Y sucede todo esto dentro de la piel de Kochan, su alter ego. Persona hipersensible que crece en una sociedad carcelaria de moralidades hipócritas. Y de a poco, descubriría su inclinación por la homesexualidad. Y del que por medio del arte del San Sebastián – y que quedara del autor una foto icónica para la historia- del insigne del Barroco italiano, Guido Reni, descubriría casi hipnotizado esa atracción sin poder mentirse a sí mismo. Dentro de esto, sujeto a sus fantasías y sueños, va en cada párrafo sacando esa máscara que a sus 24 años lo mostraría abiertamente a la sociedad japonesa que quedaría escandalizada.

Pero también dentro de sus cuentos se verían otros matices propios de Kimitake Hiraoka (nombre de nacimiento). De su lucha a las etiquetas, como de su humanización. Dentro de esa genialidad tan brillante, como también el insondable apego a la muerte y a su vez a la desolación que parece estar siempre latiendo en sus letras, como en “Muerte en el Estío”. O ese premonitorio y honorable relato, “Patriotismo”, donde muestra la convicción del hombre a sus principios y a la lucha a la que fue encomendado, y donde anticipa el ritual con que daría fin a su mito en la tierra. Y es que si hablamos de Japón, también hablamos del país de la moral. Y como alguna vez Kawakami Gensai, hoy reconocido por el entrañable anime, Samurai X, mostrara antes de ser ejecutado, entregando este profundo haiku de despedida para su emperador y la historia de espadachines en la posteridad: “Me muero por ti, volveré a la tierra, creceré y haré florecer flores rojas. Pienso en ti y muero por ti, espero y sueño ser útil para ti y que seas útil a la sociedad. Lo supe. No viviría mucho, pero mis pensamientos sobre ti vivirán para siempre”.

Es aquí que como lector y analista político me pregunto, hasta dónde puede llegar la convicción política a definirnos como hombres dentro de nuestra sociedad. Y ad portas de un acontecimiento político importante, al que se le está llamando como “La toma de Lima”, me queda simplemente decir esta frase de este extraordinario escritor: “Es absolutamente erróneo suponer que los demás están en condiciones de comprender nuestros sentimientos más profundos”. Y ese otro Perú parece, de alguna manera, decirnos esto.

Al final la esencia de una flor pierde su brillo en esta vida terrenal. Pero algunos pocos quedan para la eternidad, y uno de ellos fue sin duda el último samurai, Yukio Mishima.

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