Parodi, Aldo

Por un decálogo de principios

“¿Será que estamos tan concentrados en nuestras posiciones dogmáticas que no podemos ponernos de acuerdo en respetar al prójimo, ser inflexibles con la corrupción y ser solidarios con los que menos tienen?”

El Perú está viviendo, desde hace ya algunos lustros, una polarización política tan absurda que ha llevado al poder no solamente a un improvisado grupo de incompetentes, sino también, a una probable y organizada banda criminal liderada por el propio presidente de la república, según la teoría de la fiscalía.

Es pues, momento de dar un paso atrás, salir de este bosque húmedo, sinuoso y oscuro, y hacer una auténtica autocrítica de lo que estamos haciendo y hacia dónde nos está llevando.

Una primera reflexión nos debe orientar hacia el tipo de sociedad en la que queremos vivir y aceptar nuestra realidad, donde existen brechas importantes que impiden un desarrollo equitativo de las personas, pero, además, consensuar en las políticas públicas que trasciendan gobiernos de diferentes tendencias ideológicas, para poder ir reduciendo esas brechas de manera sostenible y medible.

Sin embargo, para poder llegar a ese momento cumbre, casi utópico, de ponernos de acuerdo en ejes temáticos consensuados para el desarrollo económico y social del país, debemos primero estar de acuerdo en los valores y principios que nos unen. Así como los 10 mandamientos expuestos por Moisés fueron el marco moral del desarrollo del cristianismo, hace falta en el Perú, un líder o una lideresa, que, con el apoyo de la sociedad civil, pueda mostrarnos ese camino a través de un decálogo de valores y principios que integre, en una misma visión de país, a la mayoría de los ciudadanos.

Mientras buscamos ese liderazgo no solamente entre los actuales políticos, sino también entre los actores de la sociedad civil preocupados por la crítica situación que vive el país, propongo en esta primera reflexión, tres principios en los que difícilmente podemos estar en desacuerdo.

Un primer principio fundamental es el respeto al prójimo, a sus sueños, a su libertad de escoger su camino, a sus creencias, a sus amores, sin discriminación de ningún tipo. Así, respetando este principio, nuestras propias creencias y opciones serán, a su vez, respetadas por los otros.

Otro principio fundamental es la inflexibilidad con cualquier tipo de corrupción, lo cual lamentablemente en nuestro país, se puede ver como un imposible, pero esa es la visión a comprometerse. Para poder caminar hacia una sociedad donde no exista o sea mínima la corrupción, debemos empezar por nosotros mismos a, por ejemplo, no pasarnos la luz roja, no ofrecer coimas a nadie, denunciar a los que nos las piden, a formalizarnos y pagar nuestros impuestos, a indignarnos por evidencias de corrupción gubernamental y a exigir sanciones.

Un tercer principio es la solidaridad y empatía con aquellos compatriotas que requieren más ayuda para que puedan cumplir sus sueños. Para ello, y dentro de una economía social de mercado, se requiere que los emprendimientos privados exitosos vean más allá de sus justas ganancias y puedan invertir en el desarrollo de su comunidad, a través (por ejemplo) de obras por impuestos u obras sociales, donde una empresa podría financiar una olla común. A su vez, el Estado, principal responsable de cerrar brechas, debe brindar servicios de calidad en educación, salud, seguridad y justicia, que, junto a los programas sociales, permita en todos los compatriotas cierta equidad en la oportunidad de su desarrollo y en su búsqueda por un mayor bienestar.

¿Será que estamos tan concentrados en nuestras posiciones dogmáticas que no podemos ponernos de acuerdo en respetar al prójimo, ser inflexibles con la corrupción y ser solidarios con los que menos tienen?

Los peruanos estamos cansados de las posiciones extremas y de las pugnas constantes. Ahora que nos enfrentamos no solamente a una crisis económica y a la endémica deficiencia de los servicios del Estado, sino, además, a una posible banda criminal en el gobierno, no podemos quedarnos sentados como espectadores de un mal circo romano. Debemos bajar a la cancha, abrazarnos en principios y valores, y encontrar los consensos que nos lleven a un desarrollo con paz y bienestar.

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Estado, Perú

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