Daniel Parodi

Al día siguiente de mañana

"Lo único que hemos tenido en doscientos años de política peruana republicana ha sido, en el siglo XIX, caudillos con Congreso, en el siglo XX dictadores militares, y en el siglo XXI, de nuevo caudillos con Congreso. Nos estamos reencontrando con una vieja historia, aquí nadie está inventando la pólvora".

Atónitos, la mayoría de los analistas coinciden en una perogrullada: nos hemos acojudado, no hay reacción, el espiral descendente es incontenible. Desde la historia no es tan sorprendente. Jorge, lo que pasa es que hemos vuelto al XIX, pero a los historiadores no nos entienden, y seguirán echándole recetas coyunturales a problemas que sólo sanarán con una revolución que nunca vendrá. 

Lo que vivimos no es una crisis, es un país que se ha vuelto a encontrar con sus bisabuelos en la dimensión desconocida. Como ahora, en el XIX no teníamos partidos políticos, ni políticos tampoco, bueno, algunos sí, y muy cultos hay que decirlo. El XIX fue un mix posmoderno, espectacular, Ramón Castilla sólo sabía de guerras civiles, pero lo asesoraba Bartolomé Herrera, un obispo preclaro, harto conservador, le llegaban altamente la democracia y el credo liberal. Por eso, sin proponerse ninguna transformación, al contrario, administrando lo que éramos, con la cruz en una mano y la espada en la otra, creó las condiciones para que el caudillo más cuartelero del siglo XIX se invente un Estado allí donde no existía. Contó eso sí, con harto guano y con billete a manantiales para hacerlo, pero venció a la anarquía, por 17 años, pero la venció.

Después se fue Castilla, se fue el guano, se fue la plata y volvieron las guerras civiles que ni Manuel Pardo, el único republicano del XIX, con su Partido Civil, pudo detener. Al contrario, dejó al país con los tratados vecinales y la falta de defensa militar perfectas para perder una guerra, pero una de verdad, la que perdimos con Chile, pues. 

Pero Jorge, el XX es diferente al XIX, por el APRA, pues. Sí, jódeme de aprista otra vez, pero no es eso, por el APRA y los partidos políticos, después Acción Popular, la DC, el PPC, y por los líderes de esos partidos, y por la talla de caudillos-estadistas de esos líderes: Haya de la Torre, Belaúnde, después Bedoya, hasta a Cornejo Chávez, Luciano Castillo, o Alberto Ruiz Eldredge los quisiéramos ahora en el fango congresal, aunque ellos pedirían a gritos volver a morirse. 

Pero no nos engañemos Jorge, los partidos políticos no construyeron nada, o casi nada. Claro, igual el siglo XX transitó por acá y nos llenamos de derechos de los que casi nadie es consciente. El Perú siguió su vida en paralelo, siempre hemos preferido códigos de la calle, que todos conocen, pero que no están escritos en ninguna parte.

El siglo XX no fue el siglo de los partidos políticos porque fue el siglo de las dictaduras militares Jorge, las pro-oligárquicas, las antioligárquicas y la de Fujimori; por eso aquí nunca se fundó una democracia formal de partidos gobernando y alternándose el poder. Lo único que hemos tenido en doscientos años de política peruana republicana ha sido, en el siglo XIX, caudillos con Congreso, en el siglo XX dictadores militares, y en el siglo XXI, de nuevo caudillos con Congreso. Nos estamos reencontrando con una vieja historia, aquí nadie está inventando la pólvora. 

El telón de fondo de 200 años de república sin democracia -a ver quién desata el nudo de este oxímoron- es la execrable corrupción de casi todo aquel que se acerca al Estado. Desde Francisco Pizarro, Jorge, ese siempre fue el rol del Estado en el Perú.  Los tratados y leviatanes son para otras latitudes. Aquí nada ha cambiado, Jorge, aquí al joven Haya no lo dejaron hacer su revolución y después ya no quiso hacerla; cuando Mariátegui se nos fue no se había decidido a realizarla, y la de Velasco demostró cuanto sabe nuestra sociedad eso de transformarse mucho para no cambiar nada. ¿Por eso la anomia? ¿ha triunfado finalmente el roba pero hace obra

En cada lectura de El Quijote, en la misma página, nuestro romántico caballero la emprende contra los molinos de viento y es derrotado, pero vendrán nuevas y nuevas lecturas de la misma novela, Jorge. 

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