fabrizio Ricalde

Jurassic World o cómo crear una secuela cínica para coger dinero

"Jurassic Park trae de regreso viejos rostros que no logran salvar a un innecesario gasto de recursos sin alma."

Hace tres décadas, se contó una historia fascinante. Un millonario intrépido creó un parque de diversiones lleno de dinosaurios. Seres de carne y hueso, creados en un laboratorio a partir de trabajo genético con restos arqueológicos. Luego el millonario llevó a un par de niños y un par de arqueólogos a comprobar lo maravilloso de su creación. Pero ningún humano puede controlar lo salvaje. 

Ese Tiranosaurio Rex y esos velociraptors causaban pavor. Jurassic Park hizo millones de dólares en taquilla, fue de hecho la primera película en llegar al billón antes de Titanic. En un mundo con más gente y más consumo como el de ahora, todavía se mantiene entre las películas más vistas. Y luego, para explotar la marca, se crearon parques temáticos reales y mucho merchandising. 

Una cultura amante de los dinosaurios se creó entre millones a partir de Jurassic Park. Como nunca antes, ese producto dinosaurio se vio real, cercano, posible. Jurassic World, a pesar de tener como premisa llevar a los dinosaurios al mundo real y no a una isla desierta, vaya contradicción, los aleja como nunca de la humanidad. Cinco películas después, ya nada queda de todo ello

Dominion es un tostón insufrible. La ex gerenta del parque de diversiones 2.0 creado para esta saga, luego convertida en una ambientalista pro-salvar a los dinosaurios de una “nueva” extinción y ahora una ama de casa fugitiva de la sociedad en búsqueda de proteger a una niña clón, se embarca a un nuevo super villano: Steve Jobs. O bueno, un alter-ego de Steve Jobs fanático de los genes.

A ella se le suma un domador de velociraptors, luego rescatista de dinosaurios de la extinción volcánica y, finalmente, padre de familia fugitivo de la sociedad, que ahora nos enteramos que había sido militar. También, una nueva heroína, ex piloto de avión de guerra, luego traficante de humanos, rápidamente arrepentida y convertida en rescatista de aquella humana a la que traficó.

Basta, esto se está saliendo de control. La historia no es tan complicada. En el fondo es solo cómo una nueva empresa ambiciosa decide poner a los dinosaurios en medio de ¿Groenlandia? en donde, entre montañas nevadas, hay un oasis ¿natural? donde podrán conservarlos sin contacto con la sociedad. Porque hoy los dinosaurios deambulan por el mundo y, como no son muchos, los humanos siguen siendo la especie superviviente. 

No. Esta película se trata realmente de otra cosa. 

El origen de su creación es de cómo muchos creadores de franquicias no lo quisieron ser en primer lugar, y se encuentran con una trilogía – o en este caso, dos trilogías – por el ánimo de lucro. Michael Crichton escribió Jurassic Park en 1990 y la novela fue integramente llevada a la pantalla. Con el éxito en cines, escribió otra, que fue una continuación ya menos lucida que la original. 

Esas películas, sino solo la original, ganó Oscars y representó el espíritu del mayor creador de mundos cinematográficos del último siglo, Steven Spielberg, en una innovadora y escalofriante, pero con un gran corazón, obra del cine. Para ser justo, la primera Jurassic World estrenada en el 2015 era necesaria. Valía la pena ver cómo alguien domaba raptors bebes y los intentaba salvar en vías de un parque jurásico en plena era digital, con smartphones y pantalla táctiles.

Dominion, esta nueva y ojalá última entrega, tiene que introducir una serie de líneas narrativas adicionales para explicar la crisis de su premisa. Ya no solo es un problema de dinosaurios creados en laboratorios. Ahora también es un tema de usarlos para curar enfermedades humanas, clonar humanos, crisis alimentarias, dinosaurios entrenados para matar (¡con lo fácil que es!) y caos político global. 

Y entonces, este es un café cargado improbable. Inverosimil. Y por si no fuera poco ya con los tres personajes antes nombrados y una niña inquieta, los creadores han decidido traer de vuelta al casting noventero para salvar el caos. El narrativo, quiero decir. Pero los personajes de Jeff Goldblum, Laura Dern y Sam O’Neill (¡vaya leyendas!) se han convertido en seres más unidimensionales que nunca. Resulta tonto pensar que aquellos que huían a duras penas de una isla plagada de dinousarios, hoy sean más bien los encargados de salvar al mundo. Simplemente, no fueron escritos para eso. 

Y el guion está pegoteado como sea. No es una narrativa, es una serie de secuencias independientes pegadas con baba entre ellas donde todo corre a la misma velocidad: las personas, los carros, los raptors, los aviones y lo que usted se imagine. No hay casi diálogos y más bien hay demasiada pantalla verde que es dificil imaginarse cómo los actores supieron, grabando las escenas, de qué se trataba todo este espectáculo. 

Pero lo más absurdo es que, después de seis películas con más de diez horas en pantalla grande, estos guionistas resuelven toda la historia a partir de un personaje que solo vemos en esta última película, a través de unos video-cassettes del pasado, y la cuál no nos importa en lo absoluto. Parece que Jurassic Park no era realmente sobre dinosaurios, sino sobre científicos queriendo lidiar con la genética, y el desbalance que originaron.

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Cine, Jurassic Park, Jurassic World

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