fabrizio Ricalde

La Chica Salvaje no es la película romántica que esperas

"Oculta en un empaque absurdo, La Chica Salvaje es una historia sobre la lucha por una sociedad menos o nada misogina. Y se deja ver."

Kya es una chica de campo, enamorada de la naturaleza, en una gran disyuntiva sobre si seguir esperando al gran amor de su vida o conformarse con el chico del momento. La primera opción se fue a la gran ciudad luego de algunos veranos lindos de descubrir la naturaleza, los libros y la música romántica. La segunda alternativa es el típico rebelde, creído, egoísta adolescente de pueblo sureño estadounidense. Ninguna opción parece segura. Ella deberá elegir al mejor.

No, de esto no se trata La Chica Salvaje. 

Las distribuidoras en latinoamérica están obsesionadas por ponerle títulos, slogans y trailers románticos a cualquier película con unos cuantos actores salidos de catálogos de Vogue en 1980. Quizás lo hacen porque es una mejor manera de vender estas historias. Quizás haya algún estudio de mercado avalando esta distorsión. Quizás el peruano solo consuma historias de mujeres cuando estas se enamoran de los hombres.

Pero La Chica Salvaje no es otra de esas películas. 

Where The Crawdads Sing (Donde Cantan las Langostas) es el título origen de la novela de Delia Owens. El libro sirve como inspiración a esta película. Cuenta la historia de una mujer abusada desde niña por múltiples hombres. De hecho, acosada por toda una sociedad machista en el sur profundo, conservador y misogino del gran Estados Unidos. Es abandonada por su madre, también agredida por hombres, y dejada a su suerte por todos sus cuatro hermanos.

Destinada a vivir parte de su infancia sola con su padre, un alcohólico desempleado hombre de rancho, sobrevive en el campo mirando las estrellas y entendiendo la naturaleza como única distracción. Nunca fue más de un día al colegio, su alimentación es apenas simbólica, y se cría alejada de la gente, aislada por su padre que teme perderla también a ella. Luego él también la deja. Ella entonces crece en su adolescencia en la completa soledad, manteniéndose viva al venderle moluscos frescos a una bodega local. 

La Chica Salvaje suena a una película de terror dirigida por Jordan Peele. Pero la historia original de Kya adquiere sus tintes románticos cuando, mientras curza la juventud, se cruza con Chase y Tate. Ellos son dos jóvenes apuestos, uno noble y otro cazador. Uno de los dos termina muerto al caer a los pies de un mirador. Entonces todo el pequeño pueblo pone los ojos en Kya como la asesina. Cómo no podría ser ella, la chica del pantano, la paria, la rechazada y abandonada, que se le ocurrió enamorarse de un hombre normal. La enjuician en prisión.

Esta es una película sobre abandono de niños, violencia doméstica, violación sexual, pobreza agobiante, y el sistema judicial corrupto y segregador de Estados Unidos en los sesenta. Y sí, la historia cuenta toda esta realidad. Pero el lenguaje que utiliza, verbal y estético, no representa lo que está pasando. Para una historia así, la elección de la directora Olivia Newman de mantener unos colores encantadores pastel es un arrebato desolador, una oportunidad perdida.

Newman retrata a la chica del pantano con un maquillaje impecable. Está siempre inmaculada, con un peinado cortorneando su rostro, ataviada con vestidos de verano en bordado inglés que fluyen con el viento. Su cabaña parece haber sido delineada por un diseñador de interiores, con muebles salidos de Crate & Barrel, y el pantano en sí mismo es filmado siempre en la hora dorada de la puesta del sol y con caribeños mares azules. Cualquiera que haya viajado por Carolina del Norte podrá recordar rasgos de belleza, pero no de esta inquestionable hermosura.

En lugar de ser un personaje atrapado en una tragedia casi de suspenso, Kya está encerrada en un universo paralelo, coreografeado por un desacertado video musical de Taylor Swift. Los diálogos parecen haber sido escritos con la armonía de un sacerdote. El mundo de nuestra protagonista no tiene dientes ni crudeza alguna, la estética rutinaria de cualquier película post-The Notebook. Parece, en resumen, haber sido creada por un comité de Instagrammers. 

Aun con todo ese decorado, que por supuesto favorece a los distribuidores de películas en América Latina para vender esta película como una desgarradora historia de amor, si le quitamos todo el maquillaje, La Chica Salvaje logra transmitir el mensaje de su fuente literaria original. Puede que todo el rimmel y los polvos impida incluirla en la lista de películas promoviendo el movimiento para la erradicación del abuso contra las mujeres. Pero para aquellos capaces de leer entre líneas, sentirán el hastío hacia unos hombres criminales y la moraleja proactiva de una mujer entregada a la supervivencia en un entorno que solo pretende oprimirla.

Por desgracia, esta historia perfecta para ir al cine, ha sido demacrada y prostituída. Le han extraído toda la esencia y la han convertido en algo tan banal y sin sabor como una frío tronco en medio de la ciénaga. Hay mucho por rescatar, aún así, si uno elige consumirla con el sentido correcto.

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