Juan Carlos Tafur -Columna

La pachocha de Castillo

“Un signo distintivo de este gobierno es la pachocha ejecutiva, no se deciden las cosas rápidamente, se procrastina y se deja todo para más adelante, se dan vueltas y revueltas a las discusiones internas”

Resulta pasmosa la lentitud del presidente Castillo para tomar decisiones que no son tan complicadas de activar ni ameritan un profundo periodo de reflexión.

El caso del secretario de Palacio, Bruno Pacheco, debió haber sido resuelto hace más de una semana, cuando se conoció su irregular injerencia en los ascensos militares.

A la fecha, la premier, Mirtha Vásquez, y el ministro de Economía, Pedro Francke, han señalado que el referido funcionario debería dar un paso al costado, más aún si se tiene en cuenta información posterior que vincula al citado secretario en intentos de trasiego a favor de un contribuyente ante el jefe de la Sunat, como revelara el portal Lima Gris.

El presidente Castillo no parece ser consciente de que este caso es aún más tóxico que el que ha afectado a algunos de sus ministros (como el recientemente renunciante, Walter Ayala), porque se trata de alguien de su entorno más íntimo, de su entera confianza, y que conforme pasen los días sin que tome una decisión, la responsabilidad del referido funcionario empieza a convertirse en complicidad del Primer Mandatario.

Un signo distintivo de este gobierno es la pachocha ejecutiva, no se deciden las cosas rápidamente, se procrastina y se deja todo para más adelante, se dan vueltas y revueltas a las discusiones internas, se crean sinfín de comisiones de trabajo y mesas de diálogo, en suma, no se activan decisiones ni se avanza.

El caso Pacheco no es sino un síntoma de una peculiar característica de este gobierno, que flota, que navega en piloto automático y que no parece ser consciente del año tormentoso que se avecina, con la sumatoria perfecta de crisis sanitaria (tercera ola), económica (la inversión privada va a estar por los suelos), crisis política (por el desgaste del gobierno) y crisis social (por la proliferación de conflictos), el mismo que va a merecer acciones rápidas, decisiones ejecutivas, golpes de timón ante el cambio de las circunstancias, etc.

Un gobierno lento y dubitativo, puede ser un lujo que se permitan los países nórdicos o muy desarrollados, cuyas instituciones funcionan sin necesidad de voluntarismos personales, pero en un país como el nuestro, con un Estado burocrático, que de por sí no se mueve si no es a punta de empellones, la morosidad gubernativa trae consecuencias nefastas.

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Bruno Pacheco, pcm, poder ejecutivo, Presidente Castillo

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