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Redescubriendo a fragil, un 28 de julio

UNO

Pelo ensortijado, bigote frondoso a lo mexicano y cara pintada (para darle mayor expresividad a su performance). Este Frontman ochentero miró a la multitud y se lanzó a cantar a capella. Lo insólito, fue que no empezó cantando uno de sus hits. Entonó el Himno Nacional. Nos quedamos cojudos, mis amigos y el que suscribe. Y eso es difícil. Porque, cuando tienes veinticinco años, crees tener todas las respuestas. Eran las 4pm y Frágil, empezaba su actuación de esa manera. En aquellos lejanos noventa, aun la Feria del Hogar, era lugar de encuentro para los que deseaban encontrarse con el Evangelio del Rock Peruano.

DOS

“¿Quién es el ángel guardián que descorre su capa cuando yo duermo?
¿Cuándo mi espíritu vuela cómo no me caigo yo en un infierno?
¿Cómo camino descalzo donde solo hay piedras incandescentes?
¿Dónde quedan las cadenas que me atan al mundo y quién las tiene?”

 Pastas Pepas y Otros Postres – 1981

La garúa miserable del invierno limeño de 1981. Enfundado en mi uniforme color gris-rata, camisa blanca y pelo corto. Junto con mis compañeros de Secundaria nos juntaban, a las 7:00 am en punto, para cantar el Himno Nacional y saludar a la bandera. Religiosamente todos los lunes. Creo que era uno de los momentos que más detestábamos. Mis hermanos y yo habíamos descubierto el 74 el Rock, y lo cobijamos sin contemplaciones. En especial, el rock británico.

Pero ese año sucedió lo impensado. Visualizando una noche,  la caja boba, descubrimos a Frágil. Nos quedamos anonadados con su video, y el hecho que cantaban en castellano. Pegó de inmediato y la canción matriz estuvo entre las más requeridas. Andrés, era el vocalista y compositor, y en que se fijaban todas las miradas. Rock progresivo, que fagocitaron de grupos ingleses setenteros como Yes, una letra subyugante y extravagantemente poética; armaba el puzzle ideal. Frágil se sumaba a nuestro Playlist ochentero.

TRES

“Nació producto de esta inmensidad
Siniestra sociedad
Engendro extraño pero muy normal
Echó a saltar y dijo ya no hay más
Camino sin razón
Es casi como toda destrucción”

Inquietudes – 1990

  • Hola soy….y deseo conversar con vos. Soy fanático de Frágil. ¿Sería posible?
  • Claro, vente el sábado al mediodía. Toma nota de mi dirección….

Era la mañana de un día primaveral de 1991. Salí temprano de casa (vivía en el culo del mundo) y llegué a Barranco a la hora acordada. Toqué la puerta y atendió una mujer joven, sumamente agraciada.

  • Ahora sale, espéralo un momento. Toma asiento.

Era una de esas casas de la Lima antigua. Al rato salió fresquísimo. Me di cuenta que recién se levantaba.

  • Vamos me dijo. Y lo seguí.

Fuimos a un restaurante del pintoresco barrio. Charlamos de todo un poco, mientras devoramos unos sándwiches de pollo. Me habló de sus influencias (Beatles, Yes, Peter Gabriel) del porqué dejó el grupo y se fue a México a mediados de los ochenta. Su vida en los EE.UU, o la vez que dio un examen en la UNI siendo adolescente. Le pregunté por la letra de sus canciones y justo había traído copias de dichas letras, y me las cedió sin reservas. Su carisma era evidente y hablaba sin poses ni divismos. Cuando miré mi reloj, me di cuenta que habíamos estado charlando cerca de 2 horas. Fue una animada tertulia.

CUATRO

Creo que mucha gente equivoca el concepto de patriotismo. Considera que gustar de la música criolla o ponerte en el pecho la escarapela, te hace más peruano. No lo creo así. Enorgullecerse de su patria es un proceso, que incluso puede tomarte toda la vida. En 1981 tenía 15 años y era un típico adolescente reinseguro. Ahora escuchar un grupo de rock tan bueno, ayudó mi autoestima. Aunque parezca mentira. Saber que se podía hacer buena música en nuestro idioma y en el país. En 1990 sacó el álbum “Serranio” que incluía canciones como Huarmi (mezclaba rock sinfónico con folcklore), entre otros hits, que transmitía la inolvidable Radio Doble Nueve.

A finales de los ochenta, había aprendido amar mi país. Lo descubrí. Recorrí gran parte de la geografía: conviví con la gente de los Andes, los olvidados, los de a pie y también con los mesócratas. Ergo, empecé apreciar nuestra música criolla.

Aquella tarde en la Feria del Hogar sentí (mejor dicho) sentimos, los jóvenes ahí congregados, que el Himno era nuestro. Lo cantamos a todo pulmón. Lo sentimos como propio. Tenía 25 años.

Era un 28 de julio de 1991.

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