Arispe Bazan, Silvia

Hechiceras, rondas campesinas y mujeres

"Utilizar argumentos de hace más de 200 años para torturar a mujeres es inexplicable y lo peor es que nadie cuestiona eso. Se cuestiona la legitimidad de las rondas para tomar esas acciones."

Querida Manuela,

Tú debes recordar la Santa Inquisición, entró en funciones en Lima, en 1570, cuando era Virrey del Perú Francisco de Toledo. Seguro que tú conociste al último Inquisidor de Lima, ya que la Inquisición duró hasta 1820 en Lima. Sabemos que la Santa Inquisición tenía la función de velar y vigilar el cumplimiento de la Religión Católica utilizando castigos que iban desde la tortura hasta incluso quemar en la hoguera a los que incumplían las reglas. Cuando llega a Lima el libertador José de San Martín, el gobierno liberal español había abolido la Inquisición.

Tú sabes que el Tribunal en Lima se dedicaba a supervisar a la población europea, entre la que se encontraban los «cristianos viejos» junto con sus descendientes criollos debido a que la gran mayoría de la población peruana era indígena y por ello, quedaba fuera de la jurisdicción del Tribunal porque eran considerados “neófitos” del cristianismo. Es en ese contexto en el que aparecen las acusaciones contra las mujeres de brujas o hechiceras.

Acusar a las mujeres de brujas o hechiceras no era exclusivo del Tribunal, ya que en los países protestantes se cuentan por decenas y aún cientos de miles las víctimas de la caza de brujas. Las brujas o hechiceras carecían de poderes sobrenaturales, eran simplemente mujeres diferentes, que estaban fuera de algún tipo de control masculino. Podían ser viudas, solteras o prostitutas, estados peligrosos en la época debido que afectaban la moral y las buenas costumbres porque la mujer debía vivir bajo la tutela del padre, esposo o sacerdote. No era raro que todas las acusadas por la Inquisición escaparan a este tipo de control. Como menciona la historiadora Emma Manarelli, se combinaban tres elementos peligrosos para el sistema: sexo femenino, daño y poder.

¿Recuerdas cómo no te dejaban usar el uniforme militar tus colegas miembros del consejo militar del Libertador Simón Bolivar por ser mujer? ¿Recuerdas cómo no querían que participaras en las decisiones militares y políticas del Libertador por el hecho de ser mujer? Tuviste que enfrentar muchos rechazos que te costaron luego el destierro solo por el hecho de ser mujer.

¿Puedes creer que en el Perú del bicentenario han detenido a más de 7 mujeres acusándolas de hechiceras y condenándolas a torturas por parte de las rondas campesinas en Chilia, La Libertad? ¿Puedes creer eso? Utilizar argumentos de hace más de 200 años para torturar a mujeres es inexplicable y lo peor es que nadie cuestiona eso. Se cuestiona la legitimidad de las rondas para tomar esas acciones. La discusión ha girado en torno al castigo cuando la acusación en sí misma carece de sentido. No nos extraña que estas mujeres sean acusadas de brujería o hechiceria sino que las torturen.

Luego de 200 años, aún las instituciones no llegan hasta las zonas rurales más alejadas. Ahora, Manuela, tú me preguntarás ¿qué son las rondas campesinas? y la respuesta es sencilla: son un grupo de personas que viven en las zonas rurales, alejadas de las ciudades, que se organizan para cuidar sus comunidades. El límite que tienen es la Constitución del Perú y deben estar siempre en coordinación con los operadores de justicia, en especial a través de los programas de seguridad ciudadana de la Policía Nacional del Perú (PNP) y la Dirección de Rondas Campesinas de la Dirección General de Orden Público del Ministerio del Interior o los programas de violencia contra la mujer Estrategia Rural del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables.

Este caso se ha convertido en una crítica a las rondas cuando debería estar enfocada en las víctimas, en identificarlas, protegerlas y ver en esas comunidades los patrones de género que existen y que atentan contra la vida de las mujeres. Pero nadie se centra en las víctimas, sino en cuestionar la existencia de las rondas campesinas, que en este caso es clarísimo el exceso e ilegalidad en su actuación. Manuela, no sé desde cuándo la hechicería es un delito o atenta contra la seguridad ciudadana de una comunidad y tampoco sé por qué un grupo de hombres decide que puede torturar a mujeres con total impunidad. Tal vez tú tendrás las respuestas.

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