Alonso-Rabi-Do-Carmo

Una tradición atroz

"Se trata de un puñado de crónicas que nos vuelven a relatar muy sonados casos policiales que alteraron la habitual calma de una Lima todavía arcádica, muy pagada de su señorío y de su herencia colonial."

El periodista es un historiador con licencia para intervenir en el pasado y narrarlo una vez más, poniendo celo en los hechos, naturalmente, pero también en un elemento no siempre presente en la lista de preocupaciones del historiador profesional: el lenguaje, la preocupación por el estilo y la capacidad seductora de un texto. Pero no hablo aquí del género noticioso, tan mecanizado y proclive a recetas como la pirámide invertida, que es cada vez más una piedra en un largo camino.

Me refiero a un género dúctil, flexible, híbrido por naturaleza: la crónica. Este es el género que parte las aguas –sin despreciar a nadie– entre un reportero que maneja herramientas básicas y otro que tiene formación como lector, que escribe con solvencia y es capaz al mismo tiempo de retratar una época y hacer que el lector respire esa atmósfera y la haga suya.

El descuartizador del Hotel Comercio y otras crónicas policiales es un ejemplo muy claro de lo que he venido diciendo. Se trata de un puñado de crónicas que nos vuelven a relatar muy sonados casos policiales que alteraron la habitual calma de una Lima todavía arcádica, muy pagada de su señorío y de su herencia colonial. Para hacer este libro, Luis Jochamowitz se tomó la molestia de fatigar archivos para devolvernos unas historias por las que, muchas veces la otra historia, la que lleva mayúsculas, pasa de largo.

Se equivoca el lector si juzga este conjunto de relatos documentales solo como un bestiario criminal o un catálogo de atrocidades promovidas por el dolo, la locura o la perversidad. Estos crímenes, sus relatos en la fuente original, la forma de investigarlos y sancionarlos, constituyen el negativo de una sociedad, el dorso del espejo que no queremos ver, ese lado oscuro y terrible que configura, a decir del propio Jochamowitz, nuestra “edad de piedra del crimen”.

Con prosa elegante y que dosifica de manera notable las tensiones internas de cada caso (nunca un crimen real debiera comenzar con el cuchillo sobre el cuello de la víctima), el autor va dando cuenta de personajes que, reunidos imaginariamente y en clave de fantasía en una sala, serían la limeñísima versión de la Corte de los Milagros.

Alejandrino Montes, un jovencito en apariencia apacible, “eliminó a sus patrones con una determinación y simplicidad que heló la sangre de sus contemporáneos. Con sus diecisiete años cumplidos, el doméstico de la casa número 8 de la calle Condesa era alguien tan insignificante que resultaba invisible” (p.12). Una espada y un martillo cegaron la vida de los dueños de casa a quienes servía.

El español Genaro Ortiz, el descuartizador del Hotel Comercio, es uno de los personajes emblemáticos de este libro. Por lo pronto le debe el título. Un relato que prometía ser la prolongación de una picaresca termina con un martillazo en la cabeza de su compatriota Marcelino Domínguez, y luego armado de espeluznante paciencia despedaza el cuerpo y lo acomoda en dos maletas.

Podría seguir, pero no quiero parecerle un aguafiestas querido lector. Son 24 historias que han renacido gracias a la tenacidad con que Luis Jochamowitz se desliza en ese océano de tinta que es, en suma, una hemeroteca. Ya nadie irá al centro de cuello y corbata, como antaño, pero el crimen no cambia. Está siempre ahí, al acecho, presto a revelar los entresijos más oscuros de nuestra experiencia.

libro el descuartizador
Luis Jochamowitz. El descuartizador del Hotel Comercio y otras crónicas policiales. Lima: Planeta, 2022.

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