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Chile: Que sí, que no… ¿qué pasó?

"Entre todas las lecciones que nos deja el proceso en el cual se embarcó el país vecino hace más de dos años, creo que una es la de la humildad y la importancia de buscar consensos, incluso cuando te toca estar en posición dominante, que, en política, nunca suele ser para siempre."

Este domingo los chilenos acudieron a las urnas y rechazaron con 60% de los votos la nueva Constitución. Si bien esto ya no era una sorpresa- las encuestas mostraban desde hace un tiempo resultados desfavorables para la propuesta de la Convención- sí llama la atención este resultado considerando que, en el 2020, el “Apruebo” a favor de redactar una nueva Constitución ganó con un abrumador 78%.

¿Qué pasó? ¿Por qué cambiaron tan drásticamente las preferencias electorales? En este artículo comentaré dos posibles factores que pueden haber impactado este resultado.

El primero es bastante práctico: las condiciones cambiaron. En el 2019 el Ejecutivo era de derecha, representante de la élite y la clase política tradicional. El estallido social se dio antes de la pandemia, la crisis económica, la guerra y la inflación, que hoy en Chile llega a casi 9%. El amplio respaldo a la nueva Constitución reflejaba en general un malestar con la clase política gobernante de los últimos años.

En este momento, en cambio, post elecciones presidenciales, el gobierno de turno está formado por los promotores de la nueva Constitución. El plebiscito de salida parece ser un plebiscito sobre Boric, cuya desaprobación ha llegado a ser casi 60% en julio. El gobierno chileno se ve impactado por los mismos factores hoy que merman la popularidad de los políticos en muchas partes del mundo: precios altos, inestabilidad global, inversión privada lenta, entre otros. Un dato interesante es que, en el plebiscito de salida, quienes más votaron rechazo fueron los sectores menos privilegiados, que son los más afectados por los efectos de la crisis económica: mientras en los quintiles de ingresos bajos y medio bajos ganó el “Rechazo” con 75% y 71%, los más altos lo hizo con 60% y 64%.

El segundo factor es más político, pero creo que es importante de resaltar ya que debe dejar aprendizajes a la izquierda chilena, y a todos los grupos políticos en general (incluyendo al progresismo peruano que debe estar viendo esta derrota con lágrimas en los ojos).

Dadas las circunstancias descritas arriba, los resultados de la elección para elegir la composición de la Convención (o Asamblea Constituyente) fueron muy favorables para la izquierda. En la práctica, la derecha quedó reducida a un 20%, por debajo de su representación histórica, lo cual generó que los partidos e independientes de izquierda pudieran avanzar con sus propuestas sin necesariamente consensuar con dicho 20%. Esto generó que la nueva Constitución, en lugar de ser una oportunidad de hacer un texto amplio e inclusivo, que sostenga en el futuro tanto gobiernos de derecha como de izquierda, se volviera una Constitución con tendencia a ser hecha a la medida de ciertos grupos, que creyeron que dado el éxito del estallido social no necesitaban consensos con quienes piensan diferente.

Cristóbal Bellolio, analista político chileno liberal a quien recomiendo mucho lee escribe: “En mi caso, la cuestión más relevante es que la nueva Constitución sea capaz de reflejar un nuevo pacto político transversal sostenible, es decir, que el texto funcione como punto de encuentro o consenso básico entre la diversidad ideológica y cultural del país. Sin embargo, tengo la impresión de que la Convención operó con una lógica distinta que podríamos llamar “adversarial”, que reivindica la naturaleza partisana de la política. Aprovechando la debilidad de su contingente, hubo un sector que fue excluido de los grandes acuerdos por ser de derecha o de centro, o por su teórica pertenencia a la élite”

En el caso de Bellolio, quien apoyó la convocatoria a una Asamblea Constituyente, decidió que el rechazo era la mejor opción, dado que la nueva Constitución no cumplía el rol de ser amplia y lograr unidad entre los chilenos.

Entre todas las lecciones que nos deja el proceso en el cual se embarcó el país vecino hace más de dos años, creo que una es la de la humildad y la importancia de buscar consensos, incluso cuando te toca estar en posición dominante, que, en política, nunca suele ser para siempre. Es posible que la izquierda chilena no vuelva a tener una posición tan favorable como la del 2020 en el futuro, y una nueva AC tenga incluso una mayoría de centro y derecha, habiendo desperdiciado entonces su oportunidad de oro. Ojalá tanto la izquierda como derecha peruana puedan sacar de esta experiencia varias lecciones.

*Las opiniones expresadas en este artículo son personales, y no representan a ninguna de las instituciones de las cuales forma parte o para las cuales trabaja la autora.

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