López Aliaga lidera Datum con 16%. Yo no me lo creo

López Aliaga lidera Datum con 16%. Yo no me lo creo

Obviar los hechos no es discutir política: es negar la evidencia que solo puede explicarse por debilidad cognitiva, o por una lealtad que ya dejó de distinguir entre los hechos y la fe.

[OPINIÓN] Comencemos por lo primero: no le creo a la encuesta de Datum. Hace tiempo aprendí que las encuestas son fotografías que dependen de quién toma la foto y a quién decide enfocar.

Pero supongamos que tiene razón. Supongamos que López Aliaga encabeza hoy la intención de voto con 16%. Entonces el problema no es Datum. El problema somos nosotros.

Porque antes de hablar de obras a medias, trenes inservibles o demandas millonarias, hay un hecho más simple: López Aliaga es un coleccionista de renuncias. Ganó la Alcaldía de Lima y, faltando a su palabra, la abandonó a medio camino para ir tras la presidencia. Perdió, pero sus fervientes seguidores lo premiaron con un escaño de senador al que, siguiendo su costumbre, renunció antes de jurar. Ahora quiere la alcaldía otra vez, tras tratar a cuestionadores, jueces, periodistas y empresarios con la agresividad que ya le conocemos. Ese es el patrón completo: gana, promete, insulta a quien lo cuestiona, y se va… para regresar.

Como la Constitución le prohíbe la reelección inmediata, encontró el truco: inscribirse como primer regidor. Los abogados podrán explicarlo en tres horas. A mí me toma tres segundos: es una trampa. Una maniobra indecente para entrar por la ventana donde la Constitución le cerró la puerta.

Y aun así, 16 de cada 100 limeños ya piensan dárselo otra vez. Hay una larga lista de mejores opciones —Bruce, Allison, Daza, Tejada—: nadie está obligado a votar de nuevo por quien ya le falló.

Y aquí ya no hay solo un problema político. Hay algo más incómodo de decir: Lima, francamente, quedó hecha un desastre: tráfico infernal, inseguridad, desorden, cuentas por pagar y demandas millonarias en una Municipalidad cuya verdadera herencia recién conoceremos.

Negar eso no es discutir política: es negar la evidencia. Y solo puede explicarse por debilidad cognitiva, o por una lealtad que ya dejó de distinguir entre los hechos y la fe.

Si esto ocurre, y Porky sale elegido —Dios no quiera—, no busquemos explicaciones en el JNE, en la Constitución ni en los vacíos legales. La explicación estará completa en ese 16% —y en todo lo que sume después— construido con incautos, ignorantes e idiotas dispuestos a premiar, otra vez, a un coleccionista de renuncias, fracasos y mentiras. Y Lima no heredará el alcalde que necesita: heredará el que sus votantes deciden merecer.

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