fabrizio Ricalde

Tom Cruise te deja sin aliento al convertir Top Gun en una película de las que ya no se hacen

"Aún si nunca lo has valorado o si no te interesa, Top Gun Maverick es una demostración que muy en el fondo, todos vamos a extrañar a Tom Cruise."

Nunca pensé colocar en mi mente a Tom Cruise como un artesano del cine. Que personifique a la mega estrella de Hollywood en un solo cuerpo de metro sesenta y nueve es una cosa. Pero verlo convertirse en un productor talentoso capaz de crear bajo su inspiración películas admirables, no estaba en mi radar. Top Gun Maverick golpea fuerte todas las barreras, la del sonido y la de la luz. 

Han pasado casi cuatro décadas desde que Maverick logró su última hazaña en el aire, rompiendo los límites de lo imaginable. Temprano en la película nos damos cuenta que su espíritu rebelde, arrogancia y vehemencia siguen ahí. Eso ha impedido que prospere en la carrera militar. Vive en un hangar, está solo, y sigue siendo un capitán menor, incluso al borde del retiro. 

La primera sorpresa llega rápido. En la escena de apertura, Maverick se plantea pilotear un avión a diez veces la velocidad del sonido, desobedeciendo así órdenes explícitas de altos mandos del ejército. La calidad del rodaje de Kosinski y su épico técnico es una sorpresa emocionante y bella en su pureza y delicada expresión artística de la emotividad. Son diez minutos de obra maestra.

De ahí en adelante, lo cuál resulta aún más sorpresivo, el guión mantiene una tensión que es un lujo percibir dentro de una sala de cine. La indisciplina lo hace ser destacado de vuelta a la escuela de pilotos donde se formó, a ser colocado como profesor en contra de su propio deseo y talentos. Él quiere seguir siendo un piloto de combate, no estar metido en las aulas. Pero eso ya parece imposible.

El principal logro narrativo de Top Gun Maverick es el constante recordatorio del paso del tiempo y la comparación entre el pasado y el futuro. La película nos deja ver una generación incluso anterior a Maverick, los comandante aburguesados y cuadriculados. Y aún así, aquí Mav no es el más rebelde del salón. Los nuevos pilotos son más preparados e intrépidos, y aún así menos confiados de sus talentos. Él ya no debe aprender a ser líder, sino guía. Cruise está atrapado en el tiempo, balanceado entre dejarse llevar a la aventura o enderezarse a las responsabilidades. 

Otra diferencia principal entre esta Top Gun y su versión ochentera es la claridad y relevancia en la que se construye esta historia en una misión específica palpable y concreta. Los pilotos deben prepararse para lograr un objetivo puntual. En la versión anterior, Top Gun era más de estar alrededor de los personajes y sus peleas, a ver quién ganaba a quién sin un claro por qué, motivo y plan relevante.

Y por si fuera poco, Kosinski pone la cámara donde tiene que ser: dentro del avión. Este no es un espectáculo de ver aviones volar por los aires y explotar a alta velocidad. El espectador se encuentra metido en una nave aérea, sintiendo la aceleración a través de planos cerrados del rostro de los protagonistas, como se ve todo desde adentro de la cabina y que tan cerca estamos de estrellarnos. 

Sin saber y solo con sentir, uno no se da cuenta que llevas dos horas pegado a la butaca con las manos sudorosas. Como ha dicho Cruise en todas las promociones, esta es una película para verla en el cine. Y vaya que lo es. Es sensiblemente ruidosa, hermosamente coloreada y lleva la adrenalina a flor de piel. Garantizado el estrés, la frustración, el consuelo y el llanto. Y al final, el cine es eso, una pila explosiva de emociones desbordantes. 

Un logro paralelo a todo ello es el de Denise Chamian. ¿Quién? Una directora de arte con cuatro décadas en el negocio que ha logrado colocar aquí cada rostro actoral a la perfección. Aunque siempre me resulte irrelevante, porque el cine es mucho más que un grupo de actuaciones, hay un reparto en estado de gracia.  Teller, Connelly, Hamm, Harris y Powell traen a la función sus mejores maniobras y una inmensa calidad en su juego. 

Top Gun Maverick hace mejor lo que cualquiera pensaría que es antagónico para Tom Cruise: no se toma tan en serio. Fluye entre un discurso político ligero, una comedia bien puesta, y una acción enfocada en el paseo emocional. 

La película no te tira en la cara sus capacidades técnicas. Muy por el contrario, parece una demostración de cómo Cruise también ha madurado en la vida real, consciente del paso del tiempo y las arrugas. Ya cercano a las seis décadas, se ha asegurado que todos los hinchas del cine -e incluso a los que no lo quieran tanto a él- sepan con claridad cuánto lo vamos a extrañar. Más de una tonelada y por encima de la velocidad del sonido.

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Tom Cruise, Top Gun

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