La graduación de mi Valentina

El éxito de un escolar no solamente depende del profesor o del colegio; es un seguimiento profundo por parte de los padres. Se trata de un deber para nosotros como responsables de la educación y la culturización de nuestros hijos.

[LA TANA ZURDA] En esta época de graduaciones escolares y universitarias en EEUU quiero dirigir mi atención al rol de nosotros como padres. El éxito de un escolar no solamente depende del profesor o del colegio; es un seguimiento profundo por parte de los padres. Se trata de un deber para nosotros como responsables de la educación y la culturización de nuestros hijos, a fin de siempre crear un diálogo de aprendizaje, pero no solamente académico o de contenidos, sino de aprendizaje de conexión en cuanto a la inteligencia emocional y social.

Es importante reflexionar sobre la actitud del estudiante frente al profesor. Muchas veces se nota irreverencia o falta de respeto hacia el maestro porque eso es lo que escucha en casa. El maltrato no nace del hijo sino del ámbito donde él crece. Es importante detenernos entonces y cuestionar nuestra labor como padres. ¿Acaso le damos importancia a la creatividad de nuestros hijos? ¿Hablamos de sus emociones y de sus miedos? ¿Contemplamos sus sueños y sus aspiraciones? ¿Los escuchamos y tratamos de entender? ¿Confía en alguna persona adulta para hablar sobre su salud mental? Muchos de nosotros, al escuchar las vivencias de nuestros hijos, las comparamos a nuestras situaciones o experiencias, quitándole muchas veces el valor que el caso encierra. Es por eso que tenemos que escuchar más a nuestros hijos y seguir aprendiendo de ellos. Así como nuestra presencia es importante para su éxito, su formación es totalmente nuestra responsabilidad. Que los maestros, profesores y demás personas nos ayuden a acompañar a nuestros hijos en su camino de escolarización es una gran ayuda y un rotundo éxito. 

La inteligencia emocional y social es la que se encarga de nuestras relaciones interpersonales, así como ser empáticos y resilientes para que podamos invertir una situación trágica en nuestras vidas en una experiencia no positiva sino más bien reivindicadora.

A diferencia de nuestro país, en Estados Unidos se revienta la casa y se confabula toda la familia desde los diversos estados para llegar a celebrar al graduado en su día. Después de todo han sido doce años de sobrevivir el sistema escolar, donde todavía los contenidos son más importantes que la propia conexión del estudiante.

Como docente, cada graduación para mí refleja los años de trabajo, las situaciones adversas vividas, los problemas encarados, la madurez en el proceso escolar, la búsqueda de una propia identidad, la incertidumbre de un futuro ambiguo, y así una serie de conflictos que se van presentando en la vida a medida que el estudiante crece.

Las graduaciones en Estados Unidos ofrecen no solamente esa visión de reflexión, sino muchas veces la esperanza de un futuro mejor para la familia y para el graduado en sí. Es emocionante ver a tantos chicos graduarse y cumplir con los fundamentos básicos educativos.

Realmente, felicito a cada uno de esos graduados de este año académico 2023 ya que es el año que mi hija nacida, en el 2004, le corresponde graduarse. Quiero celebrar a cada uno de los integrantes de esa PROMO porque han sobrepasado muchas cosas, especialmente la pandemia. Pero también un gran abrazo a sus padres.

Miremos y tratemos siempre con comprensión y generosidad en casa a nuestros hijos, no esperando que solamente el maestro cargue con las responsabilidades fundamentales como son el respeto, la solidaridad, la compasión y la empatía. La formación de ciudadanos comienza mucho antes de la escuela.

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Educación, escuelas, estados unidos, estudiantes, familia, graduación, Inteligencia Emocional

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