Liz Melendez

Congreso agresor

"Tan miserable y despreciable es quien viola como quien se atreve a justificar el hecho, culpando a las mujeres de un crimen atroz del cual son víctimas."

Es en el Congreso de la República en donde se están gestando y materializando los principales retrocesos en materia de derechos de las mujeres. Lamentablemente, es una institución conformada – actualmente – por actores políticos que enarbolan pensamientos autoritarios, violentos y patriarcales.

Un gran sector del parlamento se opone a la igualdad de género y a todo avance que signifique transformaciones culturales. Un representante de este congreso agresor, el parlamentario Fredy Diaz (recientemente expulsado de Alianza para el Progreso – APP) dopó y violó a una mujer.

Otros parlamentarios, el condenado por corrupción Wilmer Elera y Fredy Acuña, se han mostrado tolerantes con el hecho.

El Congresista Elera justificó la agresión, replicando estereotipos de género y culpando a las mujeres de la violencia. En un claro intento de reforzar la idea de que las «mujeres provocan» y que el espacio público es para los hombres, tuvo declaraciones indignantes que solo volvieron a reafirmar la sociedad machista y discriminadora que aún tenemos.

Tan miserable y despreciable es quien viola como quien se atreve a justificar el hecho, culpando a las mujeres de un crimen atroz del cual son víctimas.

Otra vergüenza es el congresista, también de APP, Fredy Acuña; quien se mostró solidario con el agresor señalando que cometió “un error», mostrándose preocupado por «el difícil momento que puede estar atravesando”. Con ello normalizó y restó importancia al crimen, minimizando – además- el sufrimiento de la víctima.

En nuestro país según datos del Ministerio de la Mujer, se registraron en el año 2021, más de 10, 250 violaciones sexuales a mujeres, niñas y adolescentes. Según la Corte Interaméricana de Derechos Humanos, la violencia sexual es una experiencia sumamente traumática, que genera daño y sufrimiento severo no sólo físico sino también emocional, que deja secuelas psicológicas y sociales; al punto que equipara este crimen con la tortura.

Este Tribunal y otros han llamado la atención sobre el impacto de los estereotipos de género en el acceso a la justicia de las victimas y la impunidad de los agresores sexuales. Es por ello que, el Estado como medida para hacer frente a la violencia de género debe combatir los estereotipos, no replicarlos.

Cuando las autoridades tienen afirmaciones como las expresadas por los congresistas, se convierten en cómplices de la violencia, pues reproducen la cultura de discriminación que agrede diariamente a las mujeres.

El actual Congreso de la República es expresión de aquellos sectores sociales que promueven pensamientos machistas, con débiles valores democráticos,  que odia a las mujeres y sus luchas. No sé si es el peor congreso que hemos visto, pero si uno de los más degradados éticamente. Vergüenza nacional.

 

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Congreso de la República, violencia sexual

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