Milena y Alessia

Milena y Alessia: las dos caras del racismo

Tanto en el caso de los éxitos de Milena Warthon y Alessia Rovegno, las reacciones racistas son básicamente similares: tú no eres una mujer andina por esto, tú no eres peruana por aquello, lo cual refleja arraigados y explícitos discursos racistas de los que ningún peruano, independientemente de su extracción social o su procedencia étnica, está a salvo.

La presente semana un medio digital dedicó una nota a subrayar que la cantante y reciente ganadora de la Gaviota de Plata en Viña del Mar, Milena Warthon, había accedido a la educación privada en centros de estudios caracterizados no solo por la alta calidad de sus servicios educativos, sino por el alto costo de sus pensiones. La nota, que aparentemente mantiene un lenguaje neutral, no hubiese tenido nada de especial a no ser de las intenciones que dejaban asomar sus entrelineas.

De hecho, la nota no solo buscaba informar sobre la buena educación de la artista, deslizaba que, por haber accedido a ella, no era tan representante de la mujer andina como ella misma dice ser. El discurso, visto así, presenta elementos racistas y de discriminación que ameritan análisis. ¿Qué es lo que trataba finalmente de decir la nota? Que una mujer andina, nacida en Lima, pero de padres provincianos, dejaba de ser tal por haber accedido a una educación de calidad. Si vamos un poco más allá, el mensaje que oculta la nota es que una mujer andina, para ser tal, no podría o no debería tener la oportunidad o capacidad financiera para costearse -ella o su familia- una educación de calidad en entidades privadas.

A mí, la representación de la mujer andina me trajo a colación el texto Buscando un Inca, del recordado Alberto Flores Galindo, donde señaló que tras la derrota de Túpac Amaru II en el Perú ser indio equivalió a ser pobre. Lo dijo en el entendido de que antes de la misma existían élites curacales andinas que ostentaban una importante posición socioeconómica en el seno de la sociedad colonial. Pero el Perú cambió y la vida de Tito Flores se apagó el 26 de marzo de 1990, con apenas cincuenta años y mucho por ofrecernos.

Para esa fecha, él ya pudo observar el nacimiento del Perú informal y publicó, en 1988, Los caballos de los conquistadores otra vez (El otro sendero), en donde, al responder la también preclara obra de Hernando de Soto, al mismo tiempo sentaba su posición sobre un Perú que vertiginosamente se transformaba en otro. En tal sentido, sugerir, el día de hoy, que una mujer no puede ser andina por haber accedido a una educación de calidad, no solo es remitirse a los tiempos previos a los de las grandes transformaciones sociodemográficas del país que tuvieron lugar desde la década de 1970, sino pretender que un determinado grupo étnico o sociocultural deba responder necesariamente a ciertas características o condiciones socioeconómicas y, por consiguiente, todos y cada uno de sus miembros deban responder también y necesariamente a dichas condiciones.

¿Y qué es precisamente el racismo? Pues la discriminación de un grupo étnico al que se le achaca determinadas características comunes, las más de las veces negativas, que deben presentarse en cada uno de sus miembros; es como decir, todos los judíos hacen esto o aquellos, o todos los afrodescendientes presentan cierto tipo de conductas, o todos los blancos se caracterizan por unas determinadas actitudes. Cuando se actúa bajo estas premisas el individuo y la persona humana, que constituyen el centro de la modernidad occidental desaparecen sin dejar rastro, son arrollados por la gran marea ideológica del racismo, con todo lo que trae de prejuicio y discriminación.

Hace no mucho, se conocieron detalles de la entrevista interna que le hicieron a Alessia Rovegno durante el concurso de Miss Universo. En la pesquisa, a Rovegno se le preguntó por las reacciones que había motivado su nominación como Miss Perú, pues se le dijo de todo, la frase que quedó en la memoria colectiva fue: tú eres blanca, por tanto no eres peruana y no tienes derecho a representar al Perú. Por cierto, la desperuanización de los sujetos caucásicos o descendientes de europeos en el país no es la única forma como son caracterizados, también se les supone necesariamente ricos, de clase acomodada y pertenecientes a un grupo de personas muy frívolo y discriminador del resto de los peruanos.

Nuevamente aquí, la generalización y estandarización de los miembros de un grupo étnico o sociocultural nos enfrenta a un caso flagrante de racismo y por cierto que no pienso entrar en polémicas con los predicadores de la inexistencia del racismo inverso. No todo descendiente de Europeo en el Perú, no toda persona blanca tiene dinero, veranea en las playas de Asia o es dueña de un banco y con esto no quiero negar que, en el nivel de las mentalidades colectivas, de las actitudes de algunas personas y hasta de las oportunidades laborales, la ideología dominante -que aún prioriza lo occidental sobre lo andino en el país- coloque a las personas caucásicas en una cierta ventaja respecto del resto de los peruanos, fenómeno que, por cierto, debe ser objeto de las políticas conducentes a erradicar el racismo en el Perú.

Lo que he querido hacer notar, en estas líneas, es como, tanto en el caso de los éxitos de Milena Warthon y Alessia Rovegno, las reacciones racistas son básicamente similares: tú no eres una mujer andina por esto, tú no eres peruana por aquello, lo cual refleja arraigados y explícitos discursos racistas de los que ningún peruano, independientemente de su extracción social o su procedencia étnica, está a salvo. En el Perú no se puede ser peruano o peruana y punto, y a nadie se le puede aceptar de esa manera, es decir, como parte de una comunidad multicultural y multiétnica de la que todos formamos parte.

Las redes sociales agravan el problema

Las grandes transformaciones sociodemográficas que vivió el Perú en el último tercio del siglo XX deberían ser suficientes para que podamos dar pasos agigantados hacia adelante en la superación o atenuación del racismo y la discriminación racial. Sin embargo, lo que notamos, desde el posicionamiento de las redes sociales, es una radicalización de estereotipos al nivel de las representaciones sociales y el imaginario colectivo. No estamos más unidos, por el contrario, somos mucho más conscientes de nuestras supuestas diferencias, las que no se entienden como variables culturales que deberían sumarle al proyecto nacional sino como fronteras que marcan líneas divisorias cada vez más infranqueables.

En un país, cuya crónica crisis política impide ocuparse de lo importante, siempre desplazado por lo urgente, deberíamos comenzar a pensar en trazar aquellos puentes que nos conviertan, en un futuro cercano, en una sociedad multiétnica y multicultural, una en la que compartir nuestras diferentes raigambres sea el factor catalizador de la unidad nacional.

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Alessia Rovegno, Milena Warthon, Racismo

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