Francisco Bolanos

¿Disfrutan los hombres de la competencia en el trabajo y las mujeres la evitan?

"Dos disciplinas científicas, la economía y la psicología, tienen en sus agendas el aclarar la naturaleza de las actitudes de las personas hacia la competencia."

En promedio, las mujeres ganan menos por hora que los hombres, están subrepresentadas globalmente en los puestos de alta dirección, como en las juntas corporativas, y tienen menos probabilidad que los hombres de convertirse en empresarias. 

Las posibles razones que se han investigado y discutido en la política incluyen la discriminación de género y la falta de equilibrio entre el trabajo y la vida personal. Sin embargo, investigaciones recientes sobre las diferencias en las preferencias de hombres y mujeres respecto a sus participaciones en actividades que requieren competición pueden brindar explicaciones alternativas.

Dos disciplinas científicas, la economía y la psicología, tienen en sus agendas el aclarar la naturaleza de las actitudes de las personas hacia la competencia. Sin embargo, las dos disciplinas difieren en sus enfoques. Mientras que la economía se basa en experimentos en los que los sujetos toman decisiones bajo condiciones controladas y reciben recompensas que dependen de sus decisiones, la psicología usa autoevaluaciones, tiende a recopilar datos a través de encuestas y utiliza escalas psicométricas que miden las actitudes individuales hacia la competencia.

 

Diversos resultados empíricos sugieren que las mujeres tienden a evitar la competencia, mientras que los hombres tienden a buscarla. Los experimentos económicos muestran que las mujeres son más propensas que los hombres a optar por no recibir salarios basados en competición; y estas diferencias ocurren incluso cuando, en promedio, no hay diferencias de productividad y desempeño entre los sujetos masculinos y femeninos. Incluso las mujeres que presentan altos rendimientos son mucho menos propensas que los hombres a elegir salarios basados en competitividad. En encuestas en las que hombres y mujeres pueden indicar cuánto están de acuerdo o en desacuerdo con afirmaciones como «Me gustan las situaciones en las que compito contra otros», los hombres tienden a estar mucho más de acuerdo con tales afirmaciones que las mujeres.

Si las diferencias de género en las preferencias por la competencia son una predisposición natural o más bien un resultado de la crianza, es difícil de responder empíricamente. Sin embargo, algunos estudios empíricos proporcionan evidencias más bien indirectas sobre la importancia de la socialización. Por ejemplo, un estudio muestra que, en una sociedad altamente patriarcal, como los Maasai en Tanzania, los hombres tienen el doble de probabilidad que las mujeres de elegir circunstancias competitivas, mientras que, en una sociedad organizada matrilinealmente, como los Khasi en India, las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de autoseleccionarse en competiciones. Además, los resultados de estudios experimentales sugieren que, en las sociedades occidentales, las diferencias de género ya existen desde la infancia. Un estudio noruego muestra que principalmente el estatus socioeconómico del padre puede contribuir a las diferencias de género en la competitividad y que las diferencias de género son particularmente pronunciadas entre los niños de familias más acomodadas. En contraste, no hay evidencia empírica, por lo menos en los campos de la economía y la psicología, de la importancia de los factores biológicos respecto a las diferencias de género y la búsqueda de actividades y contextos en los que hay competición.

Las diferencias de género en las preferencias competitivas pueden tener repercusiones de gran alcance para las opciones educativas y ocupacionales. Estudios empíricos recientes muestran que una parte significativa de las diferencias de género observadas en los resultados educativos y en el mercado laboral pueden atribuirse a las diferencias de género respecto a la propensión competitiva medida. Además, diversos experimentos de campo muestran que los trabajos con salarios competitivos, donde el pago individual depende del desempeño relativo, tienen más probabilidades de desanimar a las mujeres que a los hombres a postularse. Sin embargo, existen otros factores importantes que mitigan la brecha de género en este contexto, por ejemplo, si el trabajo se realiza en equipo y si el puesto tiene claramente características específicas asociadas a un género. Además, existe evidencia de que las diferencias de género en la competitividad contribuyen a las brechas de género en los emprendimientos. Las mujeres que se alejan de las actividades y contextos competitivos tienen menor probabilidad de ser empresarias latentes quienes prefieren el trabajo por cuenta propia al empleo remunerado, y también es menos probable que sean empresarias incipientes, en referencia a quienes realmente toman medidas para iniciar nuevos negocios.

En el contexto de los hallazgos científicos disponibles, surgen planteamientos sobre las implicaciones y las posibles intervenciones públicas. Por ejemplo: ¿Qué medidas se podrían tomar si el objetivo es aumentar la proporción de mujeres en puestos de liderazgo o en la creación de empresas? ¿Deben las políticas públicas cambiar las preferencias por la competencia en un contexto de ingeniería social? Estás preguntas presentan serios planteamientos éticos dadas las inciertas consecuencias sociales de tales intervenciones. Teniendo lo antes expuesto en cuenta, varios países han ido cambiando gradualmente el marco institucional. Por ejemplo, aquí se podrían considerar las cuotas para puestos en directorios corporativos, que ya existen en algunos países. Los estudios experimentales muestran que la introducción de cuotas femeninas puede tener efectos positivos. Sin embargo, tales regulaciones de cuotas pueden ser controvertidas y son difícilmente ejecutables en las industrias de empresas emergentes como los startups. No obstante, una medida relativamente poco controvertida para los formuladores de políticas públicas podría ser el aumentar significativamente la visibilidad de las mujeres en profesiones tradicionalmente entendidas como masculinas, ya que la evidencia empírica sugiere que tanto los modelos a seguir como los efectos de pares son importantes para los resultados en los mercados laborales.


Artículo escrito en colaboración con el Prof. Dr. Werner Bönte.
Más sobre su línea de investigación aquí.

Tags:

“cuotas de género”, género, laboral

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