[Música Maestro] A lo largo de la historia del rock hemos conocido casos de bandas cuyos integrantes son irreemplazables, especialmente cuando tiene que ver con su muerte. Ocurrió en los Beatles, en The Doors, en Led Zeppelin, en Queen, aunque estos dos últimos lo intentaron -Led Zeppelin con Phil Collins primero y con el hijo de John Bonham después, Queen con Paul Rodgers primero y con Adam Lambert después- pero conscientes de que se trataba ya de otra cosa y con resultados que no lograron igualar a los originales.
Desde el fallecimiento de Neil Peart, los fanáticos de Rush aceptamos sin cuestionamientos que el paso siguiente era el natural y comprensible fin del camino para el famoso trío. Tras la muerte de “The Professor”, ocurrida el 7 de enero del año 2020, Geddy Lee y Alex Lifeson habían dejado medianamente claras sus intenciones de no volver a tocar bajo el nombre de Rush, una regla que rompieron en el tributo al fallecido baterista de Foo Fighters, Taylor Hawkins, en septiembre del 2022, con el apoyo en batería de Chad Smith (Red Hot Chili Peppers) y Danny Carey (Tool).
En el 2023, Lee publicó su autobiografía titulada My effin’ life (HarperCollins), la misma que presentó con una gira de 19 fechas por Estados Unidos, Canadá e Inglaterra -a veces con Lifeson como invitado- y en ninguna dejó filtrar proyectos de presentaciones en vivo. Por eso cuando se anunció, en octubre del año pasado, que ambos habían escogido en estricto privado a alguien para reemplazar a Peart, de inmediato surgieron especulaciones de todo tipo.
¿Quién podría cubrir a Neil Peart?
Facebook y otras redes sociales se llenaron de encuestas que generaron acaloradas discusiones entre fans y conocedores sobre quién podría ocupar esa importante plaza. Los nombres más mentados fueron los de Mike Portnoy (Dream Theater), Tim Alexander (Primus) y Danny Carey (Tool), tres de las bandas de generaciones posteriores más influenciadas por el sonido de la entente canadiense. Los más especializados soltaron candidatos menos obvios y diferentes, pero igual de interesantes: Simon Philips, Vinnie Colaiuta, Stewart Copeland, Alex Van Halen.
Estos ejemplos demostraban que a nadie se le ocurría pensar en Lee y Lifeson escogiendo a algún baterista nuevo, desconocido, sin prestigio, a pesar de que el ciberespacio está repleto de músicos jóvenes muy talentosos que muestran sus habilidades en YouTube, Instagram o TikTok todos los días. La estatura de Neil Peart era tan alta que solo un baterista de renombre podría ocupar su lugar.
Sin embargo -como ocurrió también con Primus en febrero- la pareja fundadora de Rush sorprendió a todos con una selección inesperada. Un nombre desconocido para la mayoría, treinta años menor que ellos y de otro país, con una trayectoria sólida en la escena del jazz, las clínicas musicales y la fusión, pero casi indetectable para los radares convencionales. Sin embargo, hubo un detalle adicional que literalmente descuadró a propios y extraños. Lee y Lifeson presentaron a su nuevo baterista: una mujer.
Rush, una banda ¿para hombres?
Desde su aparición en 1974, Rush se posicionó como una banda de público casi exclusivamente masculino. Esto no tiene nada que ver con posturas machistas o discriminadoras, es más bien un dato de la realidad. Según Neil Peart, en las épocas de más éxito del grupo, el público era masculino en un 85-90%, una conclusión a la que llegó observando la ausencia casi total de mujeres en sus conciertos. El dato empírico del baterista fue confirmado luego con estudios estadísticos serios, publicados en revistas especializadas como Rolling Stone o Classic Rock.
Quienes somos fanáticos de Rush, todos esos nerds que nos convertimos en bateristas en el aire cada vez que escuchamos Tom Sawyer (Moving pictures, 1981) y nos sabemos de memoria las líneas de bajo de The spirit of radio o Limelight (Permanent waves, 1980), los cambios rítmicos de Anthem (Fly by night, 1975), los solos de La villa strangiato (Hemispheres, 1978), sabemos que nuestras parejas no comparten nuestra obsesión sonora, elevada pero inútil y escapista a la vez. Pueden hasta disfrutar algunas canciones, pero no les interesan sus detalles, nombres, duraciones ni las historias detrás de cada una. Y tampoco verían con nosotros una y otra vez los videos completos de Xanadu (A farewell to kings, 1977) o Subdivisions (Signals, 1982) con el mismo nivel de compromiso.
Incluso cuando el heavy metal, ese otro subgénero del rock asociado normalmente a la testosterona, comenzó a recibir comunidades enormes de mujeres, Rush se mantuvo como placer musical exclusivo de hombres. Ni siquiera el fútbol o la Fórmula 1 poseen esa particularidad. Por supuesto que hay mujeres fans de Rush, sobre todo en años recientes, pero siempre en números menores. Como se ha analizado en más de una ocasión, las letras que van de lo filosófico a lo fantástico, la ausencia de temas románticos, el aspecto intelectual y carente de glamour de sus tres integrantes y la complejidad de sus arreglos musicales han alejado tradicionalmente al público femenino de Rush, una situación que incluso se trasladó en tonos bromistas a varios sitcoms y películas hollywoodenses.
Por eso, la noticia de que Geddy Lee y Alex Lifeson habían escogido a la baterista alemana Anika Nilles fue una agradable sorpresa por las posibilidades de romper ese estigma. Quizás ahora que sea una mujer quien ejecute los intrincados solos, ritmos y ataques de Rush en The Fifty Something Tour haga que el estereotipo por fin caiga y más público femenino preste oídos a esta extraordinaria música. El inicio de la gira se ha anunciado para la primera semana de junio y llegará a tres países de Sudamérica en enero de 2017. Argentina, Chile y Brasil son los afortunados. ¿Alguna empresa de espectáculos, que no sean los cabeceros de Evolution Concerts, se animará a traer a Rush al Perú? Esperemos que sí.
1974-1978: La etapa esotérica
De principio a fin, la discografía de Rush hace que el oyente se sumerja en un universo paralelo donde solo importan las historias fantásticas, las reflexiones filosóficas y cierto sarcasmo para la crítica sociopolítica de su tiempo, todo envuelto en una incombustible mezcla de hard-rock, rock progresivo y new wave que, en cuatro décadas, mantuvo su personalidad intacta, al margen de modas, cambios en la industria y la dictadura de los gustos masivos, casi siempre ajenos a propuestas artísticas que exijan del público un nivel de atención superior al promedio.
Rush lanzó veinte álbumes en estudio. Desde su debut, la fuerza y dinámica de sus canciones exhibieron un afilado hard-rock en la línea de bandas consagradas como Led Zeppelin, Deep Purple, Cream o Thin Lizzy. Lanzado cuando Geddy y Alex (bajos y guitarras) tenían solo 21 años, el disco epónimo de 1974 contiene un contundente bloque de riffs y solos acompañados por la precisa batería de John Rutsey, de la misma edad, con canciones como Working man, What you’re doing o Finding my way, cantadas por el bajista con inconfundible voz, rotunda y aguda.
Entre 1975 y 1978, el trío se consolidó dentro del prog-rock con largas suites, complejos intermedios instrumentales, uso de bajos y guitarras de doble mástil, pedaleras, instrumentos electroacústicos y letras arcanas, escritas por Neil Peart, el nuevo baterista que, además, enriqueció el proceso creativo por sus espectaculares recursos técnicos que le permitieron incorporar percusiones de todo tipo, desde campanas tubulares y xilófonos hasta sets amplios de tambores acústicos y baterías electrónicas.
A esta etapa pertenecen los extraordinarios discos Fly by night, Caress of steel (1975), 2112 (1976, para muchos su obra maestra), A farewell to kings (1977) y Hemispheres (1978), con temas como Closer to the heart, The trees o A passage to Bangkok, reflexiones propias sobre temas ambientalistas y sociopolíticos; e historias épicas como The fountain of Lamneth, 2112, Xanadu o Cygnus X-1 Book I: The Voyage, con letras inspiradas en escritos de la filósofa rusoamericana Ayn Rand (1905-1982), el autor de El señor de los anillos, J. R. R. Tolkien (1892-1973), la mitología grecorromana o los textos del poeta y filósofo británico Samuel Taylor Coleridge (1772-1834), el mismo que inspiró a Iron Maiden para su clásico tema Rime of the ancient mariner (Powerslave, 1984).
1980-1989: Una adaptación efectiva
Como sabemos, el rock progresivo inició una etapa de declive en la segunda mitad de los setenta por la nueva estética, más cruda y desorganizada, de bandas como The Clash y Sex Pistols –“los punks nos hacían ver a nosotros como si fuésemos Beethoven”, declaró recientemente Geddy Lee a The Guardian- y los canadienses supieron adaptarse mucho mejor que sus pares de la onda “progre”. Como se cuenta en el documental Rush: Beyond the lighted stage (2010), Lee, Lifeson y Peart conservaron la complejidad instrumental, dejando atrás la actitud solemne y fantasmagórica de su etapa previa. El resultado fue un sonido igual de sólido y personal, pero en formatos más comprimidos y hasta amigables para las radios de la época.
Desde Permanent waves (1980) hasta Presto (1989), Rush produjo siete álbumes de puro vértigo y adrenalina musical. A su sorprendente capacidad para tocar líneas de bajo potentes y creativas mientras cantaba, Lee añadió un uso masivo de sintetizadores -especialmente Moog y Oberheim- y pedaleras Taurus para ejecutar largas notas graves con los pies. Lifeson, uno de los mejores guitarristas de su generación, se afianzó con riffs y solos que sonaban a prog-rock clásico y power-pop ochentero, mientras que Peart siguió dejándonos con la boca abierta con su estremecedora potencia y precisión. Moving pictures (1981) contiene clásicos como Red barchetta, el instrumental YYZ -código IATA del aeropuerto de Toronto- y, especialmente, Tom Sawyer.
Otros discos como Signals (1982), con Subdivisions -que aborda un tema de extremada vigencia como es la presión social y angustias de los jóvenes en un mundo de apariencias- y New world man -sobre el choque generacional en tiempos de cambio-; Grace under pressure (1984), que produjo los singles Red sector A y Distant early warning, sobre la guerra fría, mensajes aplicables al mundo actual); o Power windows (1985) con temas como Manhattan Project o la confrontacional The big money, demostraron que los etéreos músicos de rock que en 1976 salían con túnicas y kimonos también poseían un aterrizado discurso geopolítico y social.
1991-2012: Peso y experiencia
Luego vino un tercer periodo, el último, donde el peso y la experiencia de Rush se asentaron para ofrecer un sonido contundente, más cercano al hard-rock, pero sin abandonar su identidad progresiva, reconocible en cada desarrollo instrumental y en el tono vocal de Lee que, desde fines de los setenta ya había dejado atrás las notas extremadamente altas para hacerlo más intermedio.
Además, añadieron un elemento nuevo, el humor, incluyendo por ejemplo la melodía de The Three Stooges (Los Tres Chiflados) al inicio de sus conciertos-algo que hacían desde 1988- o interactuando con los personajes de dibujos animados como Family Guy o South Park, cuyos creadores son grandes fanáticos del grupo. Jack Black, estrella de la comicidad, salió una vez al escenario con ellos y metió toda su ropa salvo paños menores, en una de las lavadoras/secadoras que la banda usa como escenografía desde los años dosmiles.
Y, en su discurso de inducción al Salón de la Fama del Rock and Roll, el 2013 -un hecho que tardó catorce años desde que se hicieron elegibles en 1999- Alex Lifeson, cuyo apellido real es Živojinović, por sus padres llegaron a Canadá desde Serbia, hizo reír al público con dos minutos y medio de «blah blah blah» ironizando respecto de las solemnidad que suele rodear a esas ceremonias. Esa ocasión tocaron Tom Sawyer, The spirit of radio y una versión editada de Overture 2112/The Temples of Syrinx, acompañados por Neil Raskulinecz (bajo), Taylor Hawkins (batería) y Dave Grohl (batería).
Este ciclo arranca con Roll the bones (1991), un disco de transición que tiene de ambas etapas -el vertiginoso instrumental Where’s my thing? que alguna vez usara Canal N como cortina de sus noticieros, la poderosa Dreamline y hasta algo de rap en el tema-título– y termina con Clockwork angels (2012), su última producción en estudio. En el medio, sólidos discos como Counterparts (1993), Test for echo (1996) o Vapor trails (2002) confirmaron su prestigio dentro del rock mundial. En el 2004, el trío se animó a grabar un álbum de covers, Feedback, un homenaje a aquellas bandas que los inspiraron: Cream, The Who, The Yardbirds y Buffalo Springfield.
Una de las particularidades de su discografía son los álbumes en vivo, lanzamientos que sirven para entender la energía, virtuosismo y evolución del grupo en sus distintas etapas. Tanto All the world’s stage (1976), Exit… stage, left (1982) y A show of hands (1988) ofrecen el sonido clásico de Rush en todo su esplendor. A partir del recopilatorio de conciertos Different stages (1998) en adelante, sus discos en directo –Rush in Rio (2003), R30: 30th Anniversary World Tour (2005) o R40 Live (2015)-, funcionan como un muestrario del legado artístico de Rush y un testimonio de su resistencia al paso del tiempo, incluso superando tragedias de toda índole. La decisión de Neil Peart de retirarse de los escenarios, tras la gira del 2015, y su posterior fallecimiento cinco años después, a los 67 años, de cáncer cerebral, parecían los puntos finales de una notable trayectoria. Hasta ahora.
El regreso de Rush en los Juno Awards
El pasado 29 de marzo, Rush hizo su primera aparición con Anika Nilles en batería, durante los Juno Awards, en el TD Coliseum de Ontario. Tocaron Finding my way, el primer tema del primer disco del grupo. La interpretación de Anika es precisa y limpia, mostrando sus credenciales y convenciendo a los seguidores de la banda. El video fue subido a YouTube esa misma noche y actualmente, tres semanas después, supera ya los dos millones de visualizaciones.
La presentación que nadie anticipó -fue una verdadera sorpresa con la que empezó la ceremonia de entrega de los Grammy canadienses- permite ver cómo sonará Rush en The Fifty Something Tour. El bajo de Geddy Lee es perfección absoluta mientras que su voz, aunque suena bien, ya no registra los legendarios alaridos de antaño -sería irracional esperar eso- pero la técnica que usa actualmente le permite llegar a notas altas sin desentonar. Alex Lifeson es garantía de riffs y solos electrizantes. Al lado izquierdo Loren Gold, un joven y experimentado músico de sesión que viene trabajando con todos, desde Hilary Duff hasta The Who y Chicago, apoya en teclados y coros.
Y detrás, Anika, la sorprendente baterista alemana que cumplirá 43 años a fines de mayo y, a juzgar por su presentación en los Juno, ya está lista para afrontar el enorme desafío de cubrir a Neil Peart, uno de los bateristas más admirados en la comunidad mundial de músicos. “En la primera sesión de ensayos, nos dedicamos a hablar de Neil, de cómo captar su forma de pensar, su feeling”, declaró recientemente a Classic Rock. Más allá de una que otra mezquindad publicada en internet, lo que prima entre los seguidores de Rush es la entusiasmada expectativa que ha despertado su presencia.
Anika Nilles: ¿De dónde salió?
Anika Nilles toca batería desde los seis años. Posee un estilo fluido y polirrítmico que fue desarrollando por su dedicación a la práctica y su amor por el jazz fusión. Comenzó a publicar videos en YouTube con sus composiciones en el año 2013, lo que la llevó a realizar cursos, primero en su país Alemania y luego en otros. Desde hace algunos años, es parte del equipo docente del website Drumeo.com, con sede en Canadá. La revista norteamericana DRUM! la eligió la mejor baterista los años 2015 y 2016.
Sus videos tutoriales y canciones la fueron haciendo conocida en la comunidad de bateristas, al punto de ser portada en la revista especializada Modern Drummer, una de las más conocidas del rubro. Nilles tiene su propia banda, Nevell, con la que ha publicado hasta el momento tres álbumes -Pikalar (2017), For a colorful soul (2020) y False truth (2025). Aquí podemos verla en acción, tocando Shine y Pikalar, dos de sus composiciones, donde podemos apreciar su capacidad técnica y sentido del ritmo.
Entre mayo y noviembre del 2022, Anika Nilles se unió a la banda de Jeff Beck para la que sería la última gira del célebre guitarrista, antes de su fallecimiento. El 22 y 23 de mayo del 2023 participó en los dos conciertos-tributo a Beck en el Royal Albert Hall de Londres, en una banda que incluyó a estrellas como Eric Clapton, Billy Gibbons (ZZ Top), Ronnie Wood (The Rolling Stones), Rod Stewart, entre otros. Sobre el desafío de tocar con Rush, Anika explica: “El estilo de Neil Peart era muy enérgico, algo con lo que me siento muy cómoda. También me encanta tocar enérgicamente. Además, siempre ponía cosas nuevas a las canciones, nunca se repetía a sí mismo, eso lo hace más emocionante”.







