Opinión

 

La Telesociedad

El teletrabajo, entre quienes lo tienen, reta, confunde y exige. No es un estado ideal. Si al inicio de la emergencia salieron mucho los consejos de cómo afrontarlo y cómo limitarlo, lo cierto es que el teletrabajo -entre quienes no lo practicaban- ha generado una sobrecarga inmensa de actividad de la que no hay conciencia clara de cómo regular. Se percibe que hay miradas diferentes del empleador de lo que significa trabajar desde casa, con lo que realmente es hacerlo. Pero si se regula y se convierte en un espacio manejable, el teletrabajo se quedará.

Pero supone muchos retos que no se han considerado antes y que hay que pensar abiertamente. El teletrabajo usa recursos privados para la producción para terceros. Muchas veces hay que consumir recursos como el Internet de casa, la PC o laptop personal, la energía eléctrica. Y eso no estaba en el contrato. El teletrabajo asume un horario que no respeta dinámicas de alimentación o consideraciones propias de la emergencia. Pero son exigencias que aparentemente se dejan pasar al ponerse en una balanza y comparar ello con estar en casa, ver a la familia, evitar el tráfico del desplazamiento y decidir el espacio de trabajo que se quiere. Aparentemente, el teletrabajo es un escenario preferido pese a todo.

Pero el “tele” no es solo laboral, también es educativo. Niños y jóvenes han visto interrumpida su jornada educativa habitual y han tenido que refugiarse en estrategias de educación a distancia. Con todos los matices del caso: hay quienes reciben clases y tareas por WhatsApp, hay clases en línea, videoconferencias, clases por Youtube, los programas del Estado por TV. Este probablemente sea el tema en el que después de más de 50 días la adaptación tarda más en darse. Hay confusión en todos los ámbitos, en función a qué pasará después, cómo se aprende realmente, cómo se evalúa. El acompañamiento de los padres además es relevante y consume tiempo: hay que estar ahí, revisar el WhatsApp, ver que hagan la tarea, tomar fotos, enviar a profesores, etc.

Pero no hay resistencia sino más bien percepción de necesidad. La sensación de que los hijos no deben estar sin estudiar es muy evidente en todos los niveles, pero con mucho más énfasis en los bajos. La preocupación por la calidad de lo que los niños y jóvenes reciben es también más evidente en estos niveles. En los altos se da por asumida una educación de nivel y se considera más ordenada y preparada la propuesta de los centros educativos.

Pero pareciera que el aprendizaje virtual no tuviera los mismos beneficios que el presencial y el debate público sobre las pensiones se traslada a las preocupaciones de los padres de familia, que esperarían que se vean reducidas e incluso anuladas. Se piensa que la teleducación es la última alternativa y aún no se reconocen los beneficios que se pueden recibir con dicha modalidad. Por otro lado, la insuficiencia de ancho de banda adecuado en los hogares es una limitante para el aprovechamiento adecuado de la educación virtual. Es un tema en el que se debe trabajar con fuerza si es que la teleducación llegó para quedarse.

Entonces, vimos una parte de las cosas que pudimos predecir en ese momento, hace ya dos largos años, que han parecido veinte en realidad. La mayoría tuvo sustento. La pregunta que siempre quedará en el aire es: ¿habremos aprendido? ¿tendremos la capacidad de ser mejores?

 

[1] Feifer, Jason (2020): 3 Major Opportunities That Will Come From This Pandemic. En: https://www.entrepreneur.com/article/350215

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Covid-19, Cuarentena, Gobierno

Pinta mal la perspectiva política peruana. Un gobierno sumido en la rampante medianía y una oposición carente de grandeza. Una sociedad civil pasmada: desde la izquierda, por la indignación selectiva (salen prestos a marchar por el indulto a Fujimori y guardan repulsivo silencio frente a las tropelías de un régimen intolerable), y desde la derecha, con gremios empresariales afónicos o núcleos activos que “invierten” sus recursos en idioteces en lugar de temas estructurales de importancia para el país.

 

 

-La del estribo: dos publicaciones recomendables. El libro PolítiKa vs. Prensa, una relación tóxica en tiempos convulsionados, del abogado Andrés Calderón, que publica Debate; e Independencia del Perú: la historia detrás de la historia, de Jaime Taype Castillo, que publica el Fondo Editorial del Congreso (felizmente activo), como parte de la Colección Bicentenario de la Independencia.

 

 

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Gobierno, MEF, Petroperú

La pureza: ¿puedo, o no, concebir que individuos y personas que hacen las cosas de la vida de manera muy diferente a la mía y la de los míos —desde lo que comen hasta cómo y con quién hacen el amor, pasando por la manera en que entierran a sus muertos y elevan sus plegarias al cielo— son en esencia como yo?

¿Les conviene o no a quienes me “saben” bien o mal — en función de las anteriores dimensiones— o están vinculados con ellos?, es lo que determina hacia qué lado de la presente tragedia me inclino, quién quiero que gane o quién quiero que pierda, quién no quiero que gane o quién no quiero que pierda.

Los relatos, los discursos racionales y las sustentaciones argumentativas —interesantes y valiosas— son las maneras en que la corteza cerebral explica y justifica lo que viene de más abajo.

 

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Política, sociedad

De la desidia de la izquierda limeña en constituirse en un sector vital y orgánico de nuestra política, se explica la súbita aparición de Perú Libre. No busca esta reflexión achacarle a PL, todos los defectos y críticas que ya se le han hecho y que son harto conocidas. El tema es reconocer que, ignorándolo Lima, el centro del poder, en la sierra peruana, principalmente la urbana, se organizó un partido político que, me corrijo, junto al Morado, conforman la dupla de organizaciones políticas correctamente instituidas con las que cuenta el Perú.

El marxismo-leninismo de PL, es otra cosa, a mi tampoco me gusta, como no me gusta el caudillismo del inefable Vladimir Cerrón, ni el APRA, el partido más moderno del siglo XX peruano, pudo escapar al flagelo del líder carismático, weberianamente hablando. Pero independientemente de esto, Perú Libre, es un partido político con programa, cúpula, militantes, bases y seguidores; y surgió de la región huanca, como lo hizo la verdadera resistencia peruana durante la guerra del Pacífico, con perdón de la forzada comparación.

En todo caso, puede que yo esté completamente equivocado, que los partidos políticos sean una manifestación societal de los siglos XIX y XX, y obsoleta en tiempos en los que, evidentemente, las redes convocan más que aquellos. Lo que nadie puede negar es que un país no puede construirse sin clase política. Miremos nomás a Chile, ante el fracaso de una, perfectamente instituida, el pueblo, recupera la soberanía en sus manos y la reemplaza por otra, igual de capacitada, pero joven e inclinada hacia reformas en el ámbito del Estado de bienestar. Una manera muy chilena de instituir el siglo XXI en el país vecino.

Con o sin partidos políticos, y sin negar la globalidad de muchos de los fenómenos aquí descritos, lo cierto es que sin una clase política profesional, preparada y descentralizada, que persiga auténticamente utopías de las que ni hablamos ante tanto ruido, como el mero y simple desarrollo del país, no contamos con un punto de partida para comenzar a implementarlo. Sin punto de partida no hay principio, de allí mi escepticismo, el de un utópico que no por ello dejará de perseguir la utopía del progreso nacional.

 

 

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Política, sociedad

¿Ya se olvidaron ambos de los acosos del agilito en las reuniones literarias de los años 90? Ahí la sororidad brilla por su ausencia. 

Ah, me olvidaba mencionar su nombre: 

nahhhhh….. sería hacerlo más famoso, que es lo que en el fondo quiere. Que siga el agilito paseando a su perro “Mantequilla” por las bien mantenidas orillas de su pueblo en Nueva Jersey, que es adonde van a parar algunas almas como la suya desquiciadas por la verdad.

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Opinión, sociedad

Y la derecha, torpe y miope que tenemos, no es capaz siquiera de darse cuenta de ello, que mientras más perdure el statu quo, peores serán sus posibilidades de un triunfo electoral en la próxima justa presidencial. El camino del declive general, la consolidación de un Estado fallido, controlado por las mafias informales, será irreversible por un buen tiempo. Y mientras eso pasa, los halconcillos bamba de la derecha seguirán cobrando sus jugosos emolumentos en el palacio Legislativo. Una real vergüenza.

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Congreso, Oposición, Vacancia

Alberto Fernández, presidente de Argentina de 62 años, acompañó el regalo a Gabriel Boric, presidente de Chile, de 36, con una carta escrita a mano con frases de Spinetta, y declaró su complacencia por «compartir ese fanatismo». Para muchos puede resultar banal y poco importante pero es, de alguna forma, una demostración de sensibilidad artística comúnmente ajena a los políticos. Puede ser, desde luego, que nos estén engañando pero, en todo caso, me inspira más confianza un político admirador de un músico elevado y poco popular que uno asociado a representantes de la farándula escandalosa para «empatizar con las mayorías».

Que un disco de rock de los años setenta sea, en la actualidad, un producto cultural representativo de Argentina, evidencia el orgullo que genera, en el corazón del establishment de ese país, la figura y trayectoria de un músico como Luis Alberto Spinetta, capaz de trascender épocas e ideologías como lo hicieron Carlos Gardel, Atahualpa Yupanqui o Facundo Cabral. Y, como bien apuntó el politólogo Carlos León Moya, en su programa de YouTube Voto Irresponsable, es una muestra más de cuánto nos superan los gauchos en cuestiones de iconos rockeros: “¿Qué podría ofrecer el Perú que sea equivalente, un disco de Líbido?”

Por todo esto, es relevante y, en cierto modo, hasta esperanzador, que una pieza de arte sonoro, etérea e indescifrable, contracultural y volátil, se convierta en el nexo entre dos individuos de diferentes generaciones que, más allá de ser, después de todo, un par de políticos -terrenales, ambiciosos de poder, corruptos en potencia- muestren un aspecto inesperado de su personalidad. Ocurrió con Václav Havel (1936-2011), último presidente de Checoslovaquia y primero de la República Checa tras la disolución en 1992, quien fue amigo de rockeros, escritores y actores de cine -él mismo era un hombre de teatro y literatura-, una figura refrescante en el entramado político de esa zona del mundo. El arte y la política no suelen estar del mismo lado. Y cuando pasa, es necesario prestar atención antes de dilucidar si se trata de una feliz coincidencia -que no garantiza, en sí misma, una mejora en sus respectivos gobiernos- o si solo es un caso más de utilización política de prestigios ajenos.

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Cultura, Música, sociedad

Incluso ha contribuido a la narrativa de la defensa del Estado ruso y de la población rusoparlante en otros países con su concepto de la “seguridad espiritual”. Siempre subraya el carácter distinto del mundo ruso y sus valores en contraposición al “Occidente decadente”. De este modo, también pone en cuestión los derechos humanos universales. Las intervenciones militares, ya sea en el Donbás o en Siria, así como la anexión de Crimea, son justificadas con una explicación metafísica y elevadas a a categoría de “lucha sagrada”. Se defiende no sólo militarmente el país y a su población de supuestos peligros, sino también los propios valores, la propia espiritualidad y tradición, que son mucho más valiosas que la vida humana. Las guerras rusas en la historia son presentadas por la autoridad eclesiástica siempre como guerras defensivas y las acciones militares de los soldados son mitificadas insistentemente como hechos heroicos.

A esto se suma que el patriarca siempre ha dependido del Estado. Pero su nivel de sumisión y falta de libertad en la actual situación es particularmente chocante, pues muestra el enorme miedo que le tiene al gobernante y evidentemente su falta de fe en Dios. Por otra parte, el patriarca está cautivo de su propia propaganda. Padece, al igual que Putin, de una enorme pérdida del sentido de la realidad. Ambos se han recluido en los últimos años debido a la pandemia y viven palpablemente en su burbuja, manteniendo contacto sólo con un reducido círculo de personas. Ya no tienen la capacidad de estimar adecuadamente la situación en Ucrania, ni siquiera en el mundo entero.

Sea como sea, el poder religioso que establece alianzas con los poderes políticos, económicos y fácticos, además de perder su libertad de acción y traicionar el mensaje de Jesús consignado en los Evangelios, termina siendo el aval de las más perversas atrocidades y se convierte en una amenaza para la humanidad. La historia así lo demuestra.

 

 

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Iglesia, Rusia, sociedad

De paso, el antifujimorismo reestrenado por el régimen podría ser un parteaguas para volver a colocar frente a frente al gobierno y a la derecha, rompiendo la luna de miel que se había establecido en las últimas horas entre voceros del oficialismo e impensados halcones de la diestra, como el almirante Montoya y Renovación Popular.

 

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Alberto Fujimori, Fujimorismo, TC
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