Opinión

[Cosecha Roja] El pasado domingo, como parte de las actividades de la primera edición de la Feria Revuelta Ambulante, un colectivo de poetas dirigido por Victoria Guerrero presento la antología de poesía social Propongo y agito. Uno por uno, varias de las y los autores de la antología leyeron sus poemas, así como los de sus compañeros que no pudieron asistir al recital. Cuando le toco el turno a Christian Solano, escritor limeño, leyó la totalidad de su poema titulado “Pataz” cuyas líneas, casi proféticas, resonaban aun con más fuerza ante los titulares que durante esa misma mañana los noticieros y diarios habían difundido a nivel nacional: los cuerpos de los 13 trabajadores de seguridad de la minera la Poderosa que habían sido secuestrados una semana antes habían aparecido en un socavón, torturados y ejecutados, con una bala en el cuello cada uno. Un video que muestra los últimos instantes de las vidas de estos trabajadores mineros antes de ser asesinados también comenzó a difundirse esa misma mañana. 

“Alrededor de 1,500 hectáreas en la Libertad son concesiones mineras / La Ciudad Universitaria de San Marcos mide 60 hectáreas / Mil quinientas representan 22 campus” leyó Solano ante el público. 

Más del 50 % del territorio regional de La Libertad esta ocupado por concesiones mineras que actualmente es la principal región productora de oro en el país. Mineral que supero hace unas semanas su récord histórico en su precio (US$3500 dólares la onza) impulsando una verdadera fiebre de oro a nivel mundial que aparece como un oasis financiero ante la guerra arancelaria y la incertidumbre económica. 

“Pataz es tierra de nadie / El tren de Aragua se adueña de todo” soltó en otra de sus líneas. No solamente el Tren de Aragua, sino Los Pulpos, la Gran Familia y tantas otras organizaciones criminales más pasaron de prestar servicios de protección a mineros ilegales de la zona a tomar control activamente de las actividades de extracción, traslado y procesamiento de mineral ante la vista y paciencia de nuestras autoridades políticas y, muchas veces, con su apoyo. 

“Solo te pedimos una colaboración / 50mil solcitos nomas / Sino empezamos a dar vuelta / Uno por uno de tu familia / Cincuenta mil soles costaron toda mi carrera en la UCV” lanzó en una de las ultimas líneas de su poema como para dejar en claro que Alianza para el Progreso, el partido liderado por Cesar Acuña, lleva más de una década ocupando el Gobierno Regional de La Libertad, región que se ha vuelto hoy sinónimo de muerte y corrupción, mientras que el líder y actual gobernador regional usa toda su artillería para mantener la farsa que tenemos por gobierno en pie.  

 ¿Por qué Pataz? Porque permitimos que se convierta en lo peor de nosotros. 

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crimen organizado, La Poderosa, Masacre, Minería Ilegal, Pataz

[En la arena]

En homenaje a nuestros muertos

Sea en La Libertad o en Madre de Dios, la criminalidad vinculada con la minería ilegal funciona con redes de trata, extorsión y tráfico de insumos químicos. Estas organizaciones criminales se asentaron durante la pandemia del Covid-19 y este gobierno no tomó ninguna medida para combatirlas, tampoco el gobierno regional de César Acuña. Mientras tanto, en Lima, la policía anuncia mensualmente que ha capturado nuevas bandas de sicarios y extorsionadores, de manera que en lugar de decrecer parecen multiplicarse. Las organizaciones mineras que acabaron con la vida de 13 peruanos secuestrados, están compuestos por hombres maduros: según los estudios (Superintendencia de Banca, Seguros y AFP  (2923)se encuentran entre los 25 y 60 años, mientras que en Lima, según la policía nacional, 1 de cada 5 bandas está integrada por adolescentes. En todos estos casos, el 95% de sus integrantes, son hombres. 

¿Cuántos de ellos (a quienes si sumamos seguro superaremos de lejos el millón de peruanos) podría conseguir un trabajo para mantener a su familia o estudiar una carrera universitaria? Para siquiera mantenerse. 

Los últimos resultados de la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje (ENLA 2023) han mostrado que en las zonas rurales de La Libertad, sólo el 7% comprende lo que lee. En Madre de Dios, ni siquiera el 9% de hombres de toda la región lo comprende. La OCDE culpa su bajísimo nivel de aprendizaje al asistir a escuelas con mala infraestructura, falta de materiales y docentes poco capacitados, tanto como a los obstáculos del entorno familiar: la pobreza, la condición de migrante, y las largas distancias en zonas rurales. (2016)

Dejando de lado el supuesto llamado a guerra de la presidenta de la República, Urge detenernos en estas elecciones en el ámbito de la pobreza, porque es la pobreza la violenta. Y la violencia nos tiene bajo amenaza. Niñas, niños, jóvenes viven en familias constituidas por frustrados adultos que agonizan en trabajos opresivos, dejándolos crecer desnutridos, a golpes o en abandono, reduciendo sus capacidades cognitivas y atentos al tráfico de armas, a la trata laboral y sexual, y a la extorsión que está ahí, a la vuelta de la esquina.   

Son muchos los estudios acerca del impacto emocional, personal y social que acarrea tanta violencia, más aún en aquellos en las que jamás se detuvo desde sus primeros días de vida. Niños en quienes de inmediato emergen problemas de salud mental, adolescentes que viven en permanente desconfianza, con baja autoestima. Con miedo, estrés, y ansiedad, conmovidos psíquicamente, recluyéndolos o encendiendo sus venganzas. Ahí donde la violencia crece. 

Si queremos darles una alternativa a nuestros jóvenes, en las próximas elecciones, un criterio que podemos esbozar sea quizá aprender a NO votar por quien produzca y prometa más violencia. Habrá mucha información falsa. Acusaciones mutuas, acalorados debates. Y tanto nosotros, como nuestros jóvenes, necesitamos espacios de calma para pensar. ¿Cómo resolvemos la pobreza, la carencia de estudios, de trabajo, de atención para que la extorsión se rinda? Este voto tiene que ser uno pensado. Escuchemos qué proponen a los jóvenes y si será posible. Hay una generación a la que debemos (también porque estamos en deuda) rescatar. Votemos, con ellos, por la justicia. 

La fotografía es del Estudio Gálvez Monteagudo. 

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[Música Maestro]

Un concierto intenso y lleno

Hasta hace unos días, el último megaconcierto de rock en el Perú fue, si la memoria no me falla, la tercera visita de Paul McCartney, en octubre del año pasado. El ex Beatle, a sus 82 años cumplidos, abarrotó el Estadio Nacional. Su trayectoria y estatus de leyenda viva de la música popular contemporánea justificó la expectativa y la asistencia masiva de público.

Por eso sorprende tanto que sea una banda de heavy metal que solo publicó, de manera oficial, cinco álbumes entre 1998 y 2005 y que lleva dos décadas sin lanzar una producción completa -con excepción de dos temas que ya tienen un lustro de antigüedad- se alce, desde su presentación el domingo 27 de abril, con el título del concierto más concurrido e intenso realizado en Lima. 

Claro, en estos tiempos en que hay público para todo, este comentario puede parecer desubicado. Después de todo, grupos de cumbia como Armonía 10 o El Grupo 5 pueden hacer tres fechas con 50 mil personas cada una en el mismo lugar. Y también llenaron ese estadio o el de San Marcos personajes tan disímiles como Bad Bunny, Luis Miguel, The Cure o Shakira. Aun así, la locura colectiva desatada por System Of A Down es notable y extraña, en un país tan desinformado en cuestiones que exijan un poco de información, más allá de la popularidad que tengan un par de canciones o videos en redes sociales.

No fui al concierto pero, después de ver imágenes en YouTube, con fans enfervorizados cantando a gritos las letras cargadamente políticas de este cuarteto apadrinado desde sus inicios por el Rey Midas del rock, el metal y el rap, el productor Rick Rubin, se me ocurrió que a pesar de la anomia causada por la podredumbre corrupta que nuestras autoridades gubernamentales han instalado a punta de bala y cinismo, hay un hartazgo que, en ocasiones como esta, encuentra una saludable válvula de escape.

Reivindicando a su pueblo

System Of A Down no propone el escapismo irresponsable o el exhibicionismo vacío. Tampoco aborda sus críticas a partir de generalidades, actitudes grotescas o metáforas ingeniosas pero poco útiles. De hecho, su agenda es bastante directa y específica. Los cuatro integrantes de System Of A Down, aunque crecieron y se educaron en California, no se identifican para nada con la tierra del Tío Sam. 

De hecho, dos de ellos, el vocalista Serj Tankian (57) y el baterista John Dolmayan (52) nacieron en Beirut, capital del Líbano. El bajista Shavo Odadjian (51) nació en Yerevan, capital armenia. El único nacido en los Estados Unidos es el guitarrista/cantante Daron Malakian (49). Los padres y madres de los cuatro son originarios de Armenia, país del oeste asiático que fuera víctima, en tiempos de la Primera Guerra Mundial, de un terrible genocidio no reconocido por sus perpetradores.

Precisamente, la llama que inspira las composiciones de System Of A Down es la tragedia que padeció el pueblo de Armenia a manos de lo que hoy es Turquía, durante el periodo tardío del Imperio Otomano. De hecho, los abuelos de Serj Tankian sobrevivieron a ese exterminio que acabó con la vida de un millón y medio de personas, durante casi tres décadas en las que los otomanos ejecutaron una oprobiosa “limpieza étnica” que incluyó violaciones, masacres, campos de concentración y destierros. 

La brillante Turquía, la de ciudades hermosas como Estambul, Izmir o Midyat, la de las sorprendentes mezquitas y puentes que vemos en esas producciones audiovisuales que tanto le gustan a Dina Boluarte, ha negado históricamente que esto ocurrió, a pesar de que 35 países del mundo sí han aceptado, después de años de indiferencia, el padecimiento injusto del pueblo armenio. Cuando Hitler elucubraba el holocausto y alguno de sus colaboradores le advertía sobre los riesgos de convertirse en genocida, él respondía “piensa en los armenios, ¿quién los recuerda ahora?”

System Of A Down y el Perú

¿Qué tienen en común 20 o 30 mil chicos y chicas peruanos, sin futuro y sin ganas de defender a su propio país, con las letras de canciones como War?, B.Y.O.B. o P.L.U.C.K. (Politically Lying, Unholy, Cowardly Killers) -la gran faltante, hasta ahora, en el setlist del Wake Up Southamerica Tour, que habla directamente del genocidio de sus antepasados- entonadas con cánticos que pasan de lo místico, casi como si fuera una plegaria, a esos atronadores torbellinos guturales sobre una base de groove metal que, por momentos, nos hace recordar las mejores grabaciones de Pantera o al Sepultura post-Roots?

La indignación y la rabia, puede ser, si nos ponemos optimistas. Quizás en el inconsciente colectivo de esos fans locales late aquello que harían por el Perú si no tuvieran tan presente que Dina y sus secuaces disparan a matar en las manifestaciones. Por otro lado, quizás también sea cierto que les interesan más las canciones menos directas. Sugar, por ejemplo, la canción con la que se dieron a conocer en 1998 con su epónimo debut, el de la carátula de fondo negro y la mano usada en afiches anti-nazis en los años veinte –“con poder tanto para crear como para destruir”-, es una crítica al consumismo y la desinformación de los medios corporativos. O Soldier side (Hypnotize, 2005), que es una especie de Disposable heroes (los conocedores de la discografía de Metallica entenderán la referencia), una cruda narración empática con los que siempre pierden, los combatientes de cualquier guerra. 

O quizás sus favoritismos se orientan hacia aquellas canciones que lidian con temas más personales, íntimos, casi de estética “emo”, como Aerials (Toxicity, 2001), Lost in Hollywood (Mezmerize, 2005), Lonely day (Hypnotize, 2005), una oscura historia que puede aplicarse tanto a una víctima de gobiernos asesinos como a un adolescente y sus tribulaciones amorosas. O ese clásico contemporáneo titulado Chop suey! -como el plato de comida china- que trata nada menos que del suicidio, de letra desoladora en la que Tankian incluso utiliza una de las siete palabras de Cristo en la cruz –“Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”-. De hecho, el origen del título encubre las intenciones iniciales del grupo de llamar a esa canción Suicide. Así, “suey” sería la palabra “suicide”, pero cortada (“chopped”).  

Una banda diferente

Como hicieran en los ochenta los iconos del punk Dead Kennedys o los thrashers de Megadeth; o en los noventa los explosivos Rage Against The Machine, System Of A Down suscribe causas muy concretas, golpeando con sus versos a los grupos de poder, a los Estados Unidos, a los vicios de la sociedad de consumo, a los medios de comunicación, al fracaso de la educación, a la hipocresía política y militar. Pero, a diferencia del sesgo izquierdista de los liderados por Eric “Jello Biafra” Boucher, las diatribas de alcance global de Dave Mustaine o los reclamos, a veces muy desinformados, de Zach de la Rocha; la sólida propuesta artística de System Of A Down tiene un trasfondo íntimo, familiar. 

Quizás el caso de Serj Tankian sea el más evidente, pues debe haber escuchado en las sobremesas caseras, las historias de lo que sufrieron sus abuelos. Pero los demás integrantes tienen también a flor de piel esa identificación con su país de origen, el mismo que fue, desde 1920, una de las repúblicas socialistas soviéticas hasta la división en 1991. El padre de Daron Malakian, por ejemplo, trabajó como profesor de danzas folklóricas armenias en un colegio californiano, por lo que el futuro guitarrista adquirió desde muy joven ese cariño por su identidad y, posteriormente, al conocerse con Serj, profundizó sus intenciones de expresar artísticamente su activismo nacionalista y reivindicador. Los padres de John Dolmayan, por su lado, huyeron de la guerra civil libanesa, a fines de los ochenta.

Visualmente, System Of A Down también rompió el molde si pensamos en el común denominador de las bandas de metal norteamericano de su tiempo. Después de todo Serj, Daron, Shavo y John, además de sus apellidos terminados en “ian”, señal inequívoca de su procedencia- tienen los rasgos profundos y serios de sus eurasiáticos progenitores: miradas fuertes y penetrantes, cabelleras y cejas negras -a excepción del bajista-, todo acentuado por el maquillaje, tatuajes, peinados y barbas bizarras -sus primeras fotos publicitarias son una combinación de la actitud amenazante y sobrenatural de Mudvayne con los gestos de Slayer, enojados y sin máscaras-, y los saben combinar con un ataque musical que puede pasar del alarido gutural y monstruoso, a los juegos vocales en clave humorística y al drama pesado y contundente con total fluidez y credibilidad.

John Dolmayan es un baterista fuertemente influenciado por el jazz -hace recordar a Bill Ward de Black Sabbath con esa capacidad para usar técnicas jazzeras en medio de sus bombazos metaleros- y combina a la perfección con el bajo profundo y bien colocado de Shavo Odadjian. El trabajo de Daron Malakian en guitarras es exótico e innovador, mezclando notas salpicadas por aquí y por allá con paquidérmicos riffs cargados de distorsión y volumen alto. Malakian no toca muchos solos pero, cuando lo hace, sorprende por su sentido melódico. En cuanto a Serj Tankian, es de lejos uno de los mejores vocalistas de su generación, con una capacidad tremenda para transmitir emociones, cambiar de registros y conectar con el público, que para 1998 ya andaba algo cansado de los rapeos de Fred Durst o los disfuerzos de Johnatan Davis (líderes de Limp Bizkit y Korn, respectivamente).

Evolución y actualidad de SOAD

Todos estos elementos hacen especial a System Of A Down, como también su propia historia y evolución. Luego de los exitosos discos System of a down (1998) y Toxicity (2001), que los posicionaron como nuevas promesas del renacimiento metalero, apareció Steal this album! (2002), un disco sin carátula cuyo título es respuesta a una coyuntura asociada a la industria discográfica, similar al pleito entre Metallica y Napster. Poco antes de que se lanzara oficialmente, varias canciones comenzaron a circular en archivos mp3 sin autorización del grupo. Las letras de temas como Fuck the system o A.D.D. (American Dream Denial) son claramente anti-USA, mientras que temas como I-E-A-I-A-I-O o en B.Y.O.B. presentan segmentos con un sonido construido sobre patrones rítmicos propios de su origen étnico.

Para ese momento, sus canciones habían dado la vuelta por el cine y la televisión -desde South Park hasta el tercer capítulo de la saga de terror Scream- y eran fijos en todo festival y especial de MTV dedicado al rock duro. Habían sido convocados en el 2000 para participar en el segundo volumen del homenaje a Black Sabbath, Nativity in Black, para el cual grabaron una excelente versión del clásico Snowblind. En septiembre del 2001, poco antes de la aparición oficial del disco Toxicity, la banda anunció un concierto gratuito en una explanada de estacionamiento de Los Angeles. Sin embargo, como el aforo se había superado largamente, el jefe de bomberos decidió, intempestivamente, cancelar. Lo que siguió fueron seis horas de caos y vandalismo, con detenidos y más de 30,000 dólares en equipos destruidos. O sea, la banda estaba en el corazón de la noticia. 

No obstante, después de lanzar dos álbumes simultáneos y complementarios, Mezmerize/Hypnotize (2005), el cuarteto se separó para “satisfacer inquietudes personales”, eufemismo que usaron para ocultar algunas diferencias creativas, que no alteraron por supuesto su amistad y unión por la causa armenia. Tankian inició una ecléctica discografía como solista -lleva ya más de una decena de discos publicados. Malakian y Dolmayan armaron un proyecto intermitente llamado Scars on Broadway. Y Odadjian se dedicó a grabar con un amplio rango de artistas, desde Wu-Tang Clan hasta George Clinton. 

Entre 2010 y 2020 la banda se reunió para dar multitudinarios conciertos. En el 2011 llegaron a Sudamérica y el 23 de abril del 2015, como parte de la gira mundial Wake Up The Souls, en la que presentaban un corto animado en tres partes sobre la historia del genocidio armenio, dieron un concierto gratuito en Yerevan, en la Plaza de la República, para conmemorar el centenario de uno de los hechos más graves de aquella historia. Entre la noche del 23 y la madrugada del 24 de abril de 1915, las huestes de Mehmed VI, el último sultán del Imperio Otomano, arrestaron, deportaron y asesinaron a cientos de integrantes influyentes de la comunidad, entre artistas, escritores, docentes y personalidades eclesiásticas. Era la primera vez que tocaban en Armenia.

La actual gira de System Of A Down comenzó en Colombia, el pasado 24 de abril, en el famoso estadio de fútbol El Campín de Bogotá. En aquel concierto, Daron Malakian y Serj Tankian hicieron, cada uno a su estilo -más pausado uno, más colérico otro- mención directa de la efeméride, conocida en Chile y Argentina como Día de la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos en Memoria del Genocidio Armenio. Lima y Santiago de Chile siguieron, los días 27 y 30, tras lo cual el cuarteto abarrotó el estadio de Vélez Sarsfield, en Buenos Aires, el 3 de mayo. Desde ayer, lunes 5, “las víboras armenias” cerrarán su periplo sudamericano con cinco noches en Brasil, en las ciudades de Curitiba, Rio de Janeiro y São Paulo, donde ya han confirmado tres conciertos en el famoso autódromo de Interlagos, con capacidad para más de 50 mil asistentes.

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Armenia, Conciertos en Lima, metal., SOAD, System Of A Down

[La columna deca(n)dente] En la provincia de Pataz, región La Libertad, la muerte se ha vuelto rutina. Mineros son asesinados uno tras otro: 39 trabajadores ejecutados, según reporta la minera La Poderosa, sin justicia, sin paz y, sobre todo, sin respuestas. La declaración del estado de emergencia, vigente por más de un año, se ha reducido a un ritual burocrático sin efecto real. Las fuerzas armadas y policiales, desplegadas en la zona, no han logrado frenar la expansión de las organizaciones criminales.

El epicentro de esta violencia no es un conflicto político ni una insurrección armada: es el oro. Oro extraído con sangre. La minería ilegal —a menudo encubierta por concesiones irregulares y empresas fachada— ha instaurado un orden criminal paralelo. En las galerías subterráneas no rige la ley de la República, sino la ley de las mafias. Amenazas, extorsión y asesinatos marcan el día a día de quienes trabajan allí.

La respuesta estatal ha oscilado entre la torpeza y la negligencia. La militarización, sin inteligencia estratégica ni coordinación multisectorial, ha demostrado ser ineficaz. Peor aún: la impunidad que impera en Pataz no solo es consecuencia de la inacción, sino también de decisiones políticas y leyes que favorecen al crimen. Un ejemplo fue la aprobación de la ley que amplió el plazo del proceso de formalización minera para la pequeña minería y la minería artesanal, conocida como Ley Reinfo. Esta norma fue aprobada con un inusual consenso: 87 votos a favor de todas las bancadas parlamentarias, sin excepción. Fuerza Popular, Podemos, Renovación Popular, Somos Perú y Avanza País votaron a favor de manera unánime, mientras que bancadas como Perú Libre y Alianza para el Progreso, entre otras, también la respaldaron, aunque con algunos votos en contra. La ley fue promulgada de manera expeditiva por la presidenta Dina Boluarte.

El problema de fondo excede las fronteras de Pataz. El oro ilegal no solo financia mafias locales, sino que se inserta en circuitos globales de comercio y en redes de poder político. La minería ilegal, que habría generado alrededor de 10 mil millones de dólares el año pasado, se ha convertido en una fuente de riqueza incontrolada, protegida por intereses de alto nivel. En este contexto, el Estado no solo pierde soberanía: la entrega.

Lo que ocurre en Pataz no es una excepción, sino el reflejo de un país fragmentado, donde los territorios ricos en recursos naturales son también los más desprotegidos en derechos. En lugar de más policías y más militares, lo que se necesita es estatizar Pataz. No en el sentido económico de expropiar empresas, sino en el sentido político más urgente: recuperar el control efectivo del territorio.

Estatizar Pataz significa restituir el monopolio legítimo del uso de la fuerza, hoy disputado o perdido frente a organizaciones criminales. Implica reconstruir la institucionalidad: garantizar servicios de salud y educación de calidad, justicia oportuna, y fiscalización ambiental y laboral efectiva. En suma, desmantelar el Estado paralelo del crimen e instaurar un Estado democrático que funcione.

O se recupera el territorio para el Estado de derecho, o se normaliza su abandono. Porque cada asesinato en Pataz lanza un mensaje brutal: el oro vale más que la vida. Mientras ese mensaje no reciba una respuesta firme, con decisiones públicas y resultados visibles, la barbarie seguirá brillando más que la justicia.

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Congreso, crimen organizado, Dina Boluarte, Pataz

Por : Baldo Kresalja R.

No es necesario hacer un inventario de los males acumulados durante los últimos años, males vinculados a lo material y sobre todo a lo moral, lo emotivo, y al deterioro en los servicios públicos esenciales. Es de tal envergadura el desánimo, la corrupción y la desvergüenza, que es preciso llevar adelante algunas prácticas que se limiten a lo esencial, algo que sea de fácil entendimiento general.

Comencemos con una lección, una sola, que todos tienen que aprender y que debe repetirse todos los años al inicio del año escolar en todos los niveles, así como también en todos los hogares. Una sociedad que aspira a la paz y a la búsqueda de felicidad debe entender que ser ciudadano implica igualdad en derechos y deberes, sin excepciones. Que los gobernantes deben ser elegidos por el pueblo y su gestión tiene plazo inmodificable. Que las familias y las escuelas deben comportarse con disciplina y corrección para el logro de sus objetivos. Que nadie tiene derecho a exigir premios o prebendas. Que el mérito está en el cumplimiento del deber frente a uno mismo y frente a los demás, para de esa manera generar la confianza que hace posible la vida saludable.

Pero es también preciso echar a volar un anzuelo a fin de poder elegir una acción que supere facciones, ideologías, diferencias. Esa pesca favorece una idea alocada, difícil de compartir, pero no encuentro otra que permita generar un entusiasmo generalizado en busca de un futuro diferente. Se trata, nada menos, de construir una nueva capital en un lugar que los técnicos más destacados escogerán. Es cierto que costará mucho dinero y esfuerzo, pero no seremos los únicos en hacerlo, pues ya lo han llevado adelante varios pueblos y países en distintas épocas, como también se realiza en estos días.

Cusco ya fue dos veces el centro del poder en el Perú y Lima lo es desde hace varios siglos. Ambas ya cumplieron con su misión, ahora es preciso cambiar y crear un nuevo centro de poder, que nos entusiasme y acoja. Lima, ahora que ya aloja a todas las sangres, seguirá siendo una ciudad de gran importancia económica y cultural. Los que emigraron hacia ella se esforzaron mucho para incorporarse a su ritmo y dimensión; la propuesta de una nueva capital les llamará la atención, pero no perderían lo ya invertido. Simplemente el poder central debe alejarse de Lima, de su desorden natural, de los intereses concentrados que limitan y estorban todos los grandes desarrollos futuros para buscar que el Perú vuelva a ser una gran nación, el núcleo liberador y unificador de Sudamérica, concentrando y compensando por su nueva ubicación las tendencias exógenas de toda la región.

Y es conveniente que esa inmensa tarea tenga un símbolo convocatorio de fácil elaboración. Hay que recordar cómo algunos eslóganes sirvieron entre nosotros para generar entusiasmos compartidos. Por ejemplo, las campañas políticas del presidente Fernando Belaunde con su partido Acción Popular, vinieron acompañadas de lemas tales como “el pueblo lo hizo” o “la conquista del Perú por los peruanos”. Cómo, de otro lado, la revolución cubana y las andanzas del Che Guevara fueron seguidas por sus seguidores con el grito “hasta la victoria siempre”. Y quizás, no hubo alguno que superará la propuesta aprista: “fe, unión, disciplina, acción”. 

Pues bien, ojalá que esa primera lección política se conozca y se respete, que ese anzuelo que es la construcción de una nueva capital nos entusiasme porque será mestiza y convocante, que pueda naturalmente acogerse con ilusión en las mentes de niños, jóvenes, adultos y ancianos, y que la tarea venga acompañada de un nuevo reclamo, que sirva como correa de transmisión en la aventura que exige una renovada república.

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Cusco, deescentralizar, Perú

[El dedo en la llaga] En esta segunda parte, continúo con el análisis de la tesis doctoral de mi hermano Erwin Scheuch, titulada “La crisis de los abusos sexuales de menores en la Iglesia. Una lectura desde la fe a partir de los informes de Estados Unidos, Australia, Alemania y Francia”.

Según Erwin, los abusos sexuales han disminuido porque las medidas tomadas por la Iglesia han sido efectivas:

«Según las estadísticas reveladas en los informes [de Estados Unidos, Australia, Alemania y Francia] que hemos visto, los abusos sexuales contra menores han disminuido notablemente en las últimas décadas, lo cual sugiere que las medidas impuestas en la enseñanza de la teología moral, en los centros de formación de las nuevas generaciones de sacerdotes, en el acompañamiento, tutelando la dignidad de las personas, y en la prevención surgieron efecto”.

Sin embargo, la afirmación de la disminución de abusos sexuales es dudosa, pues habría que suponer que hasta la fecha de corte de los informes ya se habrían hecho todas las denuncias de abuso sexuales referidas a los períodos de estudio, ignorando que podrían haber denuncias en el futuro que se sumen a los abusos ocurridos en fechas posteriores a las décadas de los 60 y 70, que es donde la tesis considera que se efectuaron la mayor cantidad de abusos. Además, no se considera la cifra oscura de las víctimas que por diversos motivos no denuncian. 

Así como la tesis llega aquí a enunciados que no cuentan con sustento científico, lo mismo ocurrirá con otras afirmaciones, como, por ejemplo, la condena de la homosexualidad como un desorden psicológico y su vinculación con los casos de pederastia:

«…contrariamente a los que sostienen que no sería un factor relevante, en nuestra opinión, sí podemos concluir que tanto la homosexualidad, como la bisexualidad e incluso la llamada “confusión sexual” —todas incluyen la homosexualidad— expresan un desorden grave de la madurez sexual, desorden que sí fue determinante en la comisión de los abusos de menores».

Consideremos los abusos contra niñas y jovencitas menores de edad que, si bien fueron menores en número que los abusos contra varones menores de edad, también los hubo. ¿Hay que atribuirlo a la heterosexualidad de los abusadores? Siguiendo la misma lógica, ¿hay que condenar también la heterosexualidad —y, por lo tanto, toda actividad y orientación sexual— como lo hicieron los cátaros en la Edad Media?

Según los autores que han estudiado el fenómeno de la homosexualidad en la Iglesia católica, entre el 30% y 50% de los clérigos serían homosexuales y, por consiguiente, la gran mayoría de ellos no habrían cometido abusos sexuales en perjuicio de menores. Y no por ser homosexuales dejan de ser personas normales capaces de la misma madurez humana que las personas heterosexuales.

Pero es aquí donde Erwin realiza un acto de malabarismo intelectual para intentar demostrar que sólo los clérigos homosexuales que rompen su voto de celibato son realmente homosexuales:

«El sacerdote homosexual es quien mantiene relaciones y actos con personas del mismo sexo. Esta es una noción fundamental que, cuando se relativiza o elimina, sólo trae confusión, como sucede en los ejemplos de sacerdotes que dicen: “soy homosexual, pero soy célibe”. Según la doctrina, en términos estrictos un célibe no comete actos sexuales, y aun cuando puede sentir la atracción a personas del mismo sexo, si no comete actos no es homosexual».

¿Según que doctrina? Parece que según aquella que le sale del forro, pues la doctrina católica no dice eso.

En consecuencia, insistirá en el tema de la homosexualidad cuando intente definir el concepto de pederastia:

«Los informes [de Estados Unidos, Australia, Alemania y Francia], que no toman en cuenta criterios teológicos, sugieren que los abusos podrían haber sido causados por las dificultades que impone en algunos la exigencia del celibato sacerdotal.

Debido a sus características, el término que mejor describe el fenómeno es la pederastia, que consiste en la actividad homosexual con jóvenes varones de cualquier edad con la intención del placer sexual o de afectos desordenados antinaturales, que es también aplicable al caso de jóvenes adultos que son seducidos por sus autoridades o maestros».

Este último párrafo, que parece redactado por Cantinflas, suscita algunas preguntas. Los autores de los informes, que tratan un problema que en el fondo poco o nada tiene que ver con fe o religión sino más bien con la psicología, la sociología y la criminología, ¿deben ser también cristianos creyentes o teólogos para poder abordar el problema, sólo porque los abusadores son clérigos? ¿Y los abusos con niñas o jovencitas menores de edad ya no constituyen pederastia? ¿Y tampoco hay que ser necesariamente menor de edad para poder ser víctima de pederastia?

Siguiendo este mismo estilo, cuando intente explicar las causas de la pederastia clerical, nos dará una explicación que no es otra cosa que una verdad de Perogrullo a la legua:

«Según las estadísticas de los informes revisados los abusos de menores no se explican por las patologías de la sexualidad. Como hemos señalado, la pedofilia pudo haber intervenido en el 10% de los caso, y la efebofilia en el 20%. Siendo así, el 70% de los casos, o más, quedarían sin explicación. […] si las causas no fueron las patologías, ¿qué explica la gran mayoría de los casos? En nuestra opinión los abusos fueron provocados por la fuerza de la concupiscencia, inherente a la condición humana como fruto del pecado. En ese sentido, se trata del viejo y conocido pecado de la lujuria, esto es, “el deseo o el goce desordenado del placer venéreo, separado de las finalidades propias del sexo”».

Como si hubiera descubierto la pólvora, Erwin nos dice que los abusos sexuales se deben a la búsqueda desordenada del placer sexual. ¿No se trata de una afirmación de sentido común, que no requiere de demostración y que todos sabemos antes de cualquier estudio o investigación del tema? ¿O acaso buscaban sexo para causarse sufrimiento y dolor? Lo que nunca explica Erwin es por qué ese desorden llevó a algunos clérigos a abusar sexualmente de menores. Ni siquiera la pretendida Revolución Sexual, que tanto Benedicto XVI como su lamebotas sodálite elevan a la categoría de una crisis de Occidente, explicaría este asunto. Erwin indica que «los elementos señalados que componían la crisis cultural y moral de Occidente provocaron un impacto en la preparación para el sacerdocio, la selección de candidatos, la vida de los clérigos y los religiosos, y la atención a los problemas que luego presentaron». Suponiendo que esos aspectos —no debidamente demostrados— fueran ciertos, explicarían el incumplimiento del voto de celibato por parte de clérigos y religiosos, pero no por qué ese incumplimiento tendría como objeto en algunos casos a menores de edad.

Insistiendo aún más en su perogrullada, Erwin cree encontrar en la falta de dominio personal la razón de los abusos sexuales en la Iglesia católica:

«En el fenómeno de los abusos sexuales de menores se evidencia que el dominio personal de la propia sexualidad jugó un papel determinado. Como hemos analizado con amplitud, con independencia de la inclinación o la atracción sexual, los abusos se producen cuando no hay un control interior de la persona, es decir, un dominio virtuoso que permita manejar racionalmente los impulsos, y no dejarse dominar despóticamente por éstos”.

Con relación a los abusos cometidos por sacerdotes, las estadísticas muestran que allí donde se promovió una libertad sexual sin frenos, y no se cumplía la obligación del celibato, se produjeron más abusos. Particularmente problemáticas fueron las “subculturas homosexuales” que se crearon en las diócesis y en los seminarios, donde varones homosexuales interactuaban sexualmente entre ellos o con gente externa, y que compartían experiencias, comprensiones y significados mutuos».

Todo esto no explica cómo en instituciones tan conservadoras y tradicionalistas como los Legionarios de Cristo y el Sodalicio de Vida Cristiana —supuestamente fieles a la doctrina moral católica— haya habido tantos casos de abusos de menores de edad. Ni tampoco explica los abusos sexuales cometidos por clérigos ocurridos en la arquidiócesis de Boston, entonces gobernada por el arzobispo conservador Bernard Law, donde el escándalo de abusos en la Iglesia obtuvo resonancia internacional, gracias a la labor de investigación periodística del Boston Globe. Tampoco explica los casos de abusos ocurridos, debidamente documentados, que ocurrieron en la arquidiócesis de Múnich cuando su arzobispo era Joseph Ratzinger.

Cuando se trata del abuso de poder como causa de los abusos sexuales contra menores, Erwin no duda en relativizar este motivo, como se puede constatar en el siguiente texto: 

«El abuso de la potestad de gobierno, de oficio o del cargo consiste en todo acto de violación de la ley eclesiástica realizado por quienes posee legítimamente el cargo o el poder. Para la designación de un oficio se debe cumplir los requisitos exigidos por la ley. El delito sólo es imputable cuando el abuso haya ocurrido durante el desempeño del cargo, y puede consistir en el uso perverso de la autoridad, interviniendo más allá de las competencias o de las normas que el derecho otorga, o imponiéndose arbitrariamente en ámbitos que deben estar regidos por la libertad, usando modos deshonestos. Esta potestad se ejerce en el fuero externo, y nunca puede decidir sobre el fuero de la conciencia, por lo cual se limita la libertad de acción. No se trata de abuso cuando se respetan las normas, que en algunos casos pueden ser exigentes, como es el caso en ciertas instituciones religiosas».

Se refiere aquí implícitamente al Sodalicio, donde el respeto a normas “exigentes” no habría constituido abuso, considerado como tal sólo por las víctimas que no habrían podido soportar estar sometidos a esas normas, las cuales además afectarían solamente el fuero externo, quedando la conciencia intacta, pudiendo discernir la víctima en ese momento si se trataba de un abuso o no. Que eso no ocurrió así en la realidad a Erwin le importa un bledo.

También relativiza el concepto de vulnerabilidad, distinguiendo entre una vulnerabilidad radical, «que se encuentra en todo ser humano que se abre al influjo de otro», y una vulnerabilidad especial, «cuando la fragilidad proviene de una condición especial (p.e. una enfermedad, una situación temporal, etc.)», señalando que esta última no se aplica en la mayoría de los casos a abusos en perjuicio de mayores de edad. Y sobre la primera vulnerabilidad señala que «es un dato antropológico, aplicable a todos, más aun cuando en la búsqueda de perfección y comunión la persona se deja influenciar por los demás. La vulnerabilidad permite abrirse al amor, y por ello, también a cualquier abuso. En ese sentido la formación de la conciencia es fundamental para evitar ser afectados por una influencia abusiva».

Dicho de otro modo, como todos somos vulnerables cuando nos abrimos al influjo de otro, la responsabilidad de evitar el abuso recae sobre cada uno de nosotros y no sobre la persona que ejerce el influjo. Se trata de una sutil manera de culpabilizar a la víctima del abuso que pudiera haber sufrido. Señala algo parecido cuando habla del abuso de conciencia: «El abuso también puede darse involuntariamente o puede ser provocado por la propia víctima que busca seguridad y se abandona».

Asimismo cuestiona la constatación hecha por muchos de que el abuso sexual suele darse en una situación de “abuso de poder”, trastocando el significado corriente del término, en un párrafo que, por lo absurdo que resulta, cae en el humorismo involuntario, y que provocarías más de una carcajada, a no ser porque aparentemente el autor de la tesis, dentro de sus limitaciones intelectuales, cree que lo que afirma es verdadero y acertado:

«…los abusos sexuales se han convertido en un vehículo para cuestionar y confrontar el poder, y eso también sucede en la Iglesia. Una consecuencia de esta lógica idealizada es explicar los abusos sexuales meramente como un abuso de poder. Sin embargo, es necesario especificar de cuál poder se trata, que en este caso es el abuso del poder sexual, que sin duda puede también comprometer otras facetas del poder humano».

En otras palabras, el abuso se debería a la potencia sexual de la que goza el abusador. Creo que no hace falta escribir una tesis para llegar a esta conclusión, y es evidente que cuando se habla de “abuso de poder”, nadie se refiere a esto.

Otra cantinflada de esta tesis es su crítica al papel de los medios en la crisis de abuso sexual en la Iglesia católica:

«Finalmente, no podemos olvidar el poder mediático, es decir, el que ejercen los medios de comunicación, y hoy en día también las redes sociales. Mediante este poder se pueden cometer grandes abusos, destruyendo el buen nombre de los implicados en un caso de abuso, ya sea porque se desacredita al acusador, o se condena al acusado injustamente. No sin razón ha sido llamado el cuarto poder, por el cual se juzga a los implicados en la arena pública tomando partido y adelantando opinión mientras se desarrolla un juicio. Si bien la Iglesia, según sus normas, debe mantener la reserva en los procesos canónicos, se ha visto también como los mismos participantes del proceso utilizan a los medios para promover sus causas y presionar a quienes deben ejercer la justicia».

¿Nunca le han dicho a Erwin que la imparcialidad y el evitar adelanto de opinión le corresponden propiamente a un juez? ¿Y que los medios de comunicación no tienen la obligación de ser imparciales, sino solamente de ser objetivos y rigurosos en la información que proporcionan? ¿Y que si se remiten a sus fuentes de manera profesional, no pueden cometer la falta de adelanto de opinión? ¿Y que tampoco se les puede obligar a guardar silencio mientras haya un proceso judicial en curso, lo cual sería flagrante censura? ¿Y que las víctimas de abuso sexual en la Iglesia sólo han logrado obtener justicia cuando sus casos se hicieron públicamente conocidos a través de los medios?

La tesis termina con un alegato de defensa a favor de los acusados de abuso, presentándolos como víctimas de las nuevas estrategias judiciales introducidas por el Papa Francisco para luchar contra el flagelo de la pederastia eclesial:

«…algunos casos vienen siendo procesados mediante procesos extrajudiciales, los cuales ofrecen menos garantías de defensa para el acusado que en un juicio. El recurso al proceso extrajudicial es razonable en situaciones muy evidentes que no ameritan dilatar el proceso, pero es también una ocasión en la que el Ordinario puede cometer un abuso sin brindar todas las garantías para una defensa adecuada. A eso hay que añadir un asunto particularmente complejo y no resuelto: un juez puede imponer el silencio a las partes en algunas cusas, cuando al mismo tiempo se considera que el el acusador no puede ser silenciado, como establece Vos Estis Lux Mundi. Ello deja al acusado en una posición desventajosa respecto del acusador.

Finalmente, un acto de justicia es reparar el daño cometido. Se ha incorporado en el Nuevo Libro Penal el deber de reparación de las víctimas de abuso. Pero nada se dice respecto al deber de reparar el daño que se comete a los indagados, muchas veces lesionados por las acciones de los acusadores o de las autoridades. Varias acusaciones ventiladas en la prensa, que luego fueron probadas falsas, han dañado profundamente a sacerdotes o religiosos acusados. La autoridad tiene el deber de restituir el buen nombre del acusado, más aún si éste ha sido afectado por acciones de la autoridad. Ello, que debería ser una acción regulada por la ley, sólo es posible si la persona dañada exige esa reparación mediante una demanda judicial».

Después de todo lo señalado, es indudable que esta tesis doctoral elaborada por un cortesano del Sodalicio caído en desgracia pretende proporcionar elementos y herramientas para favorecer a los abusadores, sobre todo a aquellos pertenecientes a esa suprimida sociedad de vida apostólica, que aún buscan mantener en pie la impunidad de que gozaron durante décadas.

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Abusos, benedicto xvi, Iglesia católica, revolución sexual, sodalicio de vida cristiana

Por: Rik Ahrdo

Para aspirar a la presidencia del Perú se requiere más que títulos o fortuna: se necesita un ego descomunal. Considerarse predestinado a dirigir una nación donde la envidia es deporte nacional y las instituciones están infiltradas por la corrupción, la mediocridad y el progresismo caviar, no es empresa fácil. El simple hecho de lanzarse al ruedo ya merece reconocimiento… pero de carácter psiquiátrico.

En este escenario de aspirantes mesiánicos, emerge Rafael López Aliaga, un hombre de Dios,  más conocido como “Porky”. Un personaje de apariencia afable y cariñosa, pero con temperamento de rottweiler enjaulado. Actual alcalde de Lima y, según sus propias declaraciones, futuro presidente de la República. ¡Ajá!

Don Rafael ha convertido la confrontación en su ejercicio matinal. Se enfrenta diariamente a periodistas, medios, empresarios, transportistas, autoridades y, si el tiempo lo permite, hasta a su propio reflejo. Los analistas más perspicaces atribuyen su excedente energético a la soltería —sin cónyuge, hijos ni suegra con quien contrastar opiniones— lo que lo impulsa a salir a las calles dispuesto a repartir golpes dialécticos al primer proyecto de adversario que le respire cerca.

Su entorno, además, no genera confianza alguna: el elenco de funcionarios que lo rodea resulta inquietante. Si entre los actuales alcaldes distritales y asesores de Renovación Popular se encuentra la cantera de futuros congresistas o ministros, el panorama se torna de sombrío a casi desolador.

Mientras su socio celestial, el Creador, diseñó el universo en seis días, a Porky ya se le fueron tres años vendiéndonos una utopía virtual. Obras grandiosas que solo existen en videos de Instagram o notas en TikToks con efectos especiales. En la realidad tangible: muy poco.

Y aunque él asegura mantener línea directa con lo divino, me parece que ha pecado incurriendo en una grave falta al octavo mandamiento: Y es que Lima no es hoy, ni por asomo,  una “potencia mundial”… ni vislumbra serlo si continuamos por este camino.

Y el pecado se agrava con una estrategia de popularidad digital sustentada en trolls —especialistas en desinformar— y distrayendo la atención de los incautos con un simpático morenito saltando por la metrópoli, que no construye liderazgo, menos soluciona el tráfico caótico o la creciente inseguridad ciudadana… por mencionar lo apremiante.

Querido Porky: El dinero puede sostener una campaña de apariencias e ilusiones por un tiempo, pero no podrá ocultar la ausencia de obras tangibles por mucho tiempo más. Más temprano que tarde, la verdad saldrá a la luz.

Ante tal escenario, estimado amigo: si verdaderamente anhelas la presidencia, convendría que reconsideres tu enfoque de bulldozer y ajustes tus ofertas a la realidad. Porque, en las actuales condiciones, ni la Providencia ni este servidor votaremos por ti —ni en la primera vuelta.

Un apunte final: hoy, tanto Rafael como el “Payaso Talentoso” encabezan los supuestos sondeos. Sin embargo, la experiencia política peruana es contundente: quien lidera las encuestas con un año de anticipación, suele terminar observando la ceremonia de juramentación desde la tribuna. Y no olvidemos a los ausentes con mayor organización: Antauro y Cerrón. Sus planteamientos son deplorables, sin duda… pero al menos constituyen propuestas concretas. Proponer matar a los corruptos es inviable, ciertamente, pero resulta más transparente que anunciar milagros sin materializar obras.

¡Hasta la próxima!

[La Tana Zurda]  En el marco del III Encuentro Internacional Vallejiano “Espergesia 2025”, organizado por la Universidad César Vallejo en su campus de Trujillo el pasado 14 de abril, el Dr. Luis Abanto Rojas, un destacado docente e investigador peruano radicado en Canadá, presentó una ponencia (difundida paralelamente por redes sociales) que ha generado gran interés en el ámbito académico y cultural. Abanto Rojas, actual director del Departamento de Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidad de Ottawa, destaca por su impulso a las humanidades digitales y su apuesta por renovar los enfoques pedagógicos en la educación universitaria. En su conferencia titulada “César Vallejo: humanidades digitales y nuevos modelos de construcción del conocimiento en la educación superior” propuso un enfoque innovador para revitalizar la enseñanza de la obra del autor de Hacia el reino de los Sciris, integrando herramientas digitales y un modelo participativo que busca empoderar a los estudiantes como creadores de conocimiento. Su propuesta, que combina tecnología y pedagogía crítica, resulta especialmente pertinente para repensar el legado de Vallejo en el siglo XXI.

Abanto Rojas comenzó su exposición revisando la presencia del poeta peruano en los programas universitarios de Canadá y Estados Unidos antes de la era digital. Según el académico, la obra del autor de Los heraldos negros ha sido incorporada en antologías y manuales ampliamente utilizados en cursos de pregrado, como Literatura de la América hispánica: antología e historia (1971) de Frederick Sparks Stimson y Voces de Hispanoamérica (1988) de Raquel Chang-Rodríguez y Malva E. Filer. Sin embargo, el profesor señaló que estas selecciones, que incluyen poemas emblemáticos como los de Trilce o “Piedra negra sobre una piedra blanca”, reflejan un proceso de canonización mediado por la industria editorial y las universidades norteamericanas, que a menudo priorizan perspectivas eurocéntricas e históricas, dejando de lado enfoques más críticos y descolonizadores.

El Dr. Abanto Rojas destacó cómo las editoriales comerciales, como Harper & Row, Wiley y Cengage, han jugado un rol crucial en la estandarización de contenidos literarios. Estas empresas no solo han definido qué poemas de Vallejo se estudian, sino que también han funcionalizado su obra, utilizándola como herramienta para enseñar gramática o vocabulario en manuales de español como lengua extranjera, en lugar de profundizar en su potencial crítico y transformador. “Lo que me ha llamado la atención en mis años de docencia es que un currículo universitario sea dictado por una industria externa a la academia”, afirmó el profesor, subrayando cómo estas antologías refuerzan jerarquías estéticas y políticas que marginan voces indígenas, afrodescendientes o disidentes.

La pandemia de 2020, según Abanto Rojas, evidenció las limitaciones de esta dependencia editorial. La imposibilidad de acceder a libros físicos y la transición al entorno virtual obligaron a los docentes a replantear sus prácticas pedagógicas. Fue entonces cuando el académico comenzó a cuestionar la autoridad de los manuales: “¿Por qué les concedemos legitimidad para estructurar un plan curricular?”, se preguntó. Este momento de crisis llevó a Abanto Rojas y a otros docentes a transformar su rol, pasando de ser transmisores de conocimiento a convertirse en curadores e investigadores pedagógicos que generan materiales propios y situados, utilizando recursos digitales abiertos.

La propuesta más innovadora de Abanto Rojas radica en el uso de las humanidades digitales para revitalizar el estudio de Vallejo. Inspirado por el concepto de “cultura participativa” del estudioso estadounidense Henry Jenkins, el académico peruano aboga por un modelo educativo donde los estudiantes no solo consuman conocimiento, sino que lo produzcan y lo compartan. En lugar de exámenes finales tradicionales, que fomentan la memorización a corto plazo, propone que los estudiantes participen en proyectos colectivos con impacto real, como la creación de un archivo digital de la obra de Vallejo en plataformas como Omeka. Este enfoque, que redefine el aula como un “laboratorio cívico”, busca empoderar a los estudiantes como agentes activos de interpretación y difusión cultural, promoviendo una pedagogía crítica y socialmente comprometida.

Durante su conferencia, Abanto Rojas también compartió cómo implementó estos cambios en su propia práctica docente. Entre las estrategias adoptadas están la desvinculación del manual único, el uso de herramientas tecnológicas como H5P y Google Docs, y la creación de comunidades de práctica donde los estudiantes colaboran en proyectos significativos. Este viraje metodológico, enfatizó, no busca eliminar los libros de texto, sino descentralizarlos como la única fuente de conocimiento, abriendo espacio a una enseñanza más inclusiva y participativa.

El académico concluyó su ponencia con un llamado a una “curaduría crítica y digital” que democratice el acceso al conocimiento y cuestione los criterios tradicionales de legitimación cultural. “Enseñar a Vallejo no significa simplemente transmitir un conjunto de poemas consagrados, sino activar su obra como espacio de memoria, interrogación del presente y formación de una ciudadanía crítica”, afirmó. Su visión resuena con el espíritu del evento “Espergesia 2025”, que no solo homenajeó al poeta, sino que también sirvió como un espacio de reflexión sobre cómo su legado puede seguir inspirando a las nuevas generaciones.

La propuesta de Abanto Rojas resulta particularmente pertinente en un momento en que las humanidades enfrentan retos frente a la digitalización y la globalización. Al integrar a los estudiantes en la construcción colectiva del conocimiento, su enfoque no solo preserva la memoria cultural de Vallejo, sino que también la proyecta hacia un futuro donde la educación se entrelace con el compromiso social. Como señaló el profesor, este no es solo un proyecto académico, sino “una apuesta ética” por transformar la universidad, la literatura y la sociedad misma. En el marco de “Espergesia 2025”, su ponencia dejó una huella clara: el legado de César Vallejo sigue vivo, y su potencial transformador está más vigente que nunca.

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César Vallejo, enfoque descolonizador, Luis Abanto, memoria cultural

[La columna deca(n)dente] En el glorioso arte peruanísimo de reinventar la política, nuestros partidos han logrado una hazaña digna de estudio: simular la existencia de militantes a punta de firmas falsas. Antes, en épocas menos creativas, bastaba con reunir firmas de adherentes —simpatizantes ocasionales, amigos de los amigos y familiares—. Pero los tiempos cambian, y ahora la ley exige algo más serio: afiliados, es decir, verdaderos militantes comprometidos. Un detalle menor que, como era de esperarse, ha sido resuelto de la manera más pragmática: falsificando las firmas.

Esta evolución nos demuestra que el ingenio político no tiene límites. Falsificar, falsificar: esa es la consigna general de aquellos que pretenden renovar la política nacional. Así nacen partidos enteros sin necesidad de lidiar con la molestia de tener militantes de carne y hueso.

Este fenómeno es un ejemplo fascinante de institucionalización fraudulenta: partidos que, en lugar de representar intereses sociales reales, representan el talento para el simulacro. No son organizaciones políticas; son productoras de ficción. Y lo más asombroso es que, una vez obtenida la inscripción, estos mismos partidos, expertos en falsificar su propia existencia, pretenden gestionar la cosa pública.

Toda esta farsa no sería posible sin la complacencia o la ceguera de los órganos electorales. Uno podría pensar que un sistema diseñado para filtrar a los impostores haría su trabajo. Pero la realidad es más entretenida: se convierte en una gran ceremonia de aprobación tácita, donde las irregularidades se apilan sin consecuencias. Lo importante parece ser que el formulario esté completo. ¡Salvo el formulario completo, todo es ilusión!

Mientras tanto, los ciudadanos y las ciudadanas asisten, cada vez más desencantados, a la degradación del sistema. Descubren que los partidos ya no son cauces de participación ni escuelas de ciudadanía, sino coartadas legales para la captura del poder. Y frente a tanto cinismo organizado, no es de extrañar que muchos prefieran la abstención, la indiferencia o el rechazo abierto.

Quizá el próximo paso evolutivo sea aún más audaz: partidos compuestos enteramente por inteligencias artificiales, sin necesidad de molestos afiliados humanos que puedan pensar o reclamar. Así, la simulación será perfecta, el trámite impecable y la política, definitivamente, un espectáculo de hologramas y avatares.

Por ahora, celebremos a nuestros partidos de papel, nuestros militantes fantasmas y nuestra democracia de utilería. Son, después de todo, la más fiel expresión de nuestra creatividad política: una creatividad que, cuando no encuentra ciudadanía real, la inventa… falsificando la firma.

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Democracia, falsificación, Fraude, Partidos políticos
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